Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



jueves, 29 de octubre de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Más allá del olvido" de Patrick Modiano.


“Palabras vacías, frases huecas, como si ella y yo hubiéramos sobrevivido a nosotros mismos con la condición de no hacer la menor alusión al pasado”

Olvidémonos, a ser posible, del Nobel de Literatura otorgado el año pasado a Patrick Modiano. Y no es por alguna y vacía ocurrencia de objetividad, o de moda. Los premios, premios son: más justos o injustos según la vara con que se mire o, en este caso, la subjetividad o entusiasmo por la bibliografía y por quien lo haga o la interprete; de ahí que la concesión del Nobel, o de cualquier otro premio, a este y no otro autor dependerá del agrado por uno u otro, del jurado o del marketing. ¿A dónde quiero llegar? A ver: Este libro, “Más allá del olvido” (Alfaguara, 2014), escrito por el autor francés en 1996, trata de una historia de amor desdibujada por el tiempo y recordada por uno de sus protagonistas. Éste, un joven de veinte años que ha terminado los estudios y se dedica a la reventa de libros antiguos, conoce a una pareja en París, esa ciudad bohemia de hoteles sórdidos y típicos cafés, a Jacqueline y Gérard van Bever, asiduos visitantes de fin de semana a casinos donde Gérard gana dinero, o lo arriesga, en la ruleta aplicando su estrategia del “cinco neutro”; y Jacqueline, presentada como una “femme fatale” con perfil de mujer ausente, delicada de salud y mal vestida, que sueña con vivir algún día en Mallorca junto con un escritor inglés… “El periodo de mi vida en el que conocí a Jacqueline se me presentó bajo el mismo contraste de luz y sombra” El joven se enamora de ella, y ambos escapan a Londres. Allí él encuentra un sentido a su vida en la escritura y ella vuelve a desaparecer para reaparecer quince años después, casada, igual de ausente... “Con ella, uno nunca podía saber

“Los dos habíamos tocado fondo, y había llegado el momento de dar un salto en el fango para salir a la superficie… Comprendí que deseaba que nos fuéramos juntos los dos solos para romper con una etapa de su vida. También yo dejaba atrás los años grises y opacos que había vivido hasta entonces”

Esto, en algo menos de 200 páginas, puede parecer un argumento pobre, trivial, más por su recurrencia en la historia de la literatura. Si este guion lo armamos con frases cortas, estrictas, con descripciones de lugares y personajes que no ocupan más de un par de líneas, sin ninguna hondura psicológica o existencial, de diálogos insulsos o inabordables, y de no saber realmente dónde está el alcance o atracción de la narración, entonces, nos parecerá una obra literaria pequeña, mezquina e inclusive engañosa. De acuerdo hasta aquí ¿no?, en el juego que en estos momentos pretendo desplegar ante vosotros y que tan fielmente me seguís en este blog. Y ahora, desde esta simplicidad de la novela, estas escasas perspectivas literarias, brevedad, claridad superficial sin recónditos trasfondos, traten de jugar, de escribir la historia y, sobre todo, de que esta guste, atraiga… ¿Vale? Seguro que se desesperarán, un churro el resultado; porque no es fácil, es muy difícil montar una novela con estas simples nociones; solo a mano del talento, la sutileza de un genio; algo así, usando un símil futbolístico, a ese regate de Messi, o a ese control y pase de Iniesta, que nos parecen sencillos en su ejecución y, en realidad, son complejísimos, imposibles. Así es, y con ello dilucido la pretensión de mi juego, señalar la trascendencia del autor y su memorable resultado: si con este estricto bagaje el escritor logra captar el interés del lector desde el principio al final del relato, si con estos escasos bártulos construye una novela admirable, narrada en primera persona y sin apenas intervenir o juzgar los acontecimientos, estamos ante un ilustre por méritos propios de la literatura, sin objetividades, ni modas pasajeras, ni sobrevalorado. La destreza de Modiano al crear tal atmósfera sugestiva como si los hueros hechos constituyesen los mimbres de un misterio policíaco donde sus protagonistas, en unos pocos gestos, escuetas palabras, o en esta y no otra prenda de vestir, por ejemplo, se definen perfectamente; y logra, del mismo modo, giros inesperados, sorpresivos, en lo que parece ser una trama plana. Creo que con esto habrán captado la maestría de Patrick Modiano y con independencia al hecho de obtener el Nobel o no.

