«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo».
("Cien años de soledad")
«El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo».
("Crónica de una muerte anunciada")
«Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados».
("El amor en los tiempos del cólera")
Nueve años ya del final físico del Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez. En memoria al término de quién creó los más bellos y eternos comienzos.
Gracias Gabo.

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