Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche los atardeceres, los arrabales, algunos espejos de azogue interior, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor, acaso de lo mío que encuentro en mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



sábado, 8 de agosto de 2026

"𝐑𝐎𝐍𝐃𝐀 𝐌𝐀𝐒 𝐂𝐄𝐑𝐂𝐀"

"Ya viene el (autobús) urbano..." "Sí, del Hospital, Arenal, Planilla y, rápido, encarada Ruedo Alameda, enfilar el Convento." "Parece que esta vez, a la vuelta, vamos a tener suerte... No va muy lleno." 


10:30 horas. Miércoles 5 de agosto, como cualquier mañana en la parada del bus, un decir conforme a la desvaída señalización, la del Barrio San Francisco, una junto a la alameda o plaza en obras o aquellos arreglos estéticos que la convertirán en otra. Al tiempo. Calor, mucha calor. Sombras, pocas. Espera, extensa. Paciencia, infinita.


"Podríamos, mientras llega el urbano, jugarnos las plazas al "Pito pito gorgorito/ ¿Dónde vas tú tan bonito?/ A la era verdadera/ Pim pam pum ¡fuera!..." "O al "pares y nones"..." "No me acuerdo del juego, del otro seguía más o menos así: "En la casa de Pinocho/ Todos cuentan hasta ocho/ Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho/ Ta-te-ti/ Suerte para mí/ Si no fuera para mí/ Será para ti..." "O al que saque la pajita más larga... Será por ramitas en el suelo con estas podas criminales." "Nada de jueguecitos, que yo llevo aquí esperando desde antes de las 10, así que..." "Pero estarás conmigo que según los huecos más que plazas, o en el mejor de los casos los centímetros de pasillo donde acomodarnos o más bien apretujarnos de pie, lo ocupen los más mayores y los que tienen que ir al médico, ¿no?" "Ya veremos. Porque ayer nos quedamos todos en tierra." Cruzan los dedos.


Los vecinos que aguardan como agua de mayo al autobús urbano, el número 2, único, testimonial, uno, y cuando antes, además de este, podía abordarse el 3 y a una llamada lanzadera, una veintena de personas, pocos jóvenes y mayoría de jubilados, unos en la presumible parada y otros que no salen en la fotografía, resguardados en las cada vez menos opciones de sombra bajo los árboles por una salvaje y desquiciada tala o por un holocausto anormal de podas, ¡en verano!, comentan o mascullan sus cuitas y urgencias, sus problemas sobrevenidos, mayores, si no logran o no se les deja coger el autobús como sucede a diario y en estos márgenes horarios.


"Ahí llega..."


Una furgoneta blanca con infulas de minibús o autobús, con demasiados posibles y escaso rudimento, aparece rápida por calle Torrejones y encara Ruedo Alameda. Los primeros y resignados usuarios observan al conductor del autocar, serio, duro, glacial, de "prota" malo de un "spaghetti western", quien efectúa un gesto imprudente con una mano y el que bien podía significar que el autobús va lleno, completo, "full", lo cual corroboraría una masa oscura de anatomías humanas que satura el interior, o un cínico ademán y expresivo de un: "¡Qué os jodan!" Probablemente se trate de la primera posibilidad, porque alguien comenta después, cuando todo se fue de manos y la indignación requería un desahogo, de no ser la primera vez en que el inocente conductor, ni él ni ningún otro profesional tienen culpa de la nefasta gestión, o de su nulidad, por parte de los que están para garantizar el bienestar ciudadano, este y sin duda alguna otros chóferes han tenido que sortear, cubrirse y recibir insultos variopintos de los usuarios hacia ellos y hacia sus allegados, vivos y muertos e imaginados. Tanto que al terminar el craso gesto, la mano conductora comienza a girar el volante del vehículo, dejando atrás la parada, sin detención o mismamente parada, para a la izquierda tomar la rotonda frente a las Murallas y subir "a Ronda", como aquí se estila en los más longevos, a enfilar el centro.


"¡Otra vez!" "¡Qué poca vergüenza!" (omito términos, insultos, agudas exclamaciones y palabras más groseras, que las hubo, y demasiadas, aquel desahogo...) "¡Vamos todos a quejarnos a la alcaldesa!" "¿Más?... Si no hacen, no nos hacen caso... Ellos con vamos a hacer, con persistir en muchísimo, de si juramos y prometemos y nos comprometemos a..., vamos a..., para nada, a ¡NADA!" "¡Nos engañan y nos conformamos!" "¡Hay que seguir denunciando. Que no somos bestias!" "¡Protestar!" "¡Qué diga algo la Asociación, la Hermandad, el director del Colegio, el párroco, la madre superiora que tiene hilo directo no con dios, con el botón rojo de alcaldía, la de Unicaja, el Perdigón..., que por menos armábamos una manifestación!" "No tengo inspiración en estos instantes ni para un haiku, un soneto ni les cuento", se lamenta la buena de Antonia Toscano. "¡Otra vez nos dejan tirados, y esto no lo solventa ni el PiPi en sus grandes faenas o buenos tiempos!" "¡Basta ya!"


