Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche los atardeceres, los arrabales, algunos espejos de azogue interior, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor, acaso de lo mío que encuentro en mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



lunes, 29 de marzo de 2021

"LUNES SANTO. CAUTIVO"

 


Lunes Santo.

 

Hoy rescato un texto que escribí, a vuela pluma o con ese pálpito del momento, hace cinco años, en el limpio reverso de una cita para una consulta médica en el Hospital Regional de Carlos Haya, en Málaga. Una confesión, espontánea y secreta, motivada por la foto, esa, con la que tropecé expuesta en una cristalera, desleída con fantasía por los cálidos y persistentes humores de una cafetería, “Oña”, el día después del desfile procesional de Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad.

 

 

“CAUTIVO”.

 

“Cautivo” es la palabra que amarra, en esta mañana soleada y agradable en Málaga, la necesidad de los labios, la medida de los ánimos; modula la voz y luz de tantos malagueños a los que veo, sonrío y envidio por su reunión ayer, en el atardecer, por sus calles y plazas, con el alma que completa alguna de sus piezas de emoción y nostalgia. Palabra que vacía, derrama fuera un escalofrío lento, templado con el susurro de una honda emoción que aún en el silencio declama a gritos su temblor, compartido y adentro. La palabra allá impresa, en un cartel impresionante, en su imagen de hondura y reconocimiento. La palabra indeleble, la de una cercanía tan lejana, y bella, tan ensimismada, y afecta; indisoluble aún con los fulgores en miles de ojos húmedos por unas lágrimas incómodas, las de una lluvia inoportuna y apóstata, luego aliviados por la dicha de la pausa definitiva, por un favor o una coincidencia insólita; luminosa con la de otras miradas que viendo no ven al cielo, permisivas con el fervor, con la penitencia o una peregrinación hacia la melancolía. Palabra llena, llana, jamás saciada, tildada con rocíos de romero, azahar, de cera quemada, tan trabada como la brisa de la mar que hace tintinar sus llamas, desgajadas del incendio de un crepúsculo intrincado de espinas, de redención y esperanza blanca. Sentimiento Cautivo.

 

 

F.J. Calvente ©

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