Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



sábado, 20 de enero de 2018

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Origen" de Dan Brown.

“Soy un accidente cósmico y pronto estaré muerto”



A Dan Brown no se le exige rigurosidad u oficio narrativo, ningún alarde estilista o literario ni menos retórico, solo que sus relatos entretengan, diviertan. Y hasta ahora, en alguien que ha vendido la friolera de 200 millones de sus best sellers en el mundo, ha animado a miles de lectores con las aventuras de su personaje Robert Langdon y desde el célebre fenómeno de “El Código Da Vinci” (con permiso de Henry Lincoln, Michael Baigent y Richard Leigh por su ensayo “El enigma sagrado” y del que está casi textualmente novelado). Sin embargo, en esta quinta entrega protagonizada por el profesor de simbología e iconografía religiosa de la Universidad de Harvard, “Origen” (Planeta, 2017), mi primer libro del año, ya no es solo por la escritura de Dan Brown, que sigue siendo correcta, pasable, y siendo generoso, sino que naufraga, decae, en el ritmo, en la acción, en la trama, perdiendo la esencia, la intriga que hacía de sus novelas un ejercicio de entretenimiento notable y lo que hacía ocultar, precisamente, sus limitaciones narrativas, haciéndose por tanto éstas más evidentes, más flagrantes. El peor volumen de la saga. No consigue, siquiera, “empujar a la gente fuera de su zona de confort”. Decepcionante.

Veamos la Sinopsis editorial de “Origen”:

“Robert Langdon, profesor de simbología e iconografía religiosa de la universidad de Harvard, acude al Museo Guggenheim Bilbao para asistir a un trascendental anuncio que «cambiará la faz de la ciencia para siempre». El anfitrión de la velada es Edmond Kirsch, un joven multimillonario cuyos visionarios inventos tecnológicos y audaces predicciones lo han convertido en una figura de renombre mundial. Kirsch, uno de los alumnos más brillantes de Langdon años atrás, se dispone a revelar un extraordinario descubrimiento que dará respuesta a las dos preguntas que han obsesionado a la humanidad desde el principio de los tiempos.

¿DE DÓNDE VENIMOS? ¿ADÓNDE VAMOS?

Al poco tiempo de comenzar la presentación, meticulosamente orquestada por Edmond Kirsch y la directora del museo Ambra Vidal, estalla el caos para asombro de cientos de invitados y millones de espectadores en todo el mundo. Ante la inminente amenaza de que el valioso hallazgo se pierda para siempre, Langdon y Ambra deben huir desesperadamente a Barcelona e iniciar una carrera contrarreloj para localizar la críptica contraseña que les dará acceso al revolucionario secreto de Kirsch.

Perseguidos por un atormentado y peligroso enemigo, Langdon y Ambra descubrirán los episodios más oscuros de la Historia y del extremismo religioso. Siguiendo un rastro de pistas compuesto por obras de arte moderno y enigmáticos símbolos, tendrán pocas horas para intentar desvelar la fascinante investigación de Kirsch… y su sobrecogedora revelación sobre el origen y el destino de la Humanidad.

ORIGEN se desarrolla íntegramente en España. Barcelona, Bilbao, Madrid y Sevilla son los escenarios principales en los que transcurre la nueva aventura de Robert Langdon. De la mano del autor de El código Da Vinci, el lector recorrerá escenarios como el Monasterio de Montserrat, la Casa Milà (La Pedrera), la Sagrada Familia, el Museo Guggenheim Bilbao, el Palacio Real o la Catedral de Sevilla.

Como ya sucedió con París en El código Da Vinci, con Roma en Ángeles y demonios o con Florencia en Inferno, los escenarios de las novelas de Dan Brown siempre han sido un elemento clave en sus tramas.”

Veamos cuales son los factores que han influido, a mi modo de ver, para la ausencia o dilución de las características narrativas de Dan Brown en este “Origen”.

Cansa la insistencia argumental de Dan Brown por la religión, o de ese peso y animosidad por la iglesia católica que en “Origen” ni la codiciada acción, acaso por su abandono, por esperada, mitiga el tedio. La lucha contra el dogma religioso, o el derribo del mismo a través de la ciencia, se hace iterativo, no aporta nada nuevo e interesante. Carga. A esto uniríamos la desconsideración en este ejemplar por la monarquía española, tratada de una manera informal, frívola, indocumentada y poco creíble, en un flaco favor a la institución regia e incluso contraria al atractivo hipotético que despertaría en otra ventaja u oposición republicana.

“Sólo hay una manera de derrotar a la muerte: convertir nuestra vida en una obra maestra”

Del mismo modo, en esta reiteración machacona de los detalles característicos de la obra de Dan Brown, los saltos o giros en la acción, aquí previstos, arbitrarios, tan enlentecidos que no solo no consiguen demorar el suspense por la dilucidación del secreto, sino que obtienen lo contrario, es decir, aumentar el sentido de aburrimiento cuando sobran y sobran y sobran páginas, escenas, descripciones; y donde ya no se perdona, como venía sucediendo en otros volúmenes, el hecho de que ciertos personajes manejen y jueguen con descaro una información básica en el argumento, incidiendo en que el lector crea cómo, de manera zafia, se intenté burlar de su mediano entendimiento, inclusive de esta historia en torno a esa epifanía científica que va a acabar con la fe y la religión de la humanidad, y en alusión a una nueva religión fundamentada en la experiencia, en la razón. En esta llamémosle victoria de la ciencia frente a la religión, tan burdo el “corte y pega” de la parte científica, el tocho para responder a las preguntas existenciales y contextuales del “¿De dónde venimos?” y “¿A dónde vamos?”, pierde una oportunidad estupenda de hacerla más accesible y por tanto más interesante dentro de un thriller de ciencia ficción poco verisímil.

