Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche los atardeceres, los arrabales, algunos espejos de azogue interior, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor, acaso de lo mío que encuentro en mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



miércoles, 14 de enero de 2026

"MAJARETA"

 


Todavía no sé si la historia, este "Majareta" del siempre fiable Juan Manuel Gil, vale su espera. Aunque su misma espera, extraña por acuciosa, en cierta manera corrobore a mi intuición, tan acertada en idénticas circunstancias, de que el relato, su lectura, no me va a defraudar, me va a entretener y del que disfrutaré cuando termine mi espera. Una nueva espera, y paciencia, a que mi hija Inés, quizás más esperada y desesperada que yo, lea primero la novela, vuele y se divierta.

jueves, 8 de enero de 2026

"Se apagaron...."

 


Al fin se apagaron las guirnaldas, los fuegos fatuos y disimulados. Una estrella borrada en el firmamento cercano. Un retal de niebla prendió a la procesión de penitentes de siempre, hiladas de fanales de las noches y de los días que son el mismo día y la misma noche. También las mismas luces frías que alumbran el camino al olvido o hasta el año que viene. 

"NO ESTÁN"

 


Miro un momento al lado, atrás, y las fiestas navideñas o del soslsticio de invierno o del cíclico regreso de la luz han finalizado. Una ilusión en la rutina de los días o incluso alivio por la rutina de las ilusiones. Las guirnaldas se van apagando, desaparecen al mirar adelante, al dejarse llevar por la inercia del presente o por un empujón de ese pasado, en la distancia, en un horizonte siempre próximo, a mano, a la vuelta de una esquina o en un giro a derecha o izquierda... No están. No están... Nada sucede o no sucede nada ahí o en los ánimos. Indiferencia. Cansancio. No puedo cerrar los ojos mientras conduzco, mientras me dejo llevar conforme a lo acostumbrado; pero si lo hiciera ahora, cerrarlos, detener el tiempo, herir a la monotonía, solo con un rasguño, solo en un parpadeo, con un fragmento de todo, me quedaría o mejor anhelaría un fugaz destello, una hebra de luz, la más pequeña lamparilla, bombilla prendida de esas intricadas guirnaldas, algo que reconocería si me detuviera, me examinara, me esforzara y para así retenerlo y echarlo de menos para cuando fuese necesario. A un latido o sentido de unas fiestas que al mirar otra vez adelante, al abandonar la realidad del azogue empañado, ya son polvo y olvido.