Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



martes, 26 de mayo de 2015

ANIVERSARIOS


Hoy día 26 de Mayo, al igual que desde hace siete años, de la misma manera que en mis otros 18 de Mayo a lo largo de quince años, la emoción ha coloreado el mundo, mi mundo. Una siete, la pequeña; quince otra, la adolescente. Los trazos de color que se imponen a estos erráticos nublados que presagian tormenta y que entenebrecen asimismo las dudas en mi destino. Mis dos arcos iris que, valiéndose de las lágrimas, tristes o felices no importan, hacen prisma de los días para remontar el cielo y desplegar su belleza y candidez. Ángela e Inés. Un esbozo en rojo, un fulgor en sus pupilas de miel, abre el ímpetu del fuego, de la sangre, aportando la fuerza necesaria para enfrentarme a mis miedos, a las inseguridades que amenazan el conformismo. La luz de sus sonrisas es naranja, porque es como los atardeceres de verano, colmada de dorados de elocuencia y añiles de alegría; un refugio para cuando la autoestima pesa tanto como la decepción. Y cuando su nostalgia por lo que tiene que venir y no por las sensibles rendiciones del pasado, se acicala del amarillo más recogido de aquellos crepúsculos ardientes, la creatividad fluye a través de sus lápices de colores, en las teclas que enhebran frases de historias apasionantes, en juegos donde Peter Pan retiene el tiempo con el polvo mágico, teñido y luminiscente, de Campanilla que, en ondas, fluctúa como la música con la que ponen sintonía, y tal vez creencia, en su universo. Verde es su ensimismamiento ante lo que consideran, inconscientemente, importante, no superfluo; curvando arriba mis labios por esa franqueza espolvoreada de esperanza, de confianza por cuanto tenga que vivir, para descubrirme tranquilo, sereno. Y es que sus gestos, gobernados por la inercia del azul, del azul del cielo en primavera, del azul del agua por profundos abismos, o en miradas tersas de virtud, como las dulces pátinas que serenan las palabras, los matices, las complicidades, los guiños cristalinos, conservan la calma y el equilibrio, su inocencia. Ojalá que jamás abandonen los dictados de su intuición, los efectos que no se plantean sus causas, de su espíritu de color violeta, porque entonces dejarán de ser libres, puras, para convertirse en lo que los demás pretendemos de ellas. Como ese ramillete de luz que penetra ahora por la ventana y que extiende el desconcierto de este blanco nublado zaherido por celestes lejanos. Así que encuentro en estos almanaques marcados por el color de la emoción, esa afectividad que me hace esquivar, o al menos amenorar, mis angustias, las ansiedades y el miedo de todo cuanto ahora necesito y cuya duración no arribe en el desamparo. De ahí que el gris de mi respeto, de mi cuidado, de mi atención, de mi obligación, arranca del negro de sus cabellos, de la elegancia y seguridad que encienden, milagro que así sucede, a este níveo y nublo ambiente, en el luminoso, claro, blanco, de su idealismo, del Amor y de su generosidad sin cargas. Aniversarios de mis hijas, años que transcurren en arcos iris que colorean mi mundo. Os quiero.
F.J. CALVENTE
 

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