Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



jueves, 22 de diciembre de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "El asesinato de Sócrates" de Marcos Chicot

“El primer conocimiento que hay que alumbrar, no obstante, es la consciencia de nuestro desconocimiento”



A los amantes de la novela histórica les va a gustar esta obra finalista del Premio Planeta 2016 “El asesinato de Sócrates” (Planeta, 2016) de Marcos Chicot. A mí, que no soy muy dado al género, me ha parecido una novela interesante, amena, bien narrada, con un argumento que ensambla perfectamente el entretenimiento con la ambientación histórica. Libro atractivo, e incluso novedoso, en el que no vamos a encontrar otro tocho sobre Roma o el Imperio Romano, excusado Santiago Posteguillo, sino una trama emocionante, con personajes sugerentes, atenienses y espartanos y en su mayoría reales, en la casi inédita Grecia Clásica del siglo V a.C. A lo mejor, pienso, no sería muy adecuado encasillar el texto de novela histórica, por el suspense que atrapa la lectura y que deja el rigor histórico en un segundo plano, a que no resulte tan lento, tan pesado; lo cual, sin duda, orienta más en la consideración de “El asesinato de Sócrates” de un thriller de corte histórico en la Grecia del conflicto entre Atenas y Esparta.

“Un oscuro oráculo vaticina la muerte de Sócrates.
Un recién nacido es condenado a morir por su propio padre.
Una guerra encarnizada entre Atenas y Esparta desangra Grecia.
El asesinato de Sócrates recrea magistralmente la época más extraordinaria de nuestra historia. Madres que luchan por sus hijos, amores imposibles y soldados tratando de sobrevivir se entrelazan de un modo fascinante con los gobernantes, artistas y pensadores que convirtieron Grecia en la cuna de nuestra civilización. A lo largo de las páginas de esta absorbente novela, brilla con luz propia la figura inigualable de Sócrates, el hombre cuya vida y muerte nos inspiran desde hace siglos, el filósofo que marca un antes y un después en la historia de la humanidad”

Son pocas las novelas históricas que nos trasportan a la Grecia clásica, y pocas las que, sin cansarnos, nos entretengan y con la que aprendamos Historia. “El asesinato de Sócrates” es una de estas obras, con una base documental notable que hace ágil y visual de cómo era la vida en Grecia durante esos 37 años del siglo V a.C y, en especial, en los 27 años de la Guerra del Peloponeso, con las dos formas de sociedad en tensión permanente y tan contrapuestas como la ateniense y la espartana. Una novela, además, que consigue atraparnos con su lectura, a través de una trama de muchas subtramas, de venturas y desventuras por batallas, traiciones, deseos, celos, amores, enseñanzas, lances… de pasiones y pensamientos, por hechos o aconteceres históricos y ficticios, todos los que recorren sus 768 páginas, con una intriga atrayente y entretejida por personajes reales e históricos, Sócrates, Brásidas, Querefonte, Arquidamo, Cleón, Alcibíades, Demóstenes… junto a otros de ficción y perfectamente definidos y de entre los que destaca Casandra, hija de Eurípides, y una mujer de Esparta, Dayanira…

“- Yo no soy adivino, ni un sabio. No puedo mostraros la voluntad de los dioses ni ofreceros magníficas respuestas. Ya sabéis que me gusta conversar y reflexionar con quien quiera hacerlo; si poseo alguna habilidad, ésta consiste en formular preguntas más que en encontrar respuestas”

Aunque Perseo, hijo de los atenienses Eurímaco y Altea (en verdad de los espartanos Aristón y Dayanira), es el personaje principal e hilo conductor del relato, la figura de Sócrates emerge de manera excepcional y sin de mediar su crimen, desde un papel quizás secundario, de acuerdo, pero no por ello intrascendente. Aquí me gustaría confesaros, y lo hago, de cómo me llevé de un error por el título de la historia, “El asesinato de Sócrates”, creyendo interesarme y leer una novela negra de tintes históricos. No es así. No hay asesinato del filósofo, ni detectives, ni intriga policíaca. Al terminar el libro, todavía me cuestionaba por la incongruente intención del autor de dar ese título al mismo, en una paradoja que él mismo resuelve en el epílogo: “De hecho, como también ocurría en mi novela El asesinato de Pitágoras, el título no sólo es una metáfora de la trama, sino que encierra una paradoja, pues mi intención real no es asesinar sino resucitar a estos filósofos extraordinarios”.

Un Epílogo, por cierto, extraordinario, correcto, indispensable. Un epílogo donde Chicot resume los hechos y personajes, verdaderos, la recreación de los hechos bélicos, en mar y tierra, y otros escenarios auténticos (Esparta, Atenas, la Acrópolis, el teatro de Dionisio, los santuarios de Delfos, Olimpia y los Juegos Olímpicos…), diferenciándolos de los sucesos y protagonistas ficticios; refrescando la lectura, matizándola, aclarándola, y redefiniendo la trama con sus subtramas para una mejor comprensión de lo leído y de lo pensado. Una novela que brilla con luz propia. Y su luz narrativa, no solo por la eficiente labor de documentación histórica y su traslado a la narración, de su trama bien hilvanada, también ilumina la importancia de la Filosofía en su capacidad de reflexión, de orientación hacia la realidad, sobre el mundo; de indefectible crítica al problema que plantea su docencia, de una pedagogía errónea basada en procesos nemotécnicos, limitados a una temática formal, cerrada, inexpresiva, en la que no se implica a todos, profesores y alumnos, en su vinculación y juicio con la propia realidad. De ahí, una vez más, la intención del autor con el título: resucitar la Filosofía desde el asesinato metafórico de uno de sus más grandes exponentes, Sócrates.

Una novela, en definitiva, amena, con un buen manejo del uso de los tiempos, con un perfecto equilibrio entre entretenimiento y precisión histórica, divulgativa, atractiva, asequible y visual para un público mayor. Recomendable.

“Todos los presuntos sabios que había interrogado eran ignorantes sin saberlo, mientras que yo siempre he sido consciente de mi ignorancia, por lo que al menos en ese sentido era más sabio que ellos”



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