Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



miércoles, 27 de diciembre de 2017

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Después del amor" de Sonsoles Ónega.

“No hay nada escrito… Somos dueños de nuestra historia. Por mucho que las circunstancias y los que nos prejuzgan se empeñen en escribirla por nosotros”



“Después del amor” (Planeta, 2017) de Sonsoles Ónega, solo queda una historia de casi 600 páginas que podía haberse recogido en la mitad. Una historia bastante tópica y exclusa, y de la que, siento decirlo y a pesar de estar correctamente estructurada y escrita, me ha costado bastante acabarla. Una novela a la que no le veo calado para obtener el prestigioso galardón del XXII Premio de Novela Fernando Lara. Una novela romántica basada en hechos reales, un amor catalán de entreguerras, con grandes pretensiones por el importante trasfondo histórico y aunque del que queda o rezuma solo un despegado documental anecdótico. Argumento muy convencional y de una sensiblería enfermiza, incrédula y excesiva.

Sinopsis editorial de “Después del amor”:
“Carmen viajaba en un tren desde Barcelona cuando un cruce de miradas cambió su vida para siempre. Era 1933, y Federico Escofet y Carmen Trilla —él, capitán del ejército; ella, una esposa atrapada en un matrimonio infeliz— tejieron una historia de amor que ni las habladurías, ni la guerra civil, ni el exilio lograrían deshacer, pero que dejó en los tres hijos de Carmen la huella del desarraigo.
Basada en hechos reales, Sonsoles Ónega novela la historia de una mujer valiente que reconstruyó su identidad en una España donde a las mujeres no se les permitía amar y desamar. Una inolvidable historia de amor clandestino cuyos protagonistas tuvieron que enfrentarse a todos los convencionalismos sociales.”

Antes he apuntado que esta es una novela bien escrita y edificada, con la intención, no concreción y si bien sea mi opinión, de seguir el marco amplio de las novelas clásicas. Con la base argumental de un amor que por su dimensión resulta increíble, descomedido, y la que, por otro lado, y no voy a negar el esfuerzo de documentación de la escritora, adolece de profundidad en el ambiente histórico tan convulso y trascendental en el que se desarrolla la misma: Segunda República y Guerra Civil Española, Segunda Guerra Mundial. Además, en unos momentos actuales señalados por los intentos políticos nacionalistas e ilegales de declaración de independencia de Cataluña, resulta muy alusivo el antecedente esbozado en el relato del golpe secesionista durante la República, en los años 30 del siglo pasado, la de una República Catalana dentro de una Federación de Repúblicas Ibéricas. De hecho, el militar Federico Escofet, protagonista de la narración, fue un hombre de confianza del presidente de la Generalitat, Lluís Companys, atrapado por los alterados acontecimientos y por su noble fidelidad a la República española y a Cataluña. Me hubiera gustado, insisto, mayor hondura en esta trama histórica de incomprensión y división que desencadenaría la Guerra Civil. Acontecimientos que, y repito conforme a mi apreciación, no están lo suficientemente entretejidos, cruzados, a los obstáculos por los que transita la intensa relación amorosa entre Carmen Trilla y Federico Escofet, con toda su pesadez y detalle y sufrimiento desbordado. Tampoco voy a negar que quizá para los amantes de la novela romántica encuentren en ésta una maravillosa y emocionante historia propia de su índole narrativa y narrada con solvencia.

“La guerra era eso que se construía con retales. Medias verdades. Y medias mentiras”

Reconozco la reflexión y conformidad con su mensaje. El mensaje y el derecho de la mujer por cambiar las leyes y conductas en torno a una mentalidad y moral retrógrada.
El grito de liberación, de igualdad, de terminar con el tradicional sometimiento paternal y masculino, personificado en la lucha personal de su protagonista, Carmen Trilla, con valentía y defensa, (también a moco tendido) en sus más elevadas consecuencias, despojándose de las trabas de la usanza y del tiempo, de los matrimonios infelices, opresivos, en favor de la libertad, de la realización individual y de la gran quimera de la felicidad instalada en el amor.

“Todas las guerras guardaban un tétrico parecido”

Indudablemente no es una novela histórica, sino la de un romanticismo inmoderado, y, con independencia de estar basada en hechos y personajes reales, no importa, bajo un hilo argumental, y si me permiten el juego de palabras con su protagonista Carmen Trilla, muy trillado. Una relación amorosa, en unos tiempos agitados, marcada por la frustración y la desgracia. Un amor que no crece como las expectativas creadas e irresueltas de la novela. Al igual, o en torno a esos detalles o subtramas que aparecen, de los que creemos van a tener más recorrido por su interés, y luego se esfuman como si se arrancaran de improviso, de un manotazo, como unas incómodas hilachas que dejan una sensación controvertida, incómoda en la lectura; tal es el caso de la situación envuelta en la intriga, en cierto misterio, de una mujer fatal, Dolores, y su obsesión maligna por Escofet, desvanecida en el énfasis de la propia relación sentimental principal. Relación narrada sin erotismos, con una delicadeza y pudor asombrosos, pletórica de sufrimientos y ausencias. Una historia prescindible.


“Cada tiempo tiene su sangre”

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