Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



miércoles, 25 de noviembre de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "El secreto de la modelo extraviada" de Eduardo Mendoza

“Cada país tiene los políticos que se merece y lo mismo sucede con los críticos”


“Para el que ha pasado buena parte de su vida encerrado en un manicomio, aunque sea injustamente, como es mi caso, una reacción absurda no tiene nada de particular, aunque eso suponga meterse en líos. La cuestión es que un incidente trivial me trajo recuerdos y viajé al pasado (con la memoria, ya he dicho que no estoy loco). Años atrás me vi envuelto en un asunto feo. Habían asesinado a una modelo y me culpaban a mí. Por supuesto, sin razón: una modelo no haría caso a un tipo como yo ni asesinándola. Simplemente, había un oscuro enredo, estaba metida gente importante y pensaron que yo podía servir de cabeza de turco o de conejillo de indias, o como sea que se llame el desgraciado que paga los platos rotos. Para salvar el pellejo tuve que recurrir a mi ingenio y a métodos poco convencionales y pedir ayuda a personas de mi círculo, no siempre recomendables. No sé si salí bien parado del intento, pero salí. Ahora todo aquello ya es agua pasada. Sin embargo, un impulso me ha hecho volver sobre mis pasos, recorrer los antiguos escenarios, buscar a las personas que fueron protagonistas de aquel oscuro caso, y resolverlo por fin. Pero las cosas han cambiado. No sólo las personas y la forma de vivir, sino sobre todo la ciudad. En aquella época, Barcelona era una cochambre. Hoy es la ciudad más visitada y admirada. ¡Quién nos lo iba a decir! La Barcelona del presente no tiene nada que ver con la Barcelona del pasado. ¿O sí?”.

Sí, vuelve… Desconocemos su nombre, pero es el detective español más singular, desquiciado, pendenciero y divertido de la literatura española. “A lo largo de mi vida, algunas mujeres me han dado más, muchas me han dado menos, pero muy pocas me han dado la mano” Vuelve el ingenioso Eduardo Mendoza con “El secreto de la modelo extraviada”, (Seix Barral, 2015). De acuerdo que esta nueva novela es la más floja de la serie, desde la memorable “El misterio de la cripta embrujada”, pasando por “El laberinto de las aceitunas” , “La aventura del tocador de señoras” y hasta “El enredo de la bolsa y la vida”; no obstante encontramos el sello y todos los ingredientes que han caracterizado y hemos admirado de Eduardo Mendoza y su peculiar personaje quien, por las propias y rocambolescas circunstancias de su pobre existencia, se hace detective; muy a su aire, vale, pero con ese “echarle cara y paciencia a los asuntos” se ha ganado la simpatía y el interés de los lectores.

“Es un buen chaval. Como jefe, me respeta; como persona, me estima; como ideólogo, me admira; pero como travesti, me zurra. Cada cosa en su sitio. No le falta razón, no creas. A mí no me hace gracia, pero estoy totalmente de acuerdo con el principio”

Que Eduardo Mendoza nos hace reír ya no nos sorprende; y no es solo por esas carcajadas sonoras que asombran a quienes podamos tener cerca de nosotros, o por arrancarnos tantas medias sonrisas que a aquellos mismos transmite que estamos disfrutando, y mucho, de la lectura. No es para menos. Mendoza es un genio para construir escenas rayando el surrealismo, con un estilo, más en los diálogos, repleto de alusiones y dobles sentidos en el que se mezclan los más variados registros, con esa prosa cervantina entintada de ironía, de crítica o parodia contundente y sarcástica, incluso esperpéntica, sobre la situación de la sociedad contemporánea y, en concreto, de la ciudad de Barcelona.
En “El secreto de la modelo extraviada”, otra divertida e inteligente historia, nos encontramos con otro caso para el peculiar detective por la exigencia de otro escabroso contexto, un suceso aparentemente cerrado en los años ochenta acerca de una modelo asesinada en el jardín de un edificio, primera parte de la novela, y del que hacen a él responsable; y en la actualidad, treinta y cinco años después, los flecos que el protagonista intuyó quedaron entonces sueltos, y no ceja en su empeño de resolverlos, segunda parte de la novela. Una falsa intriga inicial urdida para tapar otra más obscura y de dimensiones importantes.

