Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



martes, 28 de abril de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Un jardín al norte" de Boris Izaguirre



“La certeza de que cuando menos lo esperas la vida te devuelve a un punto de partida”


Traigo a estas líneas la reseña sobre una historia de amor en tiempos de guerra. ¿Os acordáis, quienes leyeran la novela de María Dueñas “El tiempo entre costuras”, de aquel magnífico protagonista secundario, Rosalind Fox? Pues bien, esta obra de Boris Izaguirre, “Un jardín al norte”, es un ensayo autobiográfico, pero novelado, de este personaje real, Rosalinda Fox. Es más que probable que el haber nacido en abril de 1915 me haya preparado para vivir en una era de continua inestabilidad

“Muchos hombres y mujeres dispares se hacen pareja en la creencia de que así se protegen de sí mismos y se salvan de un destino adverso”

¿Qué nos vamos a encontrar en sus casi quinientas páginas? “Nos encontramos en un pueblecito del condado de Kent, en los albores del siglo XX, los padres de la pequeña Rosalinda se divorcian y ella es enviada a un internado, Saint Mary Rose. Desde ese momento solo verá a su madre en los pocos días de vacaciones. Su padre se ha instalado en India, oficialmente como agregado comercial, aunque en realidad ejerce como espía.

Cuando en la adolescencia Rosalinda se reencuentra con su progenitor, se enamora del halo de exotismo que este desprende y le acompaña de vuelta al país asiático, donde se iniciará en el espionaje de la mano del superior de su padre, Mr. Higgs. Al poco tiempo, aún adolescente, la protagonista vivirá sus primeros días como esposa de un hombre mayor que ella que la deslumbra, Mr. Reginald Fox, pero que la abandona al poco, y sin divorciarse, cuando su salud flaquea. Desde Suiza, donde pasa una temporada en un sanatorio para curar una extraña enfermedad, va a Alemania a extraer información sobre un nuevo movimiento político que empieza a inquietar a Europa, el nacionalsocialismo de Hitler.

Allí, un hombre, también bastante mayor que ella, y en este caso español, Juan Luis Beigbeder, la vuelve a enamorar por su inteligencia, cultura y modales. Poco después es enviada a Tánger, centro internacional de intrigas políticas y económicas de la época, para seguir con su labor de espionaje, se reencuentra con ese personaje que conoció en Alemania.

Con él consigue finalmente vivir su gran historia de amor en los confusos y dramáticos días de la guerra civil española y en los anteriores a la segunda guerra mundial. Cuando su influencia sobre el ministro franquista es tan intensa que hace que este caiga en desgraciada para los dirigentes españoles por su anglofilia (sobre todo para Serrano Suñer), Rosalinda se traslada a Lisboa donde prosigue con su labor ayudando a compatriotas a salvarse del horror nazi e intentando desesperadamente salvar su gran historia de amor, que se debate entre la política y la pasión”

“Iba a llover y Lisboa me pareció como una ciudad donde llorar y ver llover a veces podrían ser la misma cosa”

¿Y esto qué nos sugiere? Indudablemente, en este contexto de cambios, un mundo agitado y de efervescencia bélica imparable, los inicios del siglo pasado, la vida de esta fascinante mujer, matizada por los grandes acontecimientos históricos, herida por la aventura, el desafío, compromiso y, sobre todo, por el desamor y el amor, la hace ser una vida de novela y en una novela que hay que vivirla. No voy a poner adjetivo, muy del gusto del novelista, a esta historia de aventuras narrada con gusto, con muy buen hacer, y con esa sorpresa agradable del propio Boris Izaguirre, a quien no había leído antes, capaz de retratar con sensibilidad el universo femenino y plasmarlo a través de una narrativa cuidada, evocadora y amable. Sorpresa, además, por superar cierto prejuicio, mío, ante la frivolidad mediática y “rosa” a la que nos tiene acostumbrado Izaguirre y que, en menor medida con Maxim Huerta, un ejemplo, y en mayor medida y fundamento con Jorge Javier Vázquez y otras horribles plumas del marketing televisivo, constituye el venezolano una excepción, una formidable excepción. Escribe muy bien Boris Izaguirre.

“Ahora pasaba horas recordando su frase de que el tiempo y la edad no son la misma cosa”

¿Cuál es mi opinión sobre el libro? En primer lugar elogio la valentía de Izaguirre, no es fácil, y sin embargo entra en la historia de frente, arriesgándose con un relato en primera persona, autobiográfico, contado por la propia Rosalind Fox, que hace más intimista, más personal la narración. Una narración fluida, con plétora de imágenes, de colores, de olores, de sabores, de lugares, de emociones y sentimientos, hilvanados intachablemente por el autor. Un casi minucioso registro de la vida de la pelirroja protagonista, ese rasgo distintivo, exótico incluso, que marca su existencia y su voluntad en una sociedad manifiestamente machista y, como antes mencioné, reflejado en el excelente trazo de Izaguirre, quien nos muestra su conocimiento de no pocos vericuetos del alma femenina. De ahí que, por esto, por este tono personal, por las pequeñas reflexiones de Rosalinda que prodigan el escrito y en las que conocemos con detalle la caligrafía de su corazón, su lucha en un mundo marcado por las apariencias, me ha recordado al más intimista Antonio Gala; si bien es tal la profusión a veces en la descripción de sus sentimientos que en determinados momentos la lectura se me ha hecho pesada, restando interés al resto, como la parte de la India, en Calcuta, tediosa. Por otro lado, la trama de espionaje en unos personajes que son espías, es muy secundaria, bastante blanda, apagada, que a mi modo de ver no llega a decepcionar porque, al fin y al cabo, “Un jardín al norte” es una buena historia de amor en tiempos de guerra.  

“Sus ojos brillaron y su abrazo me elevó por los aires y el beso que nos dimos solo buscaba el perdón de todos los que habían muerto en Guernica y todos los que morirían en todos los años en los que nuestro amor fuera otro tipo de guerra para ganar una inmortalidad que explicara nuestras vidas…

Eso era mi jardín al norte: Tánger, la guerra civil, Juan Luis y yo. La guerra de nuestro amor. Una guerra dentro de otra guerra”

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