“Debemos depositar toda nuestra fe en la creatividad humana y en el amor, porque esas dos fuerzas, cuando se combinan, tienen el poder de iluminar las tinieblas”

640 páginas, insisto, son muchas páginas para esta anodina historia que trata si no de la lucha, de un despecho de la ciencia contra la religión, y viceversa, tanto da, entre un científico famoso a lo Steve Jobs y de unos fanáticos poderosos que quieren impedir la publicación de un descubrimiento que no solo destruirá la religión, cualquier religión, sino que cambiará el mundo conocido. Sobran muchas páginas, sobran muchas escenas que se alargan innecesariamente en detalles fútiles, de una dudosa estética, de otros “corta y pega” de folletos turísticos o del wikipedia, y con un claro direccionamiento en el futuro guion de la película de turno, sobran muchas subtramas que no llevan a ninguna parte y que además aparecen deshilvanadas, desconectadas entre sí. Es el caso, uno de entre varios, del Museo Guggenheim de Bilbao, este que aun no teniendo, salvo el crimen a partir del que se despliega el relato, una relevancia cardinal, el autor dilata y dilata las referencias, las representaciones… de una manera interminable y redundante.

“-Muchos nos resistimos a definirnos como “ateos” -decía Kirsch en tono sereno ante los estudiantes- Y sin embargo, el ateísmo no es una filosofía, ni una visión del mundo, sino un simple reconocimiento de lo obvio”

Y es que Dan Brown, curiosamente cuando recurre a España como escenario de esta historia (algo similar pasó con su “La Fortaleza Digital”, donde no nos deja en un lugar al menos objetivo, mostrándonos como una sociedad gazmoña, tradicionalista, con muchos tics aún de la férula franquista) realiza tal batiburrillo increíble, pasmoso, del que no lograría asumir o acaparar ni explicar el hecho de ser catalogada la novela como de ciencia-ficción. Insólito. Así, de la abadía de Montserrat, en una reunión cumbre y secreta entre el científico protagonista y los tres representantes de las tres grandes religiones, pasamos al Museo Guggenheim en Bilbao, el Palacio Real de Madrid, la Catedral de la Almudena, el Valle de los Caídos, el Escorial, la Sagrada Familia, la Casa Milá, (La Pedrera)...
y hasta la colosal y extravagante basílica del Palmar de Troya. Sucediéndose unos contextos, inconexos se expuso anteriormente, en los que se asiste estupefacto a otra realidad paralela o a otro mundo en el que vivimos y del que, porfío, no alcanzaría justificar ni con la alusión a la largueza de la ciencia-ficción. La acción, una de las llaves maestras de este género narrativo y de las obras de Dan Brown en particular, desaparece en este ejemplar en favor del cuadro, de las escenas de manual paisajístico y monumental, junto a otra de las señas de identidad, y atractivas, como la resolución de enigmas esotéricos y simbólicos. Enigmas que en “Origen” da paso a una mescolanza absurda de escenarios disparatados y de instituciones y colectivos diferentes, incompatibles, y con unos tratamientos desatinados. Por ejemplo, el omnímodo poder de la monarquía española es a su vez sometida por la bendición de la iglesia católica, de un príncipe heredero que, inadmisiblemente, pide la mano de su prometida en un programa de televisión en directo, ésta, Ambra Vidal, directora del Guggenheim, es una vez más la protagonista femenina guapa y vacía que asiste y sigue al galán principal, Robert Langdon; y también encontramos al malo entre los malos, aunque aquí abandona las ropas oscuras por las blancas, por un uniforme militar del ejército español, un almirante víctima de un atentado terrorista en plena catedral sevillana y con el seso sorbido por la iglesia cismática o la secta de los palmarianos del Palmar de Troya, con su papa propio al frente y éste con más poder que el obispo protagonista sobre el rey emérito, un criminal que, rizando el rizo de lo absurdo, además de su ideología carlista, asesina al renombrado Kirsch con una pistola que no es más que un rosario elaborado con una impresora 3D…

“Buscamos el bienestar de nuestros cuerpos físicos con la esperanza de que se extienda también a nuestras almas”
Con esto no hago más que resaltar lo pobre de esta novela, de esta nueva entrega de Robert Langdon, insustancial, de trilladas premisas, de personajes huecos y reincidentes, de mucha paja y relleno, inconexa, en la que se hace más patente las deficiencias estilísticas de Dan Brown al menguar su pericia en hacer del entretenimiento su mayor virtud escritora, en condenar la acción en beneficio de un argumento científico inapropiadamente descontextualizado, y en no mostrar la credibilidad, presente en libros previos, al unificar con solvencia la trama histórica real con la ficticia. Decepcionante.


“-Tolerar la ignorancia es darle alas. Mirar para otro lado mientras nuestros gobernantes proclaman ideas absurdas es un delito de negligencia, como también lo es permitir que nuestras escuelas e iglesias enseñen a los niños falsedades manifiestas. Ha llegado el momento de pasar a la acción. Solamente cuando liberemos a nuestra especie del pensamiento supersticioso podremos disfrutar de todas las potencialidades de nuestra mente”.

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