Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



domingo, 4 de diciembre de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "El saltamontes verde" de Ana María Matute y "Los trapos sucios", Manolito Gafotas 4, de Elvira Lindo.



Después de tanta sequía, ver llover y emplear el dicho “a mal tiempo buena cara”, aunque sea para justificar el color de unas lecturas, resultaría una aberración y conocidos los estragos ocasionados en el campo. En fin, permítanme el refrán y la intención con la que abrí una de estas tardes tormentosas, también con el objetivo de aleccionar a mi hija Ángela en la importancia de la lectura, con dos textos de literatura infantil. En primer lugar, dada la tristeza, grisuras y lluvia y truenos del medio, me apetecía reírme un poco con Manolito Gafotas, el célebre personaje creado por Elvira Lindo. Este “Los Trapos sucios” (Seix Barral, 2013), cuarto libro de la serie, no me ha resultado igual de divertido que los anteriores, y aunque por éste o con éste la autora recibió el Premio Nacional de Narrativa Infantil y Juvenil. No obstante, el volumen sigue siendo una sucesión de historias divertidas acontecidas en el barrio madrileño de Carabanchel (alto), con Manolito Gafotas, su hermano “El imbécil”, el abuelo, los amigos “El Orejones”, “Yihad” “El Mostaza” … De este ejemplar destaca el enamoramiento de Manolito, o cuando se pierde el “Imbécil” disfrazado de Superman de una comparsa navideña de pastorcillos, o el sueño febril de Manolito, tan vívido, trascurrido en el colegio…

A continuación, y en la siguiente hora, el cuento breve “El saltamontes verde” (Destino, 2013) de Ana María Matute.

“Una vez existió un muchacho llamado Yungo. Vivía en una granja muy grande, cercana a los bosques. La granja muy grande, cercana a los bosques. La granja estaba llena de muchachos de todas las edades, los unos hijos de los granjeros, los otros de los criados. A primera vista, Yungo parecía un niño como los demás, pero los muchachos dejaban pronto de jugar con él, y las gentes no solían hablarle ni pedirle nunca nada. Y es que Yungo no tenía voz."  Pero Yungo no era mudo, él sabía que su voz estaba en algún sitio, sabía que alguien se la había robado. Y un día, como por arte de magia, mientras pensaba en cómo recuperarla, dibujó en una hoja de su cuaderno una isla muy bonita, rodeada de mar y pájaros, y pensó: "Aquí estará escondida mi voz". Esa misma tarde, Yungo emprendió su viaje hacia el Hermoso País en busca de las palabras, para convertirse en un niño como los demás, pero encontró algo más importante, mucho más importante...”

Ana María Matute, haga lo que haga, incluso en estas brillantes fábulas infantiles, es una de las escritoras más grandes de la literatura española. Sus obras son siempre fruto del amor por las palabras, de la magia que impregnan sus historias, por la imaginación tan viva de sus metáforas, tan singular, tan fantástica, como la de “El saltamontes verde” en esas palabras trasfiguradas en pompas de jabón, o negras como piedras y pesadas, vacuas, o como flores, o viscosas, o como notas musicales, por su conocimiento preciso del comportamiento humano que le permite definir con tanta expresión a sus personajes, del respeto por los animales. Y si a esto le añadimos un cuento con ilustraciones, de Asensio, tan sugerentes y encantadoras, la lectura, y alguna lágrima contenida, se hace exquisita, enternecedora. Una fábula sobre la verdad y la mentira que encierran las palabras.


Me gustaría que mi hija pequeña se adentrará más en esta lectura, mañana y las veces necesarias, porque estos cuentos están cargados de aprendizaje y sensaciones. Me gustaría que mi pequeña pudiera descubrir en sus páginas la importancia de ser uno mismo, de crearse o buscarse, de perseguir sueños y concretar ilusiones, de la importancia de las palabras que utilizamos con los demás y con las que construimos nuestros silencios, nuestro dolor, de la amistad, de la solidaridad, del bien y del mal, de sacar las máximas oportunidades a lo mucho o más bien poco que se tiene, de no rendirse jamás en pos de un anhelo, de ser buena gente…  A mí se sigue valiendo…o lo intento.

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