La mañana me ha sorprendido y asimismo me ha llenado con una explosión dormida, sí, así, tal vez como un apunte de magia, poesía, imaginación;... como uno de esos imposibles posibles que hacen contraer el pecho, repartir escalofríos o nervios de ilusión, latir el corazón, poner una melodía de silencio en los oídos y un destello de luz en la curva de una sonrisa o en el espejo infinito de unos ojos legañosos de rutina y emulación. Encontrándome con este inesperado y agradecido frenesí apagado, pausa turbulenta, sentía, escribía, y sigo con la escena o fractura o epifanía que me hizo parar, respirar, olvidar, a que no me importara nada, nada salvo aquello; ni lo que dijeran los otros del ruido y uniformidad que me miraban, reían y trataban de disimular la herida que se les abría y a la que siempre maldecían; ni menos me importaban los que en bárbaras hordas vendrán, colonizarán por horas o saldos, zafios prometeos de renta-car y manecillas del reloj e Instagram, ahora no estaban y el Universo condescendía con un milagro y excepción, sea "low-cost". Aprovecha, parecía decirme... Nada, nada, fuera, fuera, vuela, vuela, libre, más, más libre, o más desnudo, más ligero, me decía yo o aquel yo es otro... Con todos los poros de mi piel abiertos como una flor al amanecer, como aquellos primeros apuntes de inspiración en un vacío pentagrama, en una hoja en blanco o aquella otra que con languidez cae de un árbol de mi alameda, para dejar entrar, dejándome llevar, inundándome de confianza, color y de un sentido original de la ciudad; esencia, identidad, promesa... Afuera y tan adentro, en mi tierra y sangre, raíz y mimbre, ascua y hielo, piedra y cielo, en mi vida. Un extraordinario retal de mi Vida.
Aquí estoy...
Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche los atardeceres, los arrabales, algunos espejos de azogue interior, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor, acaso de lo mío que encuentro en mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario