Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



martes, 26 de mayo de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Misterioso asesinato en casa de Cervantes" de Juan Eslava Galán


“En un instante sin palabras se comunicaron la soledad y el vacío de sus vidas”
 
Mi admirado y prolífico escritor Juan Eslava Galán ha conseguido el Premio Primavera de Novela 2015 con su “Misterioso asesinato en casa de Cervantes”, y de la que dicen ser “una intriga muy bien construida, escrita con una riqueza del lenguaje extraordinaria y por un autor que conoce a la perfección el mundo de Cervantes”. La novela no trata del descubrimiento tan de actualidad de los presuntos restos del insigne autor de El Quijote en el Convento de las Trinitarias en Madrid, sino de un oscuro episodio de su biografía en el que, junto a su familia, se vio envuelto, el proceso por el asesinato de Gaspar de Ezpeleta, cuyo cuerpo apareció apuñalado en la puerta de su casa.

A ver: Dorotea de Osuna es una joven culta, bella y perspicaz, a la que no le importa adoptar la identidad de hombre cuando sus cuitas en una sociedad tan machista así lo aconsejan, se ocupa del encargo de la duquesa de Arjona para acudir “presta” a Valladolid, a la corte, para investigar la acusación de asesinato contra Miguel de Cervantes y las mujeres de su familia, encarcelados por la muerte de Gaspar de Ezpeleta, en el empeño de dilucidar la verdad sobre el crimen y exonerar al escritor y a las “Cervantas” de la cárcel y de culpas y deshonras del nombre. Valladolid se nos presenta en un abigarrado y confuso escenario al socaire del solio real: la nobleza, criados y mayordomos, comerciantes, mercaderes, artesanos, curas, frailes, predicadores, mendigos que pululaban sus calles, ganapanes ociosos, pícaros, sicarios y delincuentes en maltrecha supervivencia entre “leches, cunas y naciones” asentadas en la ciudad.

“¿A Valladolid vais? Por Dios que es una gran ciudad, de las más ilustres que tiene el rey de España. En ella hallaréis más de treinta palacios y tantas iglesias y conventos que el día del Corpus huele el aire a incienso como su estuviera en llamas el Gran Bazar turco.(…) Mirad que habitan en la corte no menos de veinticinco duques, treinta y cinco marqueses, sesenta condes, no sé cuántos vizcondes y muchísimos hijosdalgo cuyo número Valladolid, s XVI, aumenta casi cada día con las patentes de nobleza que el rey, generoso como joven, otorga a los que lo sirven bien. Sumad a eso los numerosos servidores y criados, desde mayordomos hasta pícaros de cocina, que sirven en esos palacios, añadid las muchas personas de hábito y sotana que el cuidado de tantas almas requieren y tendréis una muchedumbre de moradores que engrandecen la villa. Y putas para contentar a tanta gente… Valladolid frisaba las sesenta mil almas, de las que quince mil eran mendigos de pedir, (…) otros veinte mil no pedían pero pasaban necesidad, diez mil no sabían qué es comer caliente y los restante quince mil eran curas, frailes o criados al amparo de unas docenas de pudientes”.

Indudablemente, en este mísero y caótico espacio resulta tarea ímproba y difícil solucionar el delito con el que se acusa a Cervantes, más por cuanto la justicia se compraba y así tanto tienes tanto vales; de acuerdo que en estos tiempos de Rajoy no han cambiado mucho las cosas, ¿verdad?, “cuando caes en manos de escribanos y jueces puedes darte por perdida, porque aun sabiéndote inocente entretendrán el pleito hasta arruinarte la hacienda y la fama. De eso viven”. Dorotea, pues, ferviente admiradora de Cervantes y su obra, al igual que la duquesa de Arjona, recorrerá las calles de Valladolid bien como mujer o hombre, sus mentideros, entrevistándose con alguaciles, corchetes, delincuentes, nobles, también con el propio Miguel de Cervantes y su familia, especialmente con su sobrina Constanza con la que encontrará muchos puntos en común y forjando una sólida amistad, para descubrir qué ocurrió realmente con la muerte de Ezpeleta, y porque no es ficción, la noche del 27 de junio de 1605.

