Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



jueves, 26 de marzo de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "El arte del asesino" de Mari Jungstedt



“En definitiva, todo había sido un asunto de venganza y reparación de los agravios del pasado”



Un nuevo caso del comisario Anders Knutas y el periodista Johan Berg, ya la cuarta entrega (“Nadie lo ha visto”, “Nadie lo ha oído”, “Nadie lo conoce”) de esta serie negra afincada en Gotland (Suecia). Y en ésta, la trama se adentra en el lado cenagoso del mundo pictórico sueco con la aparición del cadáver de un conocido galerista de Visby. Ello obliga al comisario Knutas a investigar en el mundo del arte, un ambiente elitista pero mucho más turbio de lo que parece, en el cual la venta de obras de arte robadas y la homosexualidad son moneda habitual de cambio.


En una fría mañana de invierno, aparece el cadáver de un hombre colgando de una de las puertas de la muralla de Visby, en la isla de Gotland. Se trata de Egon Wallin, un reputado galerista. Descartada la hipótesis del suicidio, el comisario Anders Knutas debe, una vez más, dejar de lado sus problemas personales para centrarse en este enigmático crimen. Éste no tarda en descubrir que la esposa del fallecido tenía un amante y que la pareja no atravesaba su mejor momento. Es ella quien pone al policía sobre una valiosa pista al descubrir en su desván diversos cuadros robados de conocidos artistas suecos. Pero no se trata del único secreto del difunto galerista. A espaldas de su mujer, Egon Wallin había hecho planes para empezar una nueva vida a solas. ¿Y qué relación hay entre su muerte y el misterioso robo de una famosa pintura llamada “El dandi moribundo” Johan Berg, que ha regresado a la isla para pasar unos días con su prometida Emma y su hija recién nacida Elin, intentará, a su manera, ayudar a Knutas en la investigación.


Cada vez más Mari Jungstedt me recuerda a Camilla Läckberg, lo cual conlleva a que, en vez de considerar sus trabajos de novela negra como marcan los cánones y al estilo “más oscuro” de otros contemporáneos como Nesbo o Indridason, son historias de misterio o suspense, de esto que llaman ahora thrillers; y más que nada por la importancia que se da a la vida personal de sus protagonistas y ajena a la investigación del crimen en cuestión. Sin embargo, aquí lo llamativo, en la obra de Jungstedt, y lo que diferencia a su personaje de otros, Knutas es un individuo normal, hasta soso, no bebe, fuma alguna que otra pipa, con hijos, mujer trabajadora y comprensiva, no es un personaje atormentado, acomplejado… no, alguien muy normal, solo dedicado a su trabajo y al equilibrio de éste. Su otro protagonista es el periodista Johan Berg, de quien se continúa perfilando, además de su alcance en los crímenes, la historia de amor con Emma y su hija de ocho meses, Elin. Personajes, dicho sea de paso para quienes hemos leído las historias anteriores, con los que estamos bastante familiarizados. 


“Entonces descubrió lo que faltaba. Dado que aquella pintura, por su tamaño, dominaba todo el comedor, la sensación de desnudez resultaba abrumadora ahora que ya no estaba allí colgada: 'El dandi moribundo' había desaparecido”



Por curiosidad busqué el título original del libro, “Den döende dandyn”, en su guión hace referencia a un cuadro robado, “El dandi moribundo”. No entiendo el porqué del cambio del nombre en España; sin embargo, a mi criterio, la misteriosa historia que hay detrás del artista que pintó este lienzo en 1918, Nils Dardel, me parece incluso más atrayente que digresiones en torno al asesino en serie como eje central de la novela. En fin, los editores sabrán. Lo que yo sí sé, y de ahí a leer este libro, es mi gusto y necesidad ante una apacible lectura, ligerita, sin grandes expectativas o recursos, con intriga, y que desde el primer momento me enganchase para no dejarla hasta el final de su algo más de trescientas páginas. Divertimento. Y Mari Jungstedt es una garantía, ya que consigue atrapar al lector sin grandes artificios narrativos. Contribuye a esto su estilo preciso, sencillo, sucinto y definido, en la vertebración de capítulos cortos de no más de cinco páginas, con frases cortas, mucho diálogo, y usando muy bien los tópicos presentes en el género policíaco: asesinatos con reminiscencias en un obscuro pasado, sugestivo misterio e intriga, la dosificación de las pistas para que el lector, émulo de los investigadores, conjeture sobre quién es el asesino y su móvil... Otro aliciente de las obras de Jungstedt, no por ser una serie donde intervienen los mismos personajes cardinales con su existencia personal que se desarrolla en cada una de sus partes, es que cada una de ellas tiene su propio enigma que se acota y se resuelve en el libro correspondiente.


Por poner un pero, decir que me ha faltado más acción en la novela. El ritmo, pues, no es lento, aunque tampoco ágil. Asimismo, no entiendo cómo poco antes del final, éste, el ritmo, se acelera, casi vertiginosamente, para precipitar de manera un tanto forzada la conclusión de la trama. De hecho, su explicación final se resume en solo un par de páginas. De acuerdo que buscaba entretenerme, solo eso, y así ha sido.


“Knutas suspiró cuando terminó de leerlo. Era una historia profundamente trágica. Volvió a surgir el tema que había condicionado toda la investigación: los secretos”

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