Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



domingo, 19 de junio de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "DIES IRAE" de César Pérez Gellida

“El arte del engaño consiste en hacer creer, no en engañar”



No tan trepidante a la anterior y primera entrega, “Memento mori”, el desafío narrativo de César Pérez Gellida en “Dies irae” (Suma de Letras, 2013) se hace más sofisticado, más retorcido y para conseguir una construcción de mayor solidez, muy bien trenzada, visualmente única, y notable en su narración. En esta segunda parte de la trilogía “Versos, canciones y trocitos de carne”, nuestro Jo Nesbo hispánico (aunque si las comparaciones son odiosas mejor situarlas en su justa medida e invertir los elementos del símil; es decir, los nórdicos tienen en Jo Nesbo a nuestro César Pérez Gellida) continúa explotando y renovando el género negro en una novela para ver, oír, estremecer y comprender; en excepción a la regla de que segundas partes nunca fueron buenas. Más cuando comienza con un sobrecogedor prólogo de Jon Sistiaga, “La mirada de las 200 yardas”, que ya constituye por sí mismo el mejor aviso de lo que vamos a encontrar en las siguientes y turbadoras 568 páginas.

¡OJO! Antes de exponer las consideraciones obvias acerca del estilismo y argumento, prevengo al lector de esta reseña que pase de puntillas por la misma, o mejor no la lea si no ha leído la novela antecesora “Memento mori”. Y si aún no lo han hecho, háganlo, de ninguna de las maneras se sentirán defraudados.

“La acción de este thriller implacable arranca en la peculiar ciudad italiana de Trieste, frontera entre dos mundos. Augusto Ledesma elige el que fuera hogar de James Joyce como primer escenario para continuar su siniestra obra, que alimenta del aliento de sus víctimas y de la humillación de sus perseguidores. Hasta allí se trasladará el inspector Ramiro Sancho en su frenética y obsesiva persecución de un asesino en serie que parece haber acentuado su voracidad. Entretanto, al otro lado de la frontera, el psicólogo criminalista y exagente del KGB Armando Lopategui, «Carapocha», recorrerá las calles de Belgrado junto a su hija y ahora discípula con el propósito de zanjar cuentas con un pasado despiadado del que no logra despojarse. En otra vuelta de tuerca, a través de fugaces viajes en el tiempo, descubriremos cómo se fraguó la relación entre Pílades y Orestes y asistiremos a su sorprendente desenlace.

Tras el rotundo éxito de Memento mori, primera parte de la trilogía Versos, canciones y trocitos de carne, César Pérez Gellida nos conduce de nuevo por los complejos laberintos que conforman la mente criminal desde los ojos de sus protagonistas, ya sean víctimas, asesinos en serie, genocidas o quienes les persiguen. El inesperado desarrollo de los acontecimientos obligará al lector a pasar páginas en una ineludible búsqueda de respuestas.”

Decía que el autor sigue haciendo buenos aquellos elementos que en la anterior entrega significaron los muchos elogios de la crítica y los lectores; asimismo éste se hace más osado, valiente, al introducir ciertas novedades, no diferencias, que mantienen la originalidad e interés por su obra. De hecho, también en “Dies irae”, como el propio título, los latines siguen apareciendo de manos del culto asesino en serie, Augusto Ledesma, “Orestes”, quien sigue siendo el “malo” desde el comienzo de la historia, y al igual que la recurrencia en sus poemas oscuros con los que firma sus crímenes; o los refranes, menos en esta parte, del inspector vallisoletano Ramiro Sancho; o los minuciosos apuntes de psicología criminal por parte de “Carapocha”… Y es que, reitero, es una narración para ver, porque es una prosa muy visual, cinematográfica; para oír, ya que seguimos disfrutando de una particular “banda sonora”, con homenaje de nuevo al “maestro” Enrique Bunbury; para estremecerse con un ritmo adictivo y con un suspense sostenido a través de los mismos y precisos personajes, con todo su peso o carga personal y profesional, en el pasado y en el presente, de las circunstancias que imprimen su fuerza, su carácter, y lo cual dota de mayor atractivo a la trama. Por ejemplo, en este volumen sabemos más del “experimento” psicológico que hizo se conocieran y “entendieran” dos de los protagonistas principales, Armando Lopategui, “Carapocha”, y Augusto Ledesma, en una meritoria profundización de sus psiques excepcionales; del mismo modo, la relación y motivación del psicólogo criminal, Armando Lopategui, “Carapocha”, en la actualidad y en un antecedente íntimo, y doloroso, sucedido durante la guerra de los Balcanes.

“Dies irae”, además, aporta novedades importantes que amarran aún más al lector a la trama. En primer lugar, abandona la ciudad natal del autor, Valladolid, escenario de “Memento mori”, para llevarnos por un recorrido descriptivo fiel de Trieste en Italia y Belgrado. Aunque a mi juicio, cuanto en verdad justifica la novedad en esta entrega, lo que del mismo modo recalca la valentía de César Pérez Gellida, es esa parte fundamental en su argumento acerca del conflicto de los Balcanes, la cruenta guerra que desmembró a la antigua Yugoslavia y con la exposición, dura y veraz, de unas atrocidades que no llegaron a exponerse como realmente sucedieron entre bosnios, serbios, croatas… El escritor, exhaustivamente documentado, nos ofrece una sinopsis amena y completa de las causas del conflicto, de su desarrollo y, principalmente, de las crueldades allí perpetradas. Y es que si Augusto Ledesma, “Orestes”, es un asesino en serie ficticio (aunque en esta y en la anterior entrega el autor nos aporta bastantes ejemplos de criminales que en la realidad, en la historia, incluso superan a la ficción) ciertos protagonistas, y aciagos, del conflicto bélico de los Balcanes son o fueron muy reales. De entre todos destaca Ratko Mldic, responsable en 1995 del genocidio de Srebenica, donde fueron asesinados a sangre fría unos 8.000 musulmanes y a pesar de estar el emplazamiento protegido por los “cascos azules” holandeses.

“El ser humano está convencido de que destruir la cultura de otros pueblos es el camino más fácil hacia su dominación. Lo llevamos haciendo durante siglos”

La narración sigue siendo en tercera persona, a excepción de los capítulos donde el asesino en serie, Augusto Ledesma, toma las riendas, incitando al lector casi en una admiración sombría por la docta, compleja y enferma mente del “serial killer”… Una exposición fluida, marcando perfectamente los cambios de ritmo, los giros en su trama, tan importantes hasta el definitivo, en un final sorprendente e impactante. Una lectura que se hace rápida, intensa, entretenida.

En definitiva, concluyo esta reseña con ganas de leer la tercera y última entrega, “Consumatum est”, lo que da una perfecta idea de esta trilogía de César Pérez Gellida. Muy visual, la tildé de cinematográfica, que se toca, se oye, se siente…; con personajes definidos con esmero, sugestivos, inclusive con los nuevos como la hija de Carapocha; y es a través de ellos donde admiramos la genialidad de su autor, su poderosa construcción narrativa, a la hora de plasmar la complejidad de alguno de los personajes y situarlos en escenarios tan diáfanos, tan percibidos. Una novela, y trilogía, muy recomendable.


“-Fíate de tu intuición incluso cuando creas que estás en lo cierto, solo las mujeres tienen la virtud de interpretar esta gran verdad”

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