Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



lunes, 15 de septiembre de 2014



Los mundos de belleza parecen ser refugios desesperados


Melodrama o: La increada conciencia de la raza, novela de mi admirado Terenci Moix. De hecho, no voy a descubrir a estas alturas mi debilidad por este grande entre los más grandes de la literatura, y, asimismo, indicar que en esta obra encontramos al Terenci Moix de siempre: el transgresor genial, el escritor sincero que no oculta sus desasosiegos y reflexiona sobre lo que más quiere y lo que más teme. Bien, “Melodrama” es un análisis despiadado del “impasse” en que se encuentra la burguesía catalana, y que, en la actualidad, nos permite reflexionar sobre el “affaire” de la secesión de Cataluña  y la catadura política de sus valedores: “La desmitificacion amarga y vengativa de un pasado burgués catalán que los más autorizados querían glorioso y Narcis veía ajado... Y que se refiere a un proceso de relaciones económicas... que indica quienes son los amos de los afectos, quiénes los pobres siervos”, sin mayores comentarios, concluyente, vale que luego volveré a retomarlo. Moix, en resumidas cuentas, literariamente, resucita dos grandes temas de Stendhal y de la ópera italiana: la pasión y el lirismo. El tiempo, la ruina, la derrota de unas generaciones sobre los amores perdidos y por encima de todo el fantasma de una historia frustrada. “Ni una pizca de aňoranza, ni un poco de llanto por la lejana realidad de un virolai amortiguado más allá de su hambre inagotable de realidades universales” “Melodrama” es también una nueva contribución a la vocación de escándalo como ruptura abrasiva, la corrosión magistral que caracteriza a Moix, sobre todo en el tema de la sexualidad, o en su visión de una Barcelona, más que Cataluña, universal y sin limitaciones ni circunscripciones, a patrias y banderas: “Curiosamente, él había llegado en busca de unas razones políticas, y a lo largo de la noche sólo había despertado curiosidad a causa de sus posibilidades eróticas. Si aquella gente formaba parte del mundo al que debía integrarse, por una innata fatalidad, hubiera deseado saber por dónde iban, qué pensaban, por qué ideal podría luchar a su lado”, para sintetizar el conflicto, o este absurdo incómodo, en su alusión a la señera catalana o escudo de Cataluña como “Cuatro barras de sangre que chorreaban como una menstruación aguada... “.
“Melodrama”, además de una guía soberbia de descripciones de ese Port Serrat en la pluma melancólica del autor, es, una vez más, la búsqueda de la belleza transgrediendo las formas, los prejuicios en torno a la sexualidad, el homosexualismo. Y regreso, finalmente, en la  insistencia de la desmitificación de la “nación catalana”, será por estar tan en boga en estos días, en estos tiempos complicados, tan sutilmente enmascarada por los propios adictos políticos independentistas, la argumentación de Terenci Moix, profética, incluso mítica, aporta la sensatez perdida, la medida de la belleza asimismo en este contexto difuso, intangible, fundamentalmente económico, reivindica el equilibro del universo: “¡Esta tierra abierta a todas las mentiras, porque su clase dirigente nació mentirosa por naturaleza!...  Ahora esconden la ruina colectiva con espejos dorados...  te digo que hacen trampa, que siempre la harán... ¿Qué mitos de inútiles triunfalismos? ¿No comprendes que nuestra conciencia es nuestra derrota?...” Imprescindible.


La búsqueda de la Belleza. Gracias, Terenci.



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