Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



sábado, 19 de mayo de 2018

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Una voz en la noche" de Andrea Camilleri.


“Una voz en la noche, anónima, había hablado con él. Una voz que podría haber sido perfectamente la de su propia conciencia”



Expresa el dicho que si algo funciona, para qué cambiarlo. Y a esto, afortunadamente, se aplica el longevo Andrea Camilleri con su serie del comisario Salvo Montalbano (personaje creado en homenaje al gran Manuel Vázquez Montalbán); no solo no retoca las características de su narrativa policíaca, sino que mejora los relatos año tras año y para dicha de sus seguidores. Un autor con oficio. “Una voz en la noche” (Salamandra, 2016), la veintitanta de la saga Montalbano, vuelve a ser un estupendo entretenimiento literario, novela negra de altura, ágil, crítica e inteligente, de mucha acción y diálogos incisivos, magistrales; siendo tan similares, cada libro ofrece una nueva e interesante historia.

Sinopsis editorial:

“El día de su cincuenta y ocho cumpleaños, el comisario Salvo Montalbano tiene un altercado en la autopista con un conductor imprudente, un joven que resultará ser el hijo del presidente provincial. Esa misma noche se produce un extraño robo en un supermercado controlado por la familia Cuffaro, una de las más notorias de la mafia local. Cuando Guido Borsellino, el director del establecimiento, se suicida tras el durísimo interrogatorio al que lo someten Montalbano y Mimì Augello, que lo acusan de haber amañado el robo, la opinión pública pondrá al comisario y a sus hombres contra las cuerdas. Pero las cosas se complican aún más cuando la jovencísima prometida de Giovanni Strangio, el conductor temerario, aparece salvajemente acuchillada en casa de éste. Los obstáculos se suceden durante las pesquisas, y Montalbano se verá envuelto en una doble trama en la que el crimen organizado y la política parecen estar dándose la mano por debajo de la mesa. Borsellino, por supuesto, no se suicidó, y para descubrir el secreto que se llevó a la tumba, Salvo decide actuar por su cuenta y tirar de todos los cabos sueltos que tiene al alcance de su intuición. Las dos investigaciones se entrecruzarán y la incómoda verdad será una prueba más de la infinita dimensión que puede alcanzar la miseria humana.
En esta nueva aventura, compleja, siniestra y fascinante a un tiempo, el comisario Montalbano se muestra más escéptico e irreverente que nunca, y no duda en tomar carreteras secundarias para seguir su instinto infalible hasta el final. Vigàta y Montalbano son siempre los mismos, pero, en cierto modo, crecen y se transforman con cada nuevo caso.”

De nuevo el cascarrabias Montalbano, quien acaso por su cumpleaños, 58 años, más irritable e impaciente, más cáustico y suspicaz; mirando en punta a su ayudante Fazio, tan metódico, tan perfecto, o soportando el sarcasmo brillante del forense Pasquano, la comicidad desesperante del bedel Catarella, con esos mensajes o recados desternillantes (“en persona personalmente”), como siempre, y al que no le importa transgredir normas y reglas si estas no cuadran, divergen del sentido común; amante de la cocina, de copiosas cenas en el porche de su casa de playa en Vigáta, a pesar de sus digestiones cada vez más difíciles, del amor abierto con Livia, también en continuo duelo y desplantes, o el fiscal Tommaseo, la polivalente Mimí... o manteniendo su opinión, como fundamental apotegma policíaco, de que los asesinos son unos imbéciles.

“… destino de los seres inteligentes era, sin lugar a dudas, terminar devorados por algún imbécil espabilado”

Insistir en la enorme habilidad de fraguar los diálogos, maravillosos, y no es fácil hacerlo, que conciben muy fluido el argumento, muy trasparentes y cercanos a sus personajes, humanizándolos, afinando sus cuitas y personalidades, magistral Camilleri.
Los diálogos y las parcas descripciones, suficientes, dotan al relato de una agilidad y un solaz simpar, con los que edifica una armazón sólida y efectiva, una trama de ritmo vertiginoso y atractivo. Este es otro de los ejemplos, con un doble caso que en principio parecen no ser coincidentes: el atraco en un supermercado con el aparente suicidio del director del establecimiento, junto a un enfrentamiento de Montalbano con Giovanni Strangio, hijo de un influyente político local, y por unas circunstancias de tráfico y a lo que se suma el asesinato de la novia de éste. Una historia, como tantas suyas, en la que faltan páginas para deleitarse aún más con su lectura.

La mafia, como una más de las instituciones italianas, junto a la corrupción política y la manipulación de ciertos medios de comunicación, constituyen el trasfondo crítico de la novela.

Nada más que reseñar de esta “Una voz en la noche”, solo incentivar a que la lean, a que disfruten sobremanera de su frescura, humor ironía e inteligencia. Importante Camilleri. Novela recomendable.

“A los italianos no les gusta escuchar voces libres, las verdades son un estorbo para su cerebro en somnolencia perenne, prefieren las voces que no dan la tabarra, que les confirman la pertenencia al rebaño”


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