(Relato oficioso de Feria, sin que necesariamente las mejores historias comiencen en esta).
La Feria del Barrio tiene quien le escriba. Y a pesar o por mĆ”s ventanas y puertas que se cierren, para que nada ni nadie moleste o ensombrezca a la mĆ”s ilustre sombra y por absoluta. Hoy, este aƱo, es el otoƱo quien escribe, quien toma el testigo de las letras y de los silenciados por imperativo oficial o ridĆcula represalia personal, revancha sin olvido y maƱana, y de los nostĆ”lgicos que sienten el desgarro, la herida y mĆstica sin perdón ni sutura. Es el otoƱo quien escribe a la Feria, en una de esas hojas o espejos que ya jamĆ”s caerĆ”n de uno de los mutilados Ć”rboles de la Alameda:
"Yo, OtoƱo, aquĆ he llegado, como he hecho quizĆ”s desde tiempo inmemorial, no en las frĆas fechas marcadas por el Observatorio Astronómico Nacional, no, sino con la Feria del Barrio, o de manera mĆ”s precisa, que luego mis ceporreros se irritan en su orgullo o mejor privilegio, con la Real Feria y Fiestas del Barrio San Francisco, de Ronda. En verdad, yo, OtoƱo, anunciaba mi llegada como colofón o como un fin de fiesta o como el estallido, con su belleza heredada, de risas, mĆŗsicas y contentos del momento, como si el Barrio fuese un globo que durante una vuelta al sol se infla, se infla..., de deseos y expectativas, hasta que explota en un gran desenlace de las fiestas, como una traca final de esas que se perdieron como se perdió la voluntad del propio Barrio, irreconocible en su postración, resignación, a otro mando y ruego y antojo, en su tradición, a la Feria. Yo avisaba unos dĆas antes con algĆŗn que otro aliento o suspiro que hacĆa precipitar al suelo a las primeras hojas de la plaza, pintadas de ocre o bronce o de la cal de un bonancible refugio, a enfundarse las primeras camisas de mangas hasta las muƱecas o una rebequita de punto y ligera, con los primeros vecinos que comenzaban a buscar el sol y no las sombras mĆ”s largas en los poyetes de la alameda. Ciertas son las excepciones en los Ćŗltimos tiempos y trayectos, ya incluso axiomĆ”ticas, por un cambio climĆ”tico que no me tiene en buena estima y hacia prorrogar el verano hasta los mismĆsimos cuarteles del invierno, maniatĆ”ndome a solo una nostalgia o sufrimiento dulce, intrĆnseco y legendario. Terrible. Mas nunca perdĆ la fe. La fe por recuperar aquellos derrumbes e incendios en los dĆas de Feria. Al fin y al cabo, ¿verdad?, ella y yo compartimos idĆ©ntica magia visual y emocional.
Hoy, este aƱo y ojalĆ” la llamara edición, aĆŗn siendo una de aquellas excepciones, no es el mismo solaz o no comparte su excusa o refutación e inclusive aƱoranza cuando se toca la entraƱa y, como una tecla, resuena para que se la tenga en cuenta. He llegado a este octubre, yo, OtoƱo, aunque no con la Feria del Barrio como antaƱo. Porque no hay Feria, sino festejo, un indicio, una marca en el calendario, un aguijonazo de melancolĆa en el alma, aquella excepción y novedosa, un fragmento de una memoria desgajada, una raĆz rota, un vuelo truncado o a medias, una promesa..., una verbena. No, no hay Feria: si no hay coches de choque, el mĆtico "Autochoque Valencia", no hay Feria; sin el "gusano" o el "KingKong", no hay Feria; sin casetas de tiro o de aquel "tiro pichón", no hay Feria...; sin esos carteles con el patrón, San Francisco de AsĆs, conmemorando su aƱo jubilar, al octavo centenario de su trĆ”nsito, sin esos papeles como pentagramas de la Alameda que caĆan y abrĆan las tiendas, bares, comercios..., apuntalando la efemĆ©rides, identificación y el animo, no hay Feria; sin programas de Feria, con sus variados y tópicos "Saludas", con sus imĆ”genes de ayer y de hoy tan de adentro o cercanas, de sus colaboradores o "religiosas" contribuciones, con sus vacĆos o huecos de otras expresiones de riqueza cultural, sin las fotos de reinas y mĆsteres, para curiosearlas, admirarlas y sonreĆrlas en guiƱos y satisfacciones bellas o de belleza ("SerĆ” que al Ayuntamiento o a su autoridad mĆ”xima no le ha dado tiempo a repartirlos, carteles y programas, a horas de inaugurar la Feria -susurra ese que firma arriba o abajo y quien me ha cedido su espacio-, conforme a su obsesivo control y resarcimiento por todo, o quizĆ”s los reservan para el Tostón en Todos los Santos... Y es que el humor es el mejor antĆdoto contra el veneno de la contrariedad." Silencio ensordecedor, ubicuo y ecumĆ©nico en la Asociación de vecinos, de vecinos, y en la Hermandad, del Santo Entierro, o en el rudimento residual de lo que otrora fue una Junta de Festejos, reunión o encuentro, donde todo se construĆa y asimismo se deshacĆa, incluso los sueƱos. Convivencia), no hay Feria; sin la Alameda, sin ese profundo latir del corazón del Barrio, no hay Feria. Solo verbena. Verbena en el atrio de Virgen de Gracia y derramada con esfuerzo por San Acacio y Ruedo Alameda. Verbena.
AquĆ he llegado, yo, OtoƱo, al Barrio; pero por esta vez sin Feria, sin formar parte de un aspecto de su identidad, de su esencia, de su sentimiento o sensibilidad y ni siquiera como actividad en un programa virtual y restringido. No traigo con esto ninguna queja, ni crĆtica, ni miedo que me haga mirar a otro lado, a otra parte donde la conciencia no remuerda. TambiĆ©n el guateque tiene sus marionetas. No en vano, «cada uno habla de la feria segĆŗn le va en ella». Sigo acercando una luz mĆ”s recogida, aliento y fulgor para vivir y no existir en estos tres dĆas de desquite antes de que llegue el invierno y lo pare todo; os pare para reflexionar quĆ© os sobra, quĆ© no os reconoce, quĆ© os hace mirar atrĆ”s para no afrontar el futuro, quĆ© o cuĆ”nto hay que desalojar, de malo o innecesario, para albergar lo nuevo; tal como os he enseƱado: a amar lo vuestro y a soltar lo que no os pertenece, porque soltar tambiĆ©n es una manera de florecer. Os propongo a que mudĆ©is el hato, a que os deshojĆ©is de miedos y cadenas. Os aporto ganas, confianza, energĆa, ilusión, color, inspiración, amistad, diversas formas de disfrutar del ambiente, de la fiesta, en la... ahora verbena. Pero tambiĆ©n os aproximo o insuflo responsabilidad, comprensión, oĆdo y decisión; a que esta fiesta como todas las de hoy, calcomanĆas, a este indicio y excepción, no signifique una pauta, ordenanza, una obligación, de coartar las maravillas del universo en este horizonte fantĆ”stico del arrabal, para futuras ferias, verbenas de facto, sino a un compromiso, voluntad, un reencuentro con la tradición en su mejor versión, y en la Alameda, sea cual sea su cara y alma despuĆ©s de las obras. Sin Alameda, no hay Feria, tampoco yo, otoƱo. Hasta entonces, vive la Feria, ama la Feria, sĆ© ella y porque la vida es una feria, que maƱana siempre serĆ” demasiado tarde para todo.
He dicho o escrito".
No hay comentarios:
Publicar un comentario