Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



sábado, 27 de diciembre de 2014

LIBROS QUE VOY LEYENDO:

MI COLOR FAVORITO ES VERTE    Pilar Eyre


“¡Soy adivina autodidacta! ¡Tengo pensamientos premonitorios! ¡Por algo me he hecho escritora!”


No conocía a Pilar Eyre… Miento, conocía a Pilar Eyre solo de sus apariciones, testimoniales para mí y tras esos zappings televisivos en sobremesas de modorra y aburrimiento, en programas del “corazón” como “Sálvame”, donde siempre dejaba en lugar maltrecho y rebajado a su competidor Jaime Peñafiel con sus gafas bailando en sus trémulas manos, y todo por los dimes y diretes en insípidos debates sobre la familia real española, yo que soy tan republicano. También estoy al tanto de sus obras, sin leer por ahora ninguna o salvo ésta, acerca de personajes aristocráticos e históricos o cierto opúsculo reciente sobre Franco, y de su labor periodística como columnista en periódicos de tirada nacional. Y ahora que la conozco un poco, leída su novela, ¡ojo! finalista del Premio Planeta 2014, tengo que agradecerle, con el corazón en la mano, en serio, a ella, la autora, por escribir fácil y meridiano en su madurez creativa, y ofrecerme un tiempo de lectura ágil, atractivo y entretenido. No quiero entrar, por intrascendente, si la historia que cuenta es increíble, o poco real, o muy repetitiva en su argumento, conste que a mí no me ha dado esa sensación, ya que nada de esto resta justicia al libro. Y con ello,… no sé…, en referencia a su asunto, supongo que las personas pueden enamorarse de muchas maneras, con desemejantes ardores, hasta incluso con la obsesión pura y dura, casi enfermiza, de la Pilar Eyre de la novela con el subrepticio Sèbastien Pagés. Interesante novela por la forma de escribir de Pilar Eyre, recalco, alegre y despreocupada, sin complicaciones retóricas y autobiográfica o no, realmente no importa, que me ha deparado ratos de risa y pasatiempo. 


“¡Pero el olvido no es un grifo que se cierra para que dejen de manar los recuerdos!”


A ver qué se dice de esta novela: “Mi color favorito es verte” es una aventura real. Acerquémonos de puntillas y miremos por el ojo de la cerradura: ahí dentro hay una mujer desnuda. Pilar Eyre, una periodista madura y aún presa de una gran pasión por la vida, conoce, durante un verano en la Costa Brava, a Sébastien, un corresponsal de guerra francés de gran atractivo. Entre ellos surge un amor inesperado que los lleva a vivir tres días de intensa relación erótica y sentimental. Cuando Sébastien desaparece repentinamente, Pilar lo busca con desesperación siguiendo las pistas ambiguas que el periodista ha ido dejando a su paso, pero los resultados son cada vez más sorprendentes y misteriosos. Esta no es una bella historia de amor crepuscular, esta es una bella historia de amor entre una mujer que se atreve a llegar hasta el límite y un hombre secuestrado por unos sentimientos imprevistos.


“Las dudas, la sospecha, son los verdugos del amor… No es el desamor lo que te mata, es la incertidumbre”


No me interesan, tampoco, nada, las críticas feroces que ha recibido esta ficción o realidad escrita que, sin otra pretensión más que la de hacer pasar un buen rato al lector, no merece detracciones tan fieras, y que obedecen, seguro, a confrontados intereses mediáticos entre empresas que controlan el cotarro de la comunicación en España. De hecho, en la acreditada Babelia, se dice del libro: “sigue los pasos a una 'bovary-coríntelladesca'…  consumida en fantasías que se expresan mediante una "hemorragia de majaderías" que difícilmente sugieren los sueños de color rosa en los que asegura sucumbir, cuyos aullidos de "loba en celo" a menudo se reducen a "una eyaculación de palabras estúpidas" y cuyos encuentros "íntimos" se resuelven en tablas gimnásticas más bien toscas… El resto pivota entre la palabrería insípida, la cháchara esnob y algunas notas de humor desenfadado, porque después del drama queda la burla. Y la acción… Así, la segunda parte de la historia vira hacia la intriga detectivesca -averiguar la verdadera identidad del desaparecido Pagés-, abusando de la dilatación como única estrategia narrativa y de la reiteración de elementos supuestamente eficaces o efectistas -rastreos por Internet, mensajes de Aurélie-, pero cuya repetición, por lo mismo, cansa. Una historia servida y aderezada con numerosos ingredientes: retazos de infancia y adolescencia, presencia de o alusiones a famosos "reales", sesiones de peluquería y lifting, apariciones de ultratumba, almuerzos y cenas, muchísimas canciones, celebraciones varias, marujeo, interiorismo y pildoritas de autoayuda”.