En esto, yo que venía de la Farmacia, tropiezo o me encuentro, sin omeprazol a mano, con el "empalagoso y repetitivo pastel", con su ridículo y grave asunto de un servicio o de lo que sea de agresivo o tomadura de pelo al personal, de esa problemática del o con el autobús urbano, de lo que tenía conocimiento y en esos instantes testificación y bochorno ("¡Ronda más cerca!" ¡Ja!). Llego a la parada o lo que fuese, y uno de mis vecinos, presente y entonces bastante afectado, me espeta con inadecuada manera y a la que no excusa la vecindad ni confianza, con que ya podría yo escribir denunciando el tema y no dedicarme a publicar otras tonterías políticas y lejanas. Me arrepentí al momento, pero no impidió que antes le arrojase aquello de: "Empieza tú por criticar y reclamar a "MariPPá", al fin y al cabo con mucho empeño y salivación la votaste." "¡Disfruten lo votado!", añadió otro quizá con cuentas pendientes o con cabreo mayor. Enfrentamiento, enrarecido ambiente, malos humos o sudoración, entre víctimas y no responsables del asunto e ineptitud de los que nos (des) gobiernan; hasta que otro, sí otro, vecino y..., más que militante del PP, acólito de una acaso hermandad sacramental de MariPPá en sus misterios gloriosos o eran golosos, quien abandonó su escucha y reserva, más bien vigilancia desde una esquina de la alameda, la de Almocábar o de 'Juaquina', y arrojó, a pesar de su tartamudez, alto y claro: "la culpa es de Sánchez", le faltó corearlo con ese salvaje "¡Pedro Sánchez, hijo de p...!" Solo entonces la gente olvidó un momento su indignación, y rompió a reír. Reímos. Para después reconducir, precisamente, la seriedad del tema o el drama. Con cada vecino exponiendo, maldiciendo y voceando sus problemas: citas médicas, trabajo, compras... "¿Y si compartimos un taxi los que vamos al hospital?" "Los taxis, si no somos guiris, ni atienden a la llamada..." "A ver si algún alma caritativa nos lleva en su coche." "¿A todos?" "A andar se ha dicho..." "... con esta calor, con mis piernas, la tensión..., que ya no soy el que era..." "O esperar otra hora y a ver si hay suerte." Problemas. Desesperación. Enfado. Coraje por una dignidad por los suelos. Impotencia. El autobús ni se detuvo, ni se les dio una explicación, la misma e increíble explicación...


Y ahora escribo. O lo intento. Días después, lo siento, y porque también estoy harto de que me acusen de servir, incluso hay alguno y generoso que lleva a más su incriminación de influir o de que yo influyo en otro partido político y en la oposición, ¡qué hartazgo, de mentiras y mediocres a uno y otro lado! Intento, pues, relatar y concienciar de la catástrofe o accidente del servicio de autobús urbano en mi casa, en mi Barrio. Mi opinión, personal, única, propia. Un relato real de algo impensable, increíble, inaceptable, tan absurdo como para que suceda hoy en día, desafortunadamente también mañana; suscitado o dejado ir por una clase o ralea política, la que encima nos gobierna o despliega, como un pavo real su llamativa cola, un buen simulacro, vez tras vez, con toda la pompa y efectismo consecuentes, una y otra y otra vez y otra... para exponer o exhibir que Ronda, con ellos, solo con ellos, contará con un servicio de autobús urbano modélico, exigido y obligado en aras de proteger y ordenar el entorno histórico, en reducir el tránsito rodado, velar por la movilidad peatonal..., etc., etc., etc., ... bla, bla, bla...; pero del dicho al hecho... ¡Ay! Porque no solo en esta cuestión el (des) gobierno de Duquesa Parcent incumple sus promesas, excesivas, todas, sino que el servicio aun es peor, desastroso, insufrible, tercermundista, ridículo. Olvidan o no quieren reconocer, por escasa imaginación y voluntad, por hacer tan difícil lo fácil o sencillo, que la comunicación, o esto del autobús urbano, es un servicio, no un negocio; un uso o instrumento cívico, ciudadano, indispensable, y si tiene que ser deficitario, pues que lo sea, que ya se compensará reduciendo o eliminando otros gastos superfluos o innecesarios, que los hay y muchos, más con la Feria y el circo de la Goyesca a la vuelta de la esquina. No puede permitirse, permitir día tras día que tantos vecinos, con sus exigencias y obligaciones, se les coarte, se les impida su derecho y garantía a una comunicación por su ciudad adecuada, funcional y respetuosa. ¡No hay derecho! 



lunes, 3 de agosto de 2026

¡Felicidades, Angus!

