Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



miércoles, 8 de octubre de 2014

LIBROS QUE VOY LEYENDO:





“Le había entregado una razón para escribir sus propias palabras, para que descubriera que las palabras también le habían salvado la vida”.

Érase una vez un pueblo donde las noches eran largas y la Muerte contaba su propia historia. En el pueblo vivía una niña que quería leer, un hombre que tocaba el acordeón y un joven judío que escribía cuentos hermosos para escapar del horror de la guerra. Al cabo de un tiempo la niña se convirtió en una ladrona que robaba libros y regalaba palabras. Con esas palabras escribió una historia hermosa y cruel que ahora ya es una novela inolvidable… Esta es la sinopsis del Best-Seller (o un libro muy vendido) de Markus Zusak “La ladrona de libros”. Sin embargo, para mí, no será una novela inolvidable. Cierto que, al principio, me gustó, quizás por lo novedoso de su narrador, o narradora, la Muerte, quien cuenta la historia de la protagonista, o mejor la co-protagonista, Liesel Meminger; pero el desarrollo fue decepcionándome en tramos que se hicieron cada vez mayores y a los que aquellos matices poéticos que abrieron mi interés por el relato, en un contexto de descripciones evocativas y sensibles, muy originales, cayeron en un exceso de cuadros rentabilizados en el sentimentalismo y la lágrima fácil, en forzados escenarios bregados en emocionar al lector y que, a estas alturas de mi existencia, me han aportado poca cosa…

“Vieron acercarse a los judíos como un torrente de colores. La ladrona de libros no los describió así, pero puedo asegurar que eran eso exactamente, pues muchos de ellos morirían. Me saludarían como a su último amigo del alma, con sus huesos de humo y sus espíritus a la zaga”

“Si quieres caldo, toma dos tazas”, o lo mismo, si has leído El Niño del Pijama de Rayas, he aquí otra historia de tópicos de la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial. Es mi opinión, conste, en la cual entra también el momento y circunstancias en que he leído la novela, vale. Por otro lado, justo reconocerlo, es una literatura que se abre con fuerza y aceptación en los jóvenes y que no disgusta, incluso llega a enternecer, a una mayoría de adultos que exigen historias, de hecho, que les conmuevan. No es un libro malo, insisto, solo, a mi parecer, lento, blando, aburrido a veces, con una historia que se puede contar en la mitad de sus cuatrocientas y pico páginas; y que, y mira que me empeñé en dejarme llevar en tanto bueno como me decían, no lo hizo, complacerme; si bien se deja leer, la sorpresa fenece en una de esos tantos escombros tras un bombardeo aliado. Mi dictamen, insisto: objetivamente es un buen libro, subjetivamente me causó indiferencia. Solo su principio, algo del final, la singular poética en sus descripciones, y las amargas y cáusticas, en ocasiones, observaciones de su protagonista, la Muerte, lo salvan.

“El corazón de los humanos no es como el mío. El de los humanos es una línea, mientras que en el mío es un círculo y poseo la infinita habilidad de estar en el lugar apropiado, en el momento oportuno. La consecuencia es que siempre encuentro humanos en su mejor y en su peor momento. Veo su fealdad y su belleza y me pregunto cómo ambas pueden ser lo mismo. Sin embargo, tienen algo que les envidio: al menos los humanos tienen el buen juicio de morir”

Veré la película de Brian Percival, a lo mejor cambio mi opinión con ella.

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