Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



sábado, 9 de enero de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Las armas secretas" de Julio Cortázar, y otros relatos de Pardo Bazán, Shelley, James.

Días de cuentos, de relatos cortos. Éstos que quizás no pasan del día, de unas horas, necesarios para ciertos olvidos o abstracciones “exprés”, de efecto inmediato; ante los problemas para los que como yo resolvemos con lectura, con mucha lectura, con mucha lectura que arrebata tiempo al sueño, intensidad a los contratiempos, gravedad a los obstáculos ¿Acaso leer no es soñar? Por otro lado, he aquí estas líneas, no estoy, no tengo ánimo, no me encuentro a gusto para mis “rebuscadas” reseñas, no estoy ni tengo el arrojo para extender estos relatos cortos. Supongo que serán condescendientes. Gracias. Y dicho esto, relatos cortos, decía o más bien escribía cuando antes los leía:


De la mano de Emilia Pardo Bazán, la condesa autora de “Los pazos de Ulloa”, he leído el cuento gótico “El Conjuro”, relato fantástico publicado en la antología de 1885 “La dama joven”, en éste un nigromante logra arrancar a sus viejos grimorios la palabra certera que invoca a los príncipes de las tinieblas. Y “El contador”, de “Cuentos Completos”, sobre la propiedad y la infidelidad.

Otro fantástico relato gótico, sombrío, genial, es “El mortal inmortal” de la autora de “Frankenstein”, Mary Shelley, un singular inmortal que a pesar de su imposibilidad para morir continúa siendo mortal.

Luego, abandonando la temática oscura, “El rincón feliz”, o el doble como recurso literario, y “La muerte del león”, o las estupideces del tiempo a propósito de la condición social y moral de la literatura y los literatos, de Henry James, maestro de la corrupción moral y personal. Dos relatos que revelan la peculiar ira del norteamericano, la que le provocaba cuanto había perdido y cuanto, en nombre del progreso, había marcado aquella ciudad que conocía tan bien, a la que amaba y odiaba, Nueva York. “Cuando conozcan a un genio tan brillante, evítenle el terrible deber de ser también una personalidad

Y, por último, mención aparte y especial, ya que siempre es un placer leer a este argentino universal, y especialmente en sus relatos, donde la multiplicidad de temas le permite una mayor experimentación y alambicar el lenguaje de las más distintas y sorprendentes maneras, el libro de cuentos de Julio Cortázar, “Las armas secretas”:

“Cartas de mamá”, la identificación del medio, de la tierra, en la distancia, esa pareja de argentinos afincada en París y con el alma allá. El París tan argentino del autor.

“Los buenos servicios”, a través de las reflexiones y sentimientos de una pobre sirvienta, Cortázar nos muestra la falsedad que hay en las relaciones sociales acomodadas y cómo una mentira puede adquirir matices de verdad solo con expresarla.

“El perseguidor” es uno de los cuentos clásicos de Cortázar. Tanto que éste lo considera como la frontera de su creación literaria, un antes y un después, un nuevo sentido de la realidad y de narrarla: los análisis múltiples de la misma, un uso novedoso del lenguaje, de la prosa, creando imaginarios inéditos en la literatura. Este relato, dicho de alguna forma, habla de la transfiguración del músico de jazz Johnny Carter (un homenaje a Charlie Parker) que, alucinado, (la droga), regresa del mundo de la muerte con una valija de sonidos intraducibles a los que intenta condensar en las notas de su saxo. Una recreación de Orfeo en el mundo del jazz y de la crítica musical. ¿Por qué se crea arte? “Ir a un encuentro no puede ser nunca escapar, aunque releguemos cada vez el lugar de la cita; y en cuanto a lo que pueda quedarse atrás, Johnny lo ignora o lo desprecia soberanamente

“Las babas del diablo”, para mí el mejor cuento, o el que más y atractivas sensaciones me deparó desde su superposición de planos y realidades. Imposible sustraerse ante esto: “Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros. Qué diablos.” La historia de un fotógrafo que, cuando revela unas instantáneas, comprende que se ha adentrado en otra realidad distinta a la que él pretendía captar. Magistral cómo sustenta la realidad desde lo irreal, o lo surreal: “Michel es culpable de literatura, de fabricaciones irreales. Nada le gusta más que imaginar excepciones, individuos fuera de la especie, monstruos no siempre repugnantes” Un magnífico ensayo acerca de cómo la perspectiva y el modo de contar las cosas influye en el mundo material: “Levanté la cámara, fingí estudiar un enfoque que no los incluía, y me quedé al acecho, seguro de que atraparía por fin el gesto revelador, la expresión que todo lo resume, la vida que el movimiento acompasa pero que una imagen rígida destruye al seccionar el tiempo, si no elegimos la imperceptible fracción esencial. No tuve que esperar mucho.”

“Las armas secretas”, es un embrión de lo que luego será “Rayuela” y su cumbre surrealista o experimental o sencillamente eminente. Un relato de horror cotidiano en el que apariencias, recuerdos y realidad se mezclan, llevando a un final abierto en el que no se sabe qué interpretación es la real, y ni siquiera si importa en realidad.


Días de cuentos, de relatos cortos para atenuar punzantes sentimientos.

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