Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche los atardeceres, los arrabales, algunos espejos de azogue interior, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor, acaso de lo mío que encuentro en mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



sábado, 6 de diciembre de 2025

"MAÑANA SIN NAVIDAD"

 La mañana no entiende de preámbulos navideños, de expectativas, deseos y menos de epifanías. Una mordaza de niebla silencia a los fatuos posibles, a la muchedumbre deshumanizada que llegará luego, a la realidad. La realidad doliente, de un suspirar de inquieta melancolía que la hace latir, moldearse, danzar, a la niebla, a hacerla viva, a resucitar de innúmeras ilusiones rotas, ninguna suya, todas nuestras; tal vez lloradas, de resignado final, otras, íntimas... Identidad perdida. Esencia incompleta, fragmentada, despedazada, de mundos en el mundo, a los que solo la mañana, y ciertos paréntesis de la noche más profunda, logra reunirlos, a los pedazos, a las heridas, a las luces o quimeras, para que comiencen de nuevo, de nuevo en lo que quieran. A que la vida se reinicie, con el día, con el momento, a la búsqueda de otra fantasía, otras ganas, o las mismas, de un más que ayer y menos, precisamente, que mañana. La mañana. Los fuegos. Las cenizas. La aventura. Allá un horizonte de sierras nevadas, tras la reja de lanzas. Un fulgor de amanecer, un ascua, titilante como la oblicua pupila de un gato que recorre los tejados de la oscuridad que se hará promesa, día, como después lo harán esas guirnaldas que cuelgan con insolente trepidar de sus bombillas. Un cielo cerrado, claro, muy arriba. La página en blanco, para escribir una nueva historia. Vacíos que hay que llenar, aunque sea de nada. La mañana es mañana, ahora, siempre hoy, soberbia y permisiva. Mañana. Una eternidad calma, fría, húmeda, desnuda de mitos y piedras, de épicas y fábulas, de religión y costumbre, de Barrio y confianza...; sin ruidos, sin venganzas, sin exigencias. Mañanas sin Navidad en Navidad. 



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