Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



martes, 21 de junio de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Desde la sombra" de Juan José Millás

“Eso era el poder, la capacidad de actuar desde la sombra”



El gran escritor Juan José Millás hace de un tópico del suspense una amarga fábula con diversos sentidos de la moralidad del mundo actual. En “Desde la sombra” (Seix Barral, 2016), toma ese recurso nada insólito entre el voyerismo y la intriga fantasmal, y que a bote pronto me hace recordar las películas “El habitante incierto” de Guillem Morales, “La ventana indiscreta” de Hitchcock, “Peeping Tom” de Powell, e incluso “Body doublé” de Brian de Palma o “Terciopelo azul” de Lynch, y sin entrar en la literatura romántica-terrorífica como por ejemplo “El fantasma de la ópera” de Gastón Leroux,… un recurso que del mismo modo respondería, dentro del imaginario colectivo, a esos terrores infantiles a los monstruos que habitaban en los armarios, “-No sé, de niños nos ocurren cosas inexplicables que no confesamos nunca a nadie. Luego, al crecer, las olvidamos”; y sirve a este maestro de la extrañeza que es Millás para en solo 208 páginas, con su característico realismo fantástico o surrealismo objetivo o fantasías costumbristas, un alegato político honesto contra la soledad en un mundo tan comunicado, del poder y de la pérdida de perspectivas.

“Damián se siente confuso desde que perdió su trabajo. Un día comete un pequeño hurto en un mercado de anticuarios y se esconde en el interior de un armario. Antes de que pueda salir, el armario es vendido y trasladado a la habitación de matrimonio de Lucía y Fede, donde Damián termina instalado, como si formara parte del mueble. La habilidad con que se lleva hasta las últimas consecuencias una premisa imposible, aunque verosímil, imprime a esta novela una tensión extraordinaria. Así, desde su escondite, Damián observa a esta familia. Así, se irá acercando al corazón de Lucía, a sus temores y a sus sueños, y al hacerlo se sabrá por fin respetado y comprobará de todo lo que es capaz al sentirse vivo. El Juan José Millás lector y el gran escritor se dan la mano en esta novela que contiene un fuerte valor simbólico en su aparente sencillez. La mejor prosa millasiana al servicio de una novela brillante que articula las obsesiones del maestro de la extrañeza. Millás es uno de los escritores con más verdad por centímetro cuadrado de página”, Antonio Iturbe, Qué Leer.”

“Dios era quizá el ser más famoso del universo sin que nadie, jamás, con la excepción de algún trastornado, lo hubiera visto”

Millás continúa ofreciéndonos ideas originales en narraciones breves, enormemente lúcidas; con magistral sencillez encaja de manera fácil (y no lo es) la complejidad ya no solo del propio tema sino que consigue que el lector no se pierda y se deja atrapar por el laberinto simbólico o kafkiano de la narración, aquí de misterio e inquietud, y sonría con ternura a un inesperado final.

“- ¿Es usted –preguntó O´Kane- esa clase de maniático que mira debajo de la cama antes de acostarse?
-          Bueno, sí –aceptó Damián esbozando una sonrisa-. Pero creo que soy la excepción. La gente acostumbra a dormirse con ese vacío metafísico debajo de su cuerpo”

Entre la diversidad de temas que nos descubre el autor con su relato, más allá de la generalidad de la fascinación humana por indagar en la vida de los demás, el morbo principalmente y que oculta el verdadero sentido por querer comparar o justificar las propias miserias y virtudes con las de los otros, hay una crítica cruda contra la influencia de la televisión, de la tele-basura interesada en desollar a la gente con impune sordidez, reflejada en el continuo monólogo interior de Damián, el protagonista, como si estuviera en un programa de entrevistas en directo, en un plató televisivo virtual que incluso cuenta con el cameo del prestigioso periodista Iñaqui Gabilondo. Esto no es más, insisto, que el reflejo de un mundo que a pesar de estar tan comunicado, tan mediatizado o polarizado por las redes sociales y autarquías de los medios de comunicación, un mundo tan globalizado, tan poco reservado, tan concentrado, donde a nivel personal cuesta mucho ya no solo entablar relaciones personales como tales, humanas, sino que a la soledad a la que nos aboca se le une las dificultades para salir adelante o intentar revertir las cosas.

“… sintió una corriente de aire que la vació de todo lo que llevaba dentro llenándola de todo lo que se encontraba fuera”

Para mí, sin duda alguna, el mensaje o sentido de la novela que más me ha llegado, al que considero fundamental, es en referencia a su cariz político. Creo que esta es una novela muy política, reivindicativa de un grueso de la población desesperado, desolado, de fantasmas como la propia vida o el rol fantasmal del protagonista de la novela, Damián; la de tantos y tantos desempleados, parados sin posibilidades, invisibles de no ser por unas frías estadísticas, los números impersonales que deshumanizan a gente con corazón, con mente, y con ganas de dar sentido al mundo. Noble la conciencia crítica de Millás, responsable con la virtud social y transgresora que debe tener la realidad y ficción narrativa, que ha hecho de este cuento surrealista un catecismo marxista desaparecido pero necesario, de un derecho sincero, incluso insumiso ante este desdichado contexto de una población de fantasmas o desempleados.

“-Escuchar es un modo de mirar”

Indudablemente no es una de las mejores novelas de este literato tan importante en nuestra literatura española contemporánea; pero sin duda alguna no va a decepcionar a nadie y porque, desde su figurada sencillez, hará reflexionar sobre nosotros y de nuestro papel en el mundo.


“Paradójicamente, ahora que pasaba tantas horas dentro del armario se sentía libre… en el que a menudo había dudado de su inteligencia”.

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