Al fin se apagaron las guirnaldas, los fuegos fatuos y disimulados. Una estrella borrada en el firmamento cercano. Un retal de niebla prendió a la procesión de penitentes de siempre, hiladas de fanales de las noches y de los días que son el mismo día y la misma noche. También las mismas luces frías que alumbran el camino al olvido o hasta el año que viene.

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