Y las arterias, las venas, vetas, hebras, estiradas raíces, cada una de las calles de suelo de piedras, de piedras grandes y pequeñas, de insólitas cartografías, continentes desaparecidos, de cantos redondeados, planetas en colisión, detenidos, de paredes de cal pura, desconchones imperfectos, de hierros negros y poco retóricos, de ventanas con visillos como nieblas de madrugada, de puertas abiertas, presencias, de saludos, sonrisas, de preguntar por los tuyos, de reciprocidad en el afecto, de costumbre y respeto, aunque de estos cada vez menos, los tiempos y los muertos, excepciones que aún continúan tildando al pueblo, a este Barrio, a un espacio donde el ayer vive, respira nostalgias, recuerdos, con ellos, nosotros, a vecinos que no son extraños y a los que mirar a los ojos e incluso alcanzar la tibieza de sus manos ... Arterias, venas, ... calles, propias, asimismo para quienes, ajenos, sienten y acompasan su pulso a estas; por las que fluye, dije, exhalé anoche, golpeó mi pecho, estremeció así a la sangre, fuerza, tradición y porvenir, para desaguarlos, a que confluyan, viertan, a que se vacíen, derramándose en el corazón, en el alma del lugar o a través de una imagen en el espejo de los días, en el corazón de todos que late o por el que late el universo.
Y ahí me detengo y avanzo y recorro el presente con impulsos y escalofríos del pasado o memorias y sueños eternos, o los que tenían que ser imperecederos, permanentes, para siempre.
Y me detengo y avanzo si no con cautela, con zozobra, con miedo. Y no debería tener miedo. Miedo porque pronto, a la vuelta de una de esas esquinas de incertidumbre y nervios, las obras se abatirán por su superficie y entrañas. Y desconozco, una vez terminados los trabajos, la cirugía, ¿el experimento?, si será otra, ya no un remanso de sosiego y encanto; si la Alameda me resultará o nos parecerá extraña, fría, insensible, marcando el tópico, la dentellada de un voraz consumismo, y no el latido que ahora es el mío, nuestro, y el de un mundo con significado y misterio.
Entretanto, entro. Y avanzo. Y dejo de ser yo para ser aquello. E insisto: Todo está en su lugar. No pido más. Por ahora. Mañana ya se verá. Ese miedo.

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