Reseñar que hay momentos de confusión arrojadas por las pesquisas de Dorotea, tantos cabos sueltos que extravían nuestra indagación, la lectura, a los que luego Juan Eslava Galán consigue engarzar con maestría al final y como mandan los cánones policíacos o del género negro. Del mismo modo, como novela histórica que es, el autor nos sumerge en el pasado de Miguel de Cervantes, su vida y obra, cómo se convirtió en un “perito en prisiones” que había aprendido “a escapar de ellas con la imaginación”, de Lepanto a recaudador…; también en el juego intrigas, líos de faldas y conspiraciones, más complejo y peligroso de lo que pueda imaginarse y por ello hacerla aún más fascinadora. La protagonista, en un último mensaje del libro, demostrará su pericia y su convencimiento de que “la mujer puede y debe alcanzar las mismas potencias del hombre”, una loable reivindicación del derecho de la mujer.

“Cada día que pasa España se empobrece más por la mengua del trabajo y el desgobierno de los que dan en seguir la vana honra del mundo, pues entre ricos que huelgan, religiosos que solo atienden a los asuntos del Cielo, humildes que visten la pereza bajo capa de pobreza y labradores que con el más fútil pretexto declaran día feriado, nadie trabaja”

Espléndido, por tanto, me ha parecido “Misterioso asesinato en casa de Cervantes”, ya no solo por el acertado homenaje a la figura de Miguel de Cervantes, o por su narrativa llamémosle de época, entretenida y reveladora, más por la descripción de este tiempo de la España del Siglo de Oro, apasionante e igual de oscuro, recreado por una miscelánea de personajes reales y de ficción en aquella España ingrata, corazón de un imperio en el que no se ponía el sol pero que apenas poseía de erario para sostener con decencia, con humanidad, a sus miserables súbditos, para respaldar a una Castilla que se desangraba o a los valientes que acudían a combatir en tercios a Flandes sin tener asegurada la soldada, todos pendientes del honor y de salvaguardar las apariencias.  un país agotado por las guerras, anegado de clases ociosas e improductivas, nobles y clérigos, lleno de prejuicios, con una legión de mendigos, veteranos de las guerras tullidos, pícaros, busconas y criadillos. Una auténtica corte de los milagros en la que la mujer se rebela y lucha denodadamente por escapar del papel secundario al que la sociedad la relega”. Ciertamente, no es  vacuo, incluir ahora aquí, uno de los axiomas de la historia, aquel de que al conocer el pasado, en este caso de España, nos tiene que ayudar a comprender, a entender, el presente. Memorable, insisto, el personaje de Dorotea, una luchadora por la igualdad y por los derechos de las mujeres en una sociedad tan patriarcal, gazmoña y obtusa.

Bien es verdad que en esta novela a caballo entre la intriga y la historia no solo se resalta el papel de la mujer, también observa una crítica severa a la consideración española de la honra y el honor poniendo el acento en la ruina del país por culpa de estos, un desliz del honor: “Allí ya se han librado de estos severos puntos de honra por los que entre nosotros vive la gente esclava de la opinión ajena, medrosa, llena de sospechas y en fin cautiva de las más erradas y peregrinas opiniones

—Es el caso que va para dos años, el dicho guardia de los alabarderos del rey, Dalhmann digo, anudó una amistad particular con un frailecillo de este convento.

—¿Una amistad particular? —preguntó la duquesa.

—Sí, señora mía —afirmó fray Francisco reflejando en su semblante la pesadumbre que le causaba aquella confesión—. Quiero decir que ambos a dos se requebraban en amores por el vaso prepóstero.

Las dos mujeres intercambiaron miradas, sin comprender palabra.

—Reverendo, creedme que no os entiendo —dijo doña Dorotea—. ¿Qué vaso es ese que decís?

Y por esto, quizás, en esta semblanza de la vida de Cervantes, avivado por la intriga de un misterioso asesinato con el que se le inculpa, sirve a Juan Eslava Galán para denunciar las tropelías de la Iglesia, del Estado, y de todos aquellos que las permiten, “La vileza, el abuso y el mal gobierno son, señora, manzanas podridas que malogran las sanas, por eso esta España que las consiente nunca levanta cabeza…” El autor, como Cervantes, utiliza su pluma para, con ironía, denunciar todo cuanto mancha la sociedad. Y tanto que lo consigue, aquí y en otro de los muchos lugares de su admirable y fértil obra, enseñarnos historia, hacernos reír, deleitarnos con la lectura y, sobre todo, obligarnos a pensar. Otro grande de la literatura española. Otra obra imprescindible.

“La honra es la nobleza del cielo, así como el honor es la nobleza de la tierra. La honra se alcanza con hazañas guerreras en servicio del rey; el honor, no: el honor ya lo tiene uno al nacer. Solamente debe conservarlo y no perderlo. El honor es el desquite del pobre y su único patrimonio”

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