Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



domingo, 3 de abril de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Tiempos románticos" de Vladimir Nabokov

“¿Pero qué podía importar entonces de dónde provenía el suave impulso que incita el alma al movimiento y la echa a andar, condenándola a no detenerse nunca?”



Confieso una impresión personal que quizás pueda entenderse de frívola o absurda y ajena a esta o a cualquier reseña medianamente ilustrativa sobre este libro, “Tiempos románticos” (Lumen, 1974), o de uno de los autores más preciosistas de todos los tiempos, Vladimir Nabokov. Según ésta, mi sensación, me imagino al autor como un genio con una memoria fotográfica portentosa, con una imaginación detallista y rigurosa, o de alguien que se acompañaba las 24 horas del día y todos los días del año con un cuaderno y un lápiz, incluso con una grabadora, anotando o registrando cuanto observaba con lucida prosa o erudición, y para ser luego usado como apuntes en sus novelas, en su creación literaria. De esta manera, o por alguna de ellas, podría explicarme su enorme capacidad descriptiva, puntillosa, recogiendo el mínimo detalle, sensación, color o sabor. “Tiempos románticos”, al igual que otras novelas de Nabokov, marca este peculiar estilo pleno de matices, de descripciones prodigiosas y pródigas en detalles. De acuerdo que esta prolijidad disimula una trama bastante endeble, una historia de pobre desarrollo, el amor no correspondido del joven Martin Edelweiss y su indefinido idealismo absoluto, muy similar, dicho sea de paso, a la propia biografía del escritor. Asimismo, en “Tiempos románticos” se entrevé el modo del autor de escribir, tan peculiar, sin un objetivo definido, con el único propósito de garabatear en el papel lo que solo en esos precisos momentos de creación pasaba por su mente o tripas. Sea como sea, no en vano estoy hablando de una de las figuras de la literatura universal, es un deleite sumergirse en la lectura de Nabokov, con la grandeza de transportarnos a contextos, a escenas, que las paladeamos como si estuviéramos allí.

De “Tiempos románticos” se reseña que es una “novela del héroe romántico de la desilusión, este bellísimo relato es, a la vez, la historia de la frustración de un gran amor y el drama de la imposibilidad de ser amado. Basado en el eterno desajuste de sentimientos de la pasión no correspondida, su conflicto central plantea un problema de doble filo. Por una parte, la renuncia a la felicidad de un hombre dispuesto a aceptar una existencia sin amor, pero incapaz de vivir sin ideales. Por otra, el callado heroísmo de un idealista puro que, al descubrir que ha malgastado su vida en una pasión inútil, busca en el riesgo y el sacrificio la realización de su propio destino”

“dedicó cada hora de lluvia a leer, y pronto se familiarizó con aquel olor especial, el olor a bibliotecas de prisión, que emanaba de la literatura soviética”

Un magnífico clásico de un clásico de la literatura universal. Recomendable.


“Martin volvió a experimentar una sensación que había percibido más de una vez en su niñez: una incontenible intensificación de todos sus sentidos, un impulso arrebatador y mágico, la presencia de algo, sólo por lo cual valía la pena vivir”

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