“Llevar conmigo una novela que me gustaba me daba cierta seguridad”

A mí me atrajo sobremanera de “Más allá del olvido” el amargo y desencantado mundo narrado en sus páginas, envuelto quizás, y si me permitieran describirlo con una técnica de pintura, afirmaría como un “sfumatto” misterioso a lo Da Vinci, de acuerdo, pero que no deja de ser difuminado y de ahí su grandeza. La ambigüedad y desasosiego que supongo será una constante en la obra de Modiano, aquí se reviste de resignación, de condescendencia, de dejarse llevar por esas para ir más allá del olvido y encontrar una significación, a pesar de los claroscuros, del destino. “Si toda aquella época sigue aún muy viva en mi recuerdo se debe a las preguntas que se quedaron sin respuesta” Y todo ello sin vehemencias retóricas, ni pasiones, ni violencias adjetivas o adverbiales: los sucesos ocurren así porque tienen que hacerlo y a los que solo se refieren desde la serenidad intensa de un espectador pasivo.

“Había tantas calles y encrucijadas a nuestro alrededor que las probabilidades aumentaban, y finalmente terminaríamos por provocar un feliz azar”

En “Más allá del olvido” la realidad más prosaica, más vulgar, atesora secretos, dimensiones significadas. Impasible primera persona en la edificación del relato que se mueve, casi imperceptiblemente, en esos flash-back que no dejan de ser un continuo presente. Ya he dicho, y elogiado, la definición de sugerentes personajes con apenas unos cuantos trazos, dejando al lector dilucidar o intuir, sin presiones, el misterio de su personalidad. Y de la misma forma pincela la recreación de los lugares, con esa bruma liviana con la que los presenta. Y ahora me acuerdo de una de las frases del jurado que otorgó el Nobel a Modiano, por ser un maestro de “el arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más inefables y ha desvelado el mundo cotidiano de la Ocupación

“Yo observaba a aquel hombre, fijado para siempre en su uniforme. A esa hora los vehículos ya no circulaban por el muelle, y yo había llegado finalmente al corazón tranquilo y desolado del verano”

En definitiva, admirable la habilidad de encerrar en unas páginas, en su brevedad, detalles, matices, colores, alguna sensación, aparentemente insignificantes pero que logran montar el arquetipo en nuestra mente de una atmósfera sugestiva, tangible; su enorme capacidad de evocar, con precisión y simplicidad, las calles, los cafés, los hoteles, las orillas de los ríos, París y Londres…; su onirismo tan palpable. He ahí su magnificencia, y con ello no afirmo que sea una novela fácil de leer, la dulce paciencia de un lirismo modesto, las baladíes circunstancias de una vida, o de unos acontecimientos recordados por su protagonista y que no llegaron a más de unos meses, de unos personajes perdidos, ellos y con ellos nos perdemos nosotros tras un misterio que no termina por llegar y porque todo en la novela es él: El misterio y una profunda desorientación y necesidad, resignada, de encontrar el lugar donde todos declamemos, uno tras otro, “soy yo”

Una novela conmovedora, extraña, delicada y, por supuesto, magistral.


“Habría mezclado los papeles, como en un juego de naipes, y los habría dispuesto sobre la mesa. ¿De modo que aquello era mi vida presente?¿Todo se reducía para mí, en aquel momento, a unos veinte nombres y direcciones dispares cuyo vínculo era yo?¿Qué tenía yo de común con aquellos nombres y direcciones? Me encontraba en medio de uno de esos sueños de los que sabemos que podemos despertar en cualquier momento, cuando los peligros asechan. Si así lo decidía, podía abandonar aquella mesa y todo se desharía, todo se perdería en la nada”

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