“Precisemos –dijo el caballero de la cara de liebre-. Nosotros no matamos a nadie. Si acaso, hacemos matar. No confundamos los conceptos”

La investigación va dejando a lo largo de las 318 páginas divertidos y absurdos lances, en un ritmo sin cuartel, disparatado y frenético, de su protagonista y, con él, una galería de personajes, habitantes de esa oscura y mísera Barcelona, como el travesti y luego comandante de la Guardia Civil, señorita Westinghouse y su ideal “Las grandes ideas son catastróficas y las pequeñas pasan pronto de moda, porque lo banal cansa y empacha”; también otros actores poderosos, tal el “senado de plutócratas” afiliados a la sociedad secreta de la APALF -acrónimo de “¡Andreu, porti’m a la fàbrica!”- “Las guerras las pierden los militares, los enfermos se les mueren a los médicos y los pufos los hacemos los que manejamos el dinero. Mejor así que dejar la circulación fiduciaria y, en definitiva, la economía mundial en manos de los aficionados”; es decir, un grupo de empresarios que, convencidos de que los cambios en la política económica del régimen llevarían a la bancarrota, deciden “poner sus valores fiduciarios, o también podríamos decir calerones [dinero]”, a buen recaudo. Y para ello, organizan “un complejo tejido de evasión de capitales”, y a los que sentencia y justifica la nueva empresaria Lola Campos con crudeza: “Cada época tiene su metodología. Andando el tiempo, yo acabaré igual o peor. Son las reglas del juego y es bueno que así sea. En esto Cataluña lleva ventaja al resto del mundo. El clásico ciclo catalán pobre-rico-preso favorece la movilidad social y previene la sobrecarga de la tradición”. Unos y otros, a pesar del desigual contraste, conforman la otra historia de una Barcelona en la que se pierde la perspectiva de si la realidad es mejor que la ficción; inclusive, a tenor de ese contrapunto temporal entre una y otra parte de la novela, de que nada nuevo hay bajo el sol y, a pesar de los 35 años transcurridos y de los derroteros de sus protagonistas, los cambios, hábitos y valores no han cambiado mucho en una Barcelona, la protagonista fundamental de la novela tanto en su visión cochambrosa de los años 80 como en la turística de la actualidad, que es definida como la “capital mundial del baratillo y la idiocia” en una de las críticas más ácidas y amargas escritas sobre ella.

“Los fantasmas son mejores que los vivos: a los seres humanos nos mueve el interés, y los muertos, por definición, carecen de intereses.”

“El secreto de la modelo extraviada” es una historia divertida en la que un accidental detective sin nombre se convierte en el símbolo actual, o no ha dejado jamás de serlo, de una sociedad materialista, frívola, sin ideales ni valores, “Ahora todo es ligereza y olvido. La novia de un torero y santa Teresa de Jesús valen lo mismo en el mercado de la frivolidad”, en una Barcelona que no termina por querer redefinirse y en la que han caído unos personajes para los que todo está ya perdido, “Nacimos después de acabada la guerra –prosiguió- y nos moriremos antes de que empiece la próxima. ¿Qué más da lo que hagamos o digamos?”, en el ejemplo de “la Humanidad avanza, pero hacia atrás”. Muy recomendable.


“Al final, después de una vida entera de rutina y bajeza, saqué una enseñanza, y esa enseñanza se la voy a transmitir aquí mismo, en este preciso instante, en el rellano. Dice así: el poder es un peligro. Tome nota: poder igual a peligro.”

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