Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche los atardeceres, los arrabales, algunos espejos de azogue interior, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor, acaso de lo mío que encuentro en mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



martes, 1 de diciembre de 2020

"SIMULACRO DE NADA"

 


Abrir los ojos de madrugada y observar, desde el lecho, a través de la estratégica ventana vaciada en el techo, la llaga de un nuevo día que derramaba un hilo etéreo de sangre. Abrir los ojos, ver, y pensar en unos pasajes, leídos de aquella manera concentrada para conciliar el sueño la noche antes, curioso, casual no lo fue y si bien ignorase para siempre su causa, del poemario “Poesía y realidad”, del poeta argentino Roberto Juarroz (léanlo, por favor) que en 1992 publicó Pre-textos. Abrir los ojos y pensar en la lectura anoche y, sin ser un poeta cultivador de letras, él sin duda, en unas letras heridas como ese cielo alboreado y desgarrado, para urdir un nuevo día con la posibilidad, abierta ante mí, de “fracturar la realidad aparente o esperar que se agriete, para captar lo que está más allá del simulacro.” Ni decir tiene que el aliento, la expectativa, entonces habían sido lo suficientemente efectivos como para coger la vida por uno de sus extremos, con esa sutilidad que penetra en la superficie de las cosas y con la que descubres ciertos y secretos mimbres de la realidad, de la existencia que tienes que vivirla y no sobrevivirla, la mirada que no ve nada tras el espejo del diario. No, no voy a escribir un poema… no serviría de nada.

 

“Escribir un poema sobre nada,

donde puedan flotar todas las trasparencias,

lo que no conoció nunca la condena del ser,

lo que ya lo abandonó,

lo que está por empezar

y tal vez nunca empiece.

Y escribirlo con nada o casi nada,

con la sombra de las palabras,

los espacios olvidados,

un ritmo que apenas se destaca del silencio

y un silencio acotado en un punto

por detrás de la vida.

Un poema sobre nada y con nada.

Quizá todos los poemas,

pasados, futuros, imposibles,

puedan caber en él,

por lo menos un instante cada uno

como si descansaran en su forma,

en su forma o su nada.”

 

Nada. Solo un abrir los ojos a la mañana, y pensar, con voluntad, y a saltar las legañas con unos versos lastimados de Juarroz, y apreciar la vida a través de una oportunidad. Ahora. Luego, al echar los pies en el suelo, sentí que este estaba muy frío.

 

 

“SIMULACRO DE NADA”

F.J. Calvente ©

 

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