Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



sábado, 22 de julio de 2017

NINGÚN PREDICADOR PARA LOS MORIBUNDOS

"Esto es lo único que te puedo ofrecer", o lo mismo hubiera sido abrirte una única puerta, cerradas las demás, por la que, confiado, distraído, notas cómo te empujan por la espalda y despeñas por el precipicio de las ilusiones rotas, de las promesas alevosamente incumplidas, hacia un fondo que no termina de llegar para poder salir de aquel, al menos intentarlo, desesperante. Demasiadas revueltas sin sentido. Masticas la oferta, @30+, limosnas, se fue, se fue, se fue... Vuelve, vuelve vuelve: "Vale, oye, por Febrero cuento contigo para esto, tengo que renovar, renovarlo casi todo"... se fue, se fue... Julio, nada, Agosto, menos... se fue. No hay más, lo demás o todo son mentiras, las mismas en que se convertieron las ofertas, los cobijos, estos y otros que hasta llegaron a hacerse real, seguros en sus ficciones, en sus sueños de muñeca rota. Entonces, ante las ofertas, el codiciado socorro, la pretendida ayuda, el obligado amparo, tal vez el asilo o el pago por los servicios prestados, bajas la cabeza, con la lánguida postración con la que disimulas la vergüenza honda. Aceptas con esta, con la testa cabizbaja de preocupaciones, resignada al engaño como las manos entrelazadas, apretadas, bastante, insoportable, hirientes por un silente "No es verdad", otro más; y evitas destrozarte la lengua con palabras afiladas que necesitan salir de tu estómago, de tu dignidad intestina, que reluzcan en su acero a la fría luz de un descargo, de un desahogo terapéutico, y al que te tragas con sus aristas, con la misma saliva de la voz reprimida. 

Intentas consolarte, dices, que con el orgullo, en este estado de rendición, de necesidad absoluta, no se vive, no se come, ni se bebe, y solo se llora, se grita, no puedes canjear tu ego a cambio del bienestar de los tuyos. Por esto pliegas tu silencio y te comprometes a la indiferencia, te recompones en el interés extraño, el que no es propio, a la no injerencia, y aunque por esto mismo sucede, por omisión o fe, esta situación de menoscabo y claudicación. Ridícula por la humillación. 

En el fondo, sí, sabes que lo son: mentiras. Esas mentiras que permiten, por uno de tus cabos más deshilachados, demorar el tiempo, el olvido por inacción, y la indignación. Mentiras, una más, sin rubor ni conciencia, cínicamente nutridas de tu miseria, domando tu último pálpito, aquel que recogiste y, con sinceridad, con generosidad, le entregaste en una deuda emocional. Impostada amistad. Ya no vale aquello de que si una vez fue podría serlo otra, y otra más, y otra, no... No, ya se acabaron las excusas, oportunidades que no valieron ni la primera. No ha merecido la pena, la espera en una confianza que jamás, para la quebrada voz del títere de la que brotó con disimulo psicológico, creyó posible. Con todo... 

... alguna sonrisa brota en tu desesperanza, la decepción adolorida, aquellas que tienen el reflejo dorado instigador, porque sabes que te gusta, porque sabes que a quien tienes enfrente, jamás estuviste a su lado, no le gusta lo que ve tras las grietas de su fortaleza, triste marioneta, su caos, la fuga de sus fracasos, esa parte suya que no tiene remedio, ni redención, la que una vez fue esperanza y ahora maldición. No hay prédicas, ni predicadora, para tantos moribundos. Quizás un contenedor de basuras. Tú y yo ya no nos entendemos. Sigo bajando.

*********

(Este relato, o esta reflexión en voz alta, o este retórico desahogo irreprimible del que muchos no entenderán su trasfondo, perdón, y al que solo me presentarán su indulgencia narrativa, que no es poco y agradezco, no he podido contenerlo más y lo he arrojado tras ese extraño impulso provocado por esta magnífica canción de Iron Maiden, "No prayer for the dying", ("Ningún predicador para los moribundos"), oída y disfrutada, e incluso reveladora, esta mañana. La canción del álbum con el mismo título, aunque referido a la crítica del evangelista Jimmy Swaggart, un telepredicador homofóbico seguidor de la biblia y contrario al rock (luego pillado en contextos no muy castos y evangélicos), me ha empujado a extrapolar o metamorfosear, no son tantas las diferencias, entre éste con las prédicas de ciertos políticos, los rezos falsarios, innobles, que usan y juegan con el dolor y la ruina ajenos. Por último, si lo prefieren, no hagan caso a esto escrito; invéntenlo si les apetece con otros contextos o alivios; respétenme o siléncienme. Solo. Una vez más mis perdones por lo críptico de la narración, salvo para quienes tengan oídos y ojos para oír y entenderla, propios y no por los ecos de otros. Gracias por permitir mi consuelo con las letras, o el fin de un final anunciado, y al que tal vez podría terminar con versos de la canción: 

"God give me the answer to my life
god give me the answer to my dreams
god give me the answer to my prayers
god give me the answer to my being"
("Dios Dame la respuesta a mi vida
Dios Dame la respuesta a mis sueños
Dios dame la respuesta a mis oraciones
Dios dame la respuesta a mi ser.")

Pero, con seguridad, mientras observo una de las portadas del disco, la inscripción en la tumba de Eddie (símbolo de la banda), acabaré con esta y, al cabo, de otra manera:  

"After the daylight
 the night of pain
 that is not dead
 which can rise again", 
o lo que en español sería:
"Después de la luz del día
 la noche de dolor
que no está muerta
que se puede levantar otra vez".)

© F. J. Calvente

https://youtu.be/j3D2GC-MXsw

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