Aunque yo no soy muy de las historias románticas (supongo que Fifi López Naranjo no se molestará con mi comentario y de la que espero, con sinceridad, haga cambiar mi opinión), esta obra de Pilar Eyre me ha gustado; quizás sea la segunda novela romántica que he leído y que me ha convencido, la primera fue “Orgullo y Prejuicio” de Jane Austen, palabras mayores, ¿Verdad? Y me ha gustado, a parte de su sencillez narrativa, esa figura literaria de la primera persona subjetiva, por no ser la típica narración de amor adolescente e insoportable a lo Federico Moccia, o el pelmazo indigesto de las “Sombras de Grey”, por sus sombras y por el personaje,  sino un amor "maduro", clásico, construido en tres días con sus noches y el cual crece en el año y medio que los amantes, Pilarita y Sébastien, no se ven hasta que…  La historia de amor que se deja llevar por la sinrazón, por la locura del momento e incluso por el instinto que exige e implora el cuerpo. La ironía que surge de la fragilidad humana. Pilar es una mujer viuda que se divierte con los hombres, consecuente atendiendo a su liberalidad, pero que está buscando algo más, una persona que la acompañe en su día a día y pueda amarla como hizo su marido y encuentre la estabilidad que aquel dio y su garantía con los tiempos. De acuerdo que a Pilarita (alter ego de la autora o la misma autora) cuesta entenderla en ese papel de hembra exagerada, egoísta, egocéntrica, melodramática y, sobre todo, ingeniosa y divertida, crítica consigo misma y con el mundillo literario, pero que también forma parte de la franca intención de describir al personaje y de acercarnos a él, y con ello a la misma autora, incrementado la realidad y el vínculo y la complicidad y la empatía del lector con éstas y el argumento. Perfectamente trazadas las inseguridades y certezas de su protagonista que, si quisiera verla en una posible versión cinematográfica, clavadita lo haría, histérica e histriónica, Diane Keaton. Aun así, no me ha gustado ese abuso de la autora de exhibir su buena posición económica y social o el elenco de amistadas tan bien abrochadas y “chics”. Y me ha interesado, por último, la intriga detectivesca, a la “Gauche divine”, enlazada a la propia crónica de mujer apasionada, y en la búsqueda e identidad del personaje masculino protagonista.


Verdaderamente no era fácil construir una bella historia de amor, clásica, y vale que obsesiva y disparatada, para luego deconstruirla y ceñirla a los mimbres de un misterio o de una obsesión, entre ambiciones y derrotas; y todo en primera persona, autora, narradora y protagonista en una, sin perder asimismo el interés a lo largo del desarrollo o en sus “flashbacks” autobiográficos. Y Pilar Eyre lo hace bastante bien, sorteando este y otros desafíos, incluso sin importar o no el presentarse tan desnuda ante el lector y que a mí, particularmente, me ha ganado y divertido mucho. 


“No…, tienes que escribir, es tu única arma para luchar contra la fugacidad y el olvido… ¡El callejón del olvido, grito por dentro, que ese es el título de uno de mis primeros libros! Querría vivir ahí, en ese lugar del que no se regresa nunca, pero papá no me deja. Y este oficio cabrón que he elegido tampoco”

2 comentarios:

  1. No soy Pilar, ni Jane, pero... a lo mejor algún día me das una oportunidad.Y que conste que casi me da miedo que me leas...es posible que no tenga el nivel al que estás acostumbrado.
    Besos, y perdón por el retraso.

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  2. No soy Pilar, ni Jane, pero... a lo mejor algún día me das una oportunidad.Y que conste que casi me da miedo que me leas...es posible que no tenga el nivel al que estás acostumbrado.
    Besos, y perdón por el retraso.

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