Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



domingo, 31 de agosto de 2014

LIBROS QUE VOY LEYENDO:


Un placer, como siempre, leer a Francisco Umbral. "Madrid 650". En la Hueva, un barrio de chabolas en el extrarradio de Madrid, vive y acaudilla desde un vagón olvidado de tren Jerónimo (Jero), jefe de una tribu suburbial, sin más verdad que su cabra, Gilda. Umbral narra una historia de historias atroz, primaria, instintiva, en la que un realismo sucio, de una corporeidad como cualquier otra, se expresa, se justifica, se reivindica, en las situaciones, en los contextos, en el extraordinario elenco de sus personajes, más duros y sombríos (mendicidad, delincuencia, particular justicia sumarial y su fin en "la calera", amor, sexo... curioso subsistir en los muertos del cercano cementerio de la Almudena y con quienes cubren sus necesidades de vivos y desheredados), recreando un universo negro, resignado, violento y exclusivo y restringido. La rotunda, vehemente prosa de Umbral, su personalísima forma de ver y contar las cosas, que a nadie deja indiferente, atrapa el interés y las emociones del lector, de su cabeza, corazón y estómago, con la fuerza y  lirismo de una crudeza real y trágica, desbordante, escalofriante, perdurable y polémica. Grande Umbral.

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