 Hoy cumplo años, o cumplo un año más en esto de existir y ya de vivir intentaré o lo dejaré para más adelante. A esta diferencia, frontera, margen entre si de años o del año transcurrido se trate, unos u otro sedimentados en alforjas o fardos casi atestados de vacíos y experiencias, derramados más allá del meridiano del centenario, abandoné hace tiempo, precisamente años, su intríngulis, paradoja, incertidumbre o prurito, cuando en serio quise, busqué (y aún busco) a aquel que una vez fui y verdadero; porque, como acabo de leer a Gueorgui Gospodinov, para la vejez no se aprende o incluso ni ella misma enseña, y con la vida o vivir sucede de igual manera. Cumplimos años para desaprender; para con ello lograr, intentar, sea por un rato o en lo que se tarda en apagar las velas de una tarta, si la hay, o brindar con algo 'espirituoso', si apetece, o con solo un guiño, un gesto al aire, al cielo, al ayer, rozar al menos ese estado adámico, de desnudez original, o el de aquel niño trasmutando ilusiones en presente y juegos.


Prefiero sentarme ahí unos instantes, más dispuesto a detenerme en este caluroso lunes 3 de agosto, en el inicio o a los pies o al socaire de mi atalaya, sí, otra vez, sin dilucidar cuántos escalones de una parte a esta otra, del fin o nuevo movimiento de traslación o vuelta al sol, he subido; o cuántas veces me he parado y reflexionado en uno o en algunos; cuántas veces he muerto en estos y por aquello del "para vivir un año es necesario morirse muchas veces mucho", de Ángel González, al igual él insistía y "Yo comprendo: he vivido un año más, y eso es muy duro. ¡Mover el corazón todos los días casi cien veces por minuto!". 


En mi atalaya, escribo, sigo, porque es mía, única, exclusiva e intransferible, mi vida, mi relato, mi rutina y fantasía, propia, y no de otra u otras historias o persistencias, familiares actualmente y por ello decepcionantes y muy lastimosas, donde creen y se vanaglorian que todo orbita elípticamente alrededor de su ombligo, en absoluto transgresor, como centro del centro del universo. Historias aunque cercanas, identitarias, me quedan ya lejos, pues no he hecho más que facilitar o favorecer a su empeño y desatención, a no desaparecer en su hiriente indiferencia, a una crueldad disfrazada de franqueza, poniendo tierra de por medio, salirme en sus afueras sin derrapes innecesarios y vistosos, con decepción, sí, y dolor... 


En fin, escribía, prosigo, de encontrarme aquí un año más, en mi atalaya, sonriente, que no es poco o mucho de lo que espero y agradezco, en esa "buena edad" de la que reivindicaba el afable Benedetti, "para cambiar estatutos y horóscopos". Si bien, mirando o mirado atrás o a este año concluido o superado, a Dios gracias, poco cambio anhelo y sin que contribuya demasiado a más pérdidas imprevistas, sobresaltos o algún que otro sueño frustrado o quemado por otras conquistas cómodas o perezosas. Hoy aguardo con tranquilidad, deseo en el ascenso por mi atalaya, en un camino más o menos morigerado, más o menos afanoso, más o menos confiado o llevado por una inercia pulsante y no arbitraria, más o menos flexible..., continuar con el impulso, ritmo, vibración, actitud, aptitud y la voluntad ambicionada, marcada y decidida por una senda..., a ver..., llamémosle franciscana, a la inspirada y condicionada en el arduo y venturoso binomio de PAZ y BIEN. Y es que cada vez me molesta más, me desequilibra más el ruido, la mentira, el odio y el enfrentamiento por hueros fundamentos, la estupidez y más la estupidez de los estúpidos que se creen sabios o mejores a otros y diferentes... 


PAZ Y BIEN, quiero, me impongo, entre sonrisas que ojalá jamás me abandonen y coloreen mi ánimo y nostalgia. AMOR, atreverse a querer y a ser querido, como único instrumento y motor para transitar por ese ideal franciscano del "pax et bonum", paz y todo bien. Un camino para recorrer el mundo y sin salir de adentro, de mi corazón, y así subir escalón a escalón como me dé la gana o en confianza adonde los días me lleven, por mi atalaya, en cada momento y privilegio de exaltación de la Belleza, en mi ahora vivir y no existir. Pido. Quiero.


"Ya hoy no cumplo años", o no he cumplido un año más, qué más da... "Perduro. Se me suman días. Seré viejo cuando lo sea. Y nada más"; en esto alcanzamos un unánime consenso mis yoes y yo, junto con aquel otro Álvaro de Campos o heterónimo de Fernando Pessoa. Hoy no cumplo años, rubrico la PAZ y el BIEN... Todo lo demás, y bueno, personas y sueños, será dado por añadidura.



¡Felicidades, Angus!


domingo, 14 de junio de 2026

Tiempo

 "Quería capturar el tiempo, no el de los relojes, sino el que fluye a través de nosotros, el tiempo vivido, sentido, olvidado." (Annie Ernaux)



Y más cuando se entra en edades donde, sea de refilón, al sesgo, de modo esquivo, fugaz, sin querer queriendo o como el no quiere la cosa, tangencial, y, sin que se note, muy receloso, miramos a la cara redonda de ese reloj, el nuestro, como si nos viéramos en un espejo, donde sus manecillas, larga y corta, ya al unísono, retroceden, van para atrás, acaso recorriendo el mismo tiempo... "vivido, sentido, olvidado"; ... aunque con otras urgencias, detenciones y horizontes comprensivos. El tiempo y la Vida.