Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche los atardeceres, los arrabales, algunos espejos de azogue interior, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor, acaso de lo mío que encuentro en mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



martes, 30 de marzo de 2021

"MARTES SANTO"

 Martes Santo.

 


Hoy has vuelto a ver a Dios. Cuando se es consciente, y se quiere, es tan sencillo con mirar, con mirar desde adentro. Entonces ves y sientes a Dios. O solo entrevés tu reflejo en el espejo del mundo. Intentas definirlo, comprenderlo. Con palabras ahora que escriben los ojos abiertos, las que leen y reconocen el corazón, tendidas en los renglones torcidos de los estremecimientos. Religión, tal vez. Concibes la revelación, acaso la de la religión pura. Una o aquella que no es religión. Respiras con profundidad y sonríes, también desde adentro. Y con esa voz interior, el suspiro que se vierte por todos los espacios de tu cuerpo, al igual que el Dalai Lama, gritas en silencio y oyes tu propio eco: “Esta es mi simple religión: no hay necesidad de templos, no hay necesidad de filosofías complicadas. Nuestra propia mente, nuestro propio corazón es nuestro templo; la filosofía es la bondad.”

 

 

F.J. Calvente ©

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