Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



jueves, 1 de marzo de 2018

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "No quisiera estar en sus zapatos" de William Irish.

“ – Pero ¡no huyas de los fantasmas!
– Son fantasmas bastante sólidos –dijo él oblicuamente.
        Es huyendo como los estás haciendo tangibles.”



“No quisiera estar en sus zapatos” y “Fue anoche”, (El País, Serie Negra, 2004), son los dos relatos de esta breve novela escrita por Cornell George Hopley-Woolrich, más conocido por sus seudónimos William Irish o George Hopley, y quien ha sido considerado el precursor del suspense en el género negro; por la atmósfera sobrecogedora, opresiva, desasosegante de sus narraciones con las que atrapa el interés y emoción del lector. Probablemente, aunque su obra esté entre los clásicos memorables de la novela negra, su nombre no les diga nada; sin embargo, por mero reconocimiento, escribió “La ventana indiscreta”, llevada al cine en una visión magistral de Alfred Hitchcok e interpretada por James Stewart y Grace Kelly; autor que con seguridad influyó, como podría ser el caso de Tarantino, en tantos y otros y buenos directores del thriller o intriga; y así como en el universo de la narrativa policíaca, con el ejemplo notable de Dashiell Hammett.

Dos historias sencillas a las que el autor exprime con una trama perfectamente hilada, dotándolas de una carga extraordinaria de emoción, tensión, intensidad, inquietud, muy lograda y soberbia. En la primera, “No quisiera estar en sus zapatos”, (según la expresión inglesa, “I wouldn´t be in your shoes”, de ponerse en el lugar de alguien) una obra maestra, presenta a un matrimonio en el que el esposo, sin poder dormir por la situación económica y el ruido de los gatos, desesperado, tira sus dos zapatos para ahuyentar a los animales. Cuando baja al exterior a buscarlos,
los zapatos no están, inexplicablemente aparecen al día siguiente en el umbral de su puerta. Nada preocupante hasta que aparece un anciano asesinado, alguien de quien se pensaba vivía en la indigencia y por contrario con muchísimo dinero en efectivo, en el lugar del crimen se encuentran las huellas de los zapatos...

“Tal vez el carácter, como las prendas de vestir que se dejan mucho tiempo colgadas sin usar, se deforma”

En “Fue anoche”, otro matrimonio con deudas económicas fracasa en su intento de convencer a un empresario para que les conceda un préstamo. Éste desaparece misteriosamente, con su dinero, y todo parece indicar que el esposo se encuentra tras los pormenores de la desaparición… Perdonen que, dentro de la brevedad de los relatos, sea igual de sucinto en la reseña; comprenderán pues, más en este género, la insinuación, solo la incitación a una lectura que será interesante y palpitante.

“          Por un momento, sólo por un momento, Jacqueline se olvidó de todo lo demás para no pensar sino en esto: ¡Gil iba a confesar!... Y precisamente porque a Gil no le había resultado tan fácil llegar a esa determinación, porque había tardado tanto tiempo en decidirse, era por lo que ella le apreciaba más. La imperfección cautiva más que la perfección.
-          ¡Ah, muchacho! –murmuró Jacqueline con los ojos húmedos, llevándose el papel a los labios.
Lo bajó de nuevo, helada, mientras lentamente lo arrugaba con la inconsciente presión de su mano. Luego corrió hasta la ventana, atraída por el ruido, pero llegó demasiado tarde, sólo un segundo”

Relatos kafkianos con un trazo, para mí, inconfundiblemente borgiano, en los que Hopley, Woolrich o bien Irish despliega un contexto de “miedos atávicos”, en los que “nada es superfluo ni gratuito”; irrespirables, sofocantes, a los que devoras de manera casi literal para dejar una sensación insaciable, la de disfrutar aún más de tan buenos momentos de lectura. Recomendable.


“Un mecanismo defensivo. El fracaso tratando de impedir la conciencia de sí mismo”

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