Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



lunes, 27 de julio de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Un inquietante amanecer" de Mari Jungstedt


 
“Un campista aparece asesinado a balazos en una playa de la isla de Fårö. Se trata del constructor Peter Bovide, que acaba de iniciar sus vacaciones de verano junto a su familia. La única pista fehaciente que posee la subcomisaria Karin Jacobsson, quien está a cargo del caso mientras su jefe, Anders Knutas, sigue de vacaciones, es el arma con la que se perpetró el crimen: una pistola antigua utilizada por el Ejército soviético durante la Segunda Guerra Mundial. Las averiguaciones llevarán a la policía a desentrañar algunas irregularidades cometidas en la empresa de Bovide que empleaba a inmigrantes ilegales. Karin pronto intuirá que el asesinato podría estar relacionado con el caso nunca resuelto de la desaparición de una turista alemana muchos años atrás”

 

 

“Un inquietante amanecer” (Ed. Maeva, 2012), novela de algo menos de 300 páginas que se bebe como un vaso de agua fresca al mediodía y para mitigar, a la sombra del par de días de su lectura, otra de estas olas de calor cuyo número ya he perdido y si, verdaderamente, se trata de una sola con efímeros alivios en sus flagelos; y más con un brazo en cabestrillo y un desierto de horas que atravesar. Un crimen. Una investigación. La isla de Gotland (Suecia).

 
Pinceladas someras, distraídas, de la biografía de sus protagonistas, habituales en las cuatro novelas anteriores de esta saga sueca de género negro. En especial la vida del comisario Anders Knutas y el periodista Johan Berg, uno y otro con sus cuitas sentimentales; gana en esta quinta entrega, y se agradece, el protagonismo de la subcomisaria Karin Jacobsson, más con la elucidación de su aureola misteriosa propia. Personajes de los que a medida aparecen nuevos títulos en la serie conocemos y entendemos mejor, sus motivaciones, sus miedos y esperanzas. Pero sin grandes alardes, ni extensos y abigarrados episodios domésticos, ni melodramatismos, ni reflexiones sobre el bien y el mal, o cuadros complejos psicológicos, emocionales, de seres atormentados, no con Jungstedt, solo lo suficiente.

 
Luego el crimen y los pormenores de la investigación, motivos o causas que una vez más hay que buscar en el pasado;
y sin énfasis sangrientos, crudos, descarnados, violentos…; asesinatos, vale, pero en cierta manera templados, amables adjetivaría si no rechinara algo o mucho, difícil en todo caso que alteren la sensibilidad del lector.

 
Destacar que me ha gustado de esta novela la descripción de sus escenarios, además de la acostumbrada isla de Gotland, con sus huellas medievales, en esta descubrimos las islas de Farö y Gotska Sändon, lugares idílicos, enigmáticos, especialmente el segundo, un paraíso casi virgen.

 
La trama entrelaza los lances del presente con los del pasado, pone el empaque en su pragmatismo, en los hechos del presente; significativo, por tanto, que los capítulos del pasado sean mucho más cortos y menos numerosos que los del presente. El estilo de la novela es muy sencillo, ágil, distraído, de fácil lectura. Estructurado en capítulos cortos, de frases breves y diálogos amenos, se lee rápidamente, sin ningún esfuerzo y aleccionado por una sobria intriga. Más flojo que el volumen anterior, no obstante, mantiene su pauta, la máxima del mito informático de si algo funciona, no lo toques. Entretenimiento, no quería más y eso he hallado, suficiente.

 



 

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