Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



miércoles, 12 de abril de 2017

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Media vida" de Care Santos

“El cansancio de tener que empezar por el principio exactamente el mismo día en que se anuncia otra vez el final.”



“Media vida” (Destino, 2017) de Care Santos no es una novela para mujeres; y si lo es, me encanta. Una de esas novelas que se leen de manera agradable, con gusto. No por haber sido galardonada con el Premio Nadal 2017, (no voy a entrar ni menos juzgar a los últimos premios de los grandes certámenes literarios hispanos, si se adecuan o no a las expectativas o a la calidad que debe precederlos, y puesto que lo que tenga que decir ya lo dije en su momento) ni por su contenido un tanto frívolo, o pasajero, esta es una historia que se lee con facilidad, entretenida, sensorial y cuidada, con todos los ingredientes incluso para convertirse en una magnífica pieza teatral. Novela coral con unos personajes femeninos perfectamente trazados, con guiños más a Mankiewicz por su visualización fílmica que a lo que algunos considerarían de Santos en nuestra particular Virginia Woolf. Cinco mujeres, cinco mujeres que una vez fueron niñas. Un retrato social de España a través de la biografía de estas mujeres, durante el franquismo, la Dictadura, y en la Transición… Un relato de amistad y, en especial, de la memoria y el perdón.

“Al fin y al cabo, no hay historia de amor que no incluya, al menos, un cadáver.”

“De noche todos los problemas son más grandes.”

“En pleno verano del año 1950 cinco chicas adolescentes internas en un colegio de monjas juegan juntas por última vez a «Acción o Verdad» o, como ellas lo llaman, el juego de las prendas. Dos de ellas, las gemelas Viñó, están a punto de empezar una nueva vida, llena de interrogantes, lejos de allí. La ocasión es especial y lo saben, pero ninguna espera que esa noche se convierta en un punto de inflexión para alguien más y que sin siquiera imaginarlo acabe marcando su camino para siempre. A través de las vidas de cinco amigas a lo largo de treinta años, Care Santos retrata a una generación de mujeres que tuvieron que construir sus destinos en un momento en que la hipocresía de aquellos que querían mantener las formas a cualquier precio se enfrentó a nuevas miradas sobre la amistad, el amor y la libertad.”

“¿No te sientes extraña en Madrid? Y ella ni lo pensó. —No. Agradezco vivir en un sitio sin memoria.”

“Media vida” tiene un comienzo interesante, intrigante, con el inocente juego de cinco niñas en un internado de monjas durante los años cincuenta. A continuación, el ritmo y la atención no decrece, ni en la situación de los personajes y sus circunstancias, para reunir a las mujeres en el año 1981, el día de la boda de Carlos y Diana de Gales, en torno a una cena que coincide con el cumpleaños de las gemelas que participaban en aquel juego treinta años antes y que no terminó…; con la idea del reencuentro, de saber de sus vidas, de conocer los detalles de aquella noche en la que… Una narración llena de asombrosos giros, de sorpresas brillantes, en un ejercicio de revisión y decisión de las vidas de sus personajes, de “limpiar el fondo de los cajones”, desnudarse, recordar, pedir perdón, adentrarse en un nuevo tiempo… hasta un final de la narración adecuado y, en cierta manera, revelador y definitivo.

“Hay momentos en que para sobrevivir es necesario ignorar la felicidad de los simples.”

Una novela coral, femenina, muy bien narrada, ágil, dinámica, sostenida, de abundantes y expresivos diálogos, con un amplio abanico de matices dramáticos, trágicos, también humorísticos, irónicos, reivindicativos. Aunque en verdad el tratamiento de algunos diálogos no sea el adecuado, no merezcan esa insistencia de un narrador que sobra o se hace innecesario, de que esperábamos más de algunos personajes, el caso de Olga o en su extremo el de la amiga presidiaria de Julia, de algunos cabos que son solventados con cierta y misteriosa premura, como Vicentín… “Media vida” es una obra medida, muy bien estructurada, donde su autora domina con pericia las palabras, el desarrollo, con autenticidad y criterio. Un artificio logrado y óptimo, entretenido.

“Nos empeñamos en buscar grandes razones para justificar la vida cuando, en realidad, nuestros días están repletos de razones diminutas.”

Cinco personajes. Cinco mujeres. Cinco mujeres con las que, de una manera u otra y puesto que son tan diferentes entre ellas, por su educación, por su estatus, por sus ansias o sumisiones, por sus sueños o miedos, por sus apariencias o interioridades, logramos empatizar y adentrarnos junto a ellas en los modos con que interpretan los hechos y el devenir de una sociedad en profundo cambio, cómo intentan cerrar puertas para poder abrir otras, limpiar el fondo de sus cajones, desnudarse de las viejas mordazas, ser en definitiva mujeres en su singularidad. “Marta era aún demasiado joven para saber que la genialidad suele ser fruto del mucho trabajo. Y que el verdadero genio nunca sabe que lo es.” Y en el trasfondo de estas mujeres, de las protagonistas, siendo tan distintas, siempre hay algo que las une, que las reúne, a cuanto no es otro que la coyuntura, la visión, la exigencia de ir hacia adelante, de luchar para que el pasado no sea una rémora y en el que el perdón, más en la amistad, es necesario para avanzar y no retroceder o conformarse.

“La vida ordena por tamaño, de mayor a menor, los recuerdos que duelen. Si los grandes ocupan mucho espacio, los pequeños ni se sabe dónde están.”

“Media vida” bosqueja cabalmente el escenario social de dos mundos separados por escasos años, el de la Dictadura y el de los indecisos comienzos de la Democracia, desde el punto de vista de la vida de unas mujeres cuyos arquetipos coinciden con el discurrir general entonces de España. Un alegato asimismo del cambio, de la liberación de la mujer, en un tiempo, insisto, para nada lejano, sino de una sobrecogedora cercanía y aún latente. Un tiempo pasado en el que estaba mal visto que la mujer estudiara, fuera a la universidad, ejerciera la medicina como una de las protagonistas, a las niñas, en internados religiosos, las hicieran bañarse en camisón, a vendarse los pechos para que no repuntasen las señales de su feminidad, inculcadas en el sacrificio y postración a la familia, al hombre… de la mentalidad sobre el divorcio, la sexualidad…

“—Las mujeres aún pagamos un precio alto por ser visibles —respondía—. Tienes que acostumbrarte.”

Un alegato y un homenaje a estas mujeres que experimentaron cambios difíciles y trascendentales, con una capacidad admirable de adaptarse a los mismos, con el duro hándicap según su educación, su situación, su factor secundario en una sociedad retrógrada y paternalista, inclusive de su lucha personal con la propia hipocresía mediatizada o asumida.

“La vida es demasiado larga para recordarla entera.”

Una novela recomendable.


“—¡Me encantan los finales felices! —saltó Nina. —¿Sabéis que yo pienso que eso no existe? —dijo Lola, utilizando su tono inalterable. —¿El qué? ¿La felicidad? —Los finales. Nada termina nunca. Si las cosas terminaran todo sería muy fácil.”

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