“¿Qué sigue pagando el otoño con tanto dinero amarillo?”, se preguntaba y nos preguntaba el poeta, Pablo Neruda.
Y el Otoño respondió, aquí en la Alameda del Barrio San Francisco donde tiene su crisol, su más consciente expresión; quizás fue lo último que dejó caer con todo su fulgor, antes de marcharse o con languidez deshacerse en invierno o en otro sueño de cobre y color: la VIDA.

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