Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



jueves, 20 de octubre de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Un monstruo viene a verme" de Patrick Ness

“-¿Qué quieres de mí?
-No es lo que yo quiera de ti, Conor O´Malley. –El monstruo pegó la cara a la ventana-. Es lo que tú quieres de mí.
-Yo no quiero nada de ti –replicó Conor.
-Todavía no –dijo el monstruo-. Pero ya lo querrás”



(Importante: Procuraré que esta reseña no contenga spoilers)

Cerca estoy de sucumbir y disfrutar, como ya lo han hecho miles de espectadores, del último metraje de Juan Antonio Bayona tras “El orfanato” y “Lo imposible”, un prodigio técnico y encantador aseguran, también de lágrima fácil; si bien antes, mientras exista un libro en el cual se base esta u otra película, fiel a mí mismo o a mi manera de dejarme llevar por este aspecto, leeré la historia en primer lugar y luego, si tercia, en este caso seguro, visionaré la versión cinematográfica. Y es esto lo que acabo de hacer, leer “Un monstruo viene a verme” (Nube de Tinta, 2016) de Patrick Ness, y partiendo de una idea original de Siobhan Dowd, flamante y galardonada autora de novelas juveniles, quien falleció en 2007 dejando inacabado este proyecto con sus personajes, guión y hasta el comienzo, para Ness culminarlo con un relato maravilloso. Un relato del que podemos hacernos una idea de su magia en lo dicho por la crítica y esbozado en la contra portada del libro: “Excepcional... He aquí cómo debería ser siempre la narrativa: desgarradora, lírica y trascendente… Valiente y hermoso, lleno de compasión, Un monstruo viene a verme funde lo doloroso y lo intuitivo, lo simple y lo profundo. El resultado tiembla de vida” … Pero, sobre todo, con las sensaciones, con las emociones que deja en nosotros.

“No penséis que no habéis vivido lo bastante como para no tener una historia que contar”

“Merecedora de numerosos premios y distinciones, Un monstruo viene a verme es la novela más aclamada de Patrick Ness. Una historia emocionante y extraordinaria sobre un niño, su madre enferma y el monstruo que viene a visitarle.
Siete minutos después de la medianoche, Conor despierta y se encuentra un monstruo en la ventana. Pero no es el monstruo que él esperaba, el de la pesadilla que tiene casi todas las noches desde que su madre empezó el arduo e incansable tratamiento. No, este monstruo es algo diferente, antiguo... Y quiere lo más peligroso de todo: la verdad.
Maliciosa, divertida y conmovedora, Un monstruo viene a verme nos habla de nuestra dificultad para aceptar la pérdida y de los lazos frágiles pero extraordinariamente poderosos que nos unen a la vida.”

“Conor ya no era invisible. Ahora todos lo veían. Pero estaba más lejos…”

Aunque pareciera, no es una historia juvenil, o solo para jóvenes; ni una historia de terror o de cuento de hadas; ni exclusivamente fantástica. Quizás lo sea todo y más, una perfecta mezcolanza de fantasía y realidad, de dolor y esperanza, hilvanada de manera magistral por Patrick Ness, haciéndola profunda, ágil, sentida, sencilla y sentimental, muy sutil, con la simplicidad de una complejidad abrumadora; y es que no está al alcance de muchos, o justamente en el de unos pocos, para en tan solo 200 páginas tratar, con solvencia, de temas complicados como el miedo a la muerte, la madurez ante la enfermedad, etc, permitiendo a su vez que sea el lector quien experimente y desarrolle lo apenas insinuado por el autor. Espléndido.

“-Tu vida no la escribes con palabras –dijo el monstruo-. La escribes con acciones. Lo que piensas no es importante. Lo único importante es lo que haces.”

Maravilla narrativa que modela Ness a través de sus personajes, muy pocos, y entre los que emergen como únicos a dos: el niño Conor, cargado de una madurez insólita y de no ser por las desdichadas circunstancias que lo hacen ser así, un hombrecito distante, receloso, apocado…, no hay nada comparable a la pérdida humana o el desasosiego de la espera; y el monstruo arbóreo, o el tejo animado de una fábula mágica que no tiene por qué tener un final feliz para resultar brillante.
Monstruo, o arquetipo mítico, desde el que se agradece la voluntad del autor de romper con la ambigüedad del relato imaginario, del maniqueísmo entre hadas-buenas y brujas-malas, para ganar, si la buscamos, la confianza de encontrar, por caso, una luz hasta en la más impenetrable oscuridad. “No siempre hay un bueno. Ni siquiera un malo. Casi todo el mundo está en algún punto intermedio”. Una curiosidad, y poco más diré, como si se tratase de un remedo de psicoanálisis al admitir que aquella, la oscuridad, no es que esté ahí fuera, sino en el interior de todos nosotros. No hay peor demonio que el que uno mismo crea.

“Tienes peores cosas que temer”

He sentido mucho con “Un monstruo viene a verme”, porque este me ha hecho evocar y resucitar recuerdos propios con toda su carga inolvidable de conmociones. La enfermedad de los seres más queridos. La muerte. El egoísmo o ignorancia con la que nos envolvemos para evitar el desgarro, el dolor, la verdad. La exigencia de sobreponer la acción al consuelo. De no tratar de engañarnos por ahorrarnos un duro lance, de lo que es irremisible. De enfrentar los problemas como única posibilidad de avanzar, para seguir viviendo. Iniciar un nuevo paso conlleva en ocasiones asumir y perdonar los pasos erróneos de atrás.

“A veces la gente, necesita mentirse a sí misma más que ninguna cosa”

Un libro fascinante, sobrecogedor, que a todos emocionará, con el que todos disfrutarán por su habilidad de hacer sonreír y llorar y arrancar intensas impresiones. Narración que llega dentro y hace despertar algo extraordinario. Interesante. Conmovedora. Honesta.


“-Hijo –dijo su padre inclinándose hacia delante-. Las historias no tienen siempre un final feliz.Eso lo desconcertó. Porque era verdad, no siempre acababan bien. El monstruo se lo había enseñado. Las historias eran criaturas salvajes, muy salvajes, y salían disparadas en la dirección que menos esperabas.”

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