Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



lunes, 4 de mayo de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "También esto pasará" de Milena Busquets



“Sin pasión, la vida no vale la pena”


Nos dice de esta novela la editorial Anagrama:

Cuando era niña, para ayudarla a superar la muerte de su padre, a Blanca su madre le contó un cuento chino. Un cuento sobre un poderoso emperador que convocó a los sabios y les pidió una frase que sirviese para todas las situaciones posibles. Tras meses de deliberaciones, los sabios se presentaron ante el emperador con una propuesta: «También esto pasará.» Y la madre añadió: «El dolor y la pena pasarán, como pasan la euforia y la felicidad.» Ahora es la madre de Blanca quien ha muerto y esta novela, que arranca y se cierra en un cementerio, habla del dolor de la pérdida, del desgarro de la ausencia. Pero frente a este dolor queda el recuerdo de lo vivido y lo mucho aprendido, y cobra fuerza la reafirmación de la vida a través del sexo, las amigas, los hijos y los hombres que han sido y son importantes para Blanca, quien afirma: «La ligereza es una forma de elegancia. Vivir con ligereza y alegría es dificilísimo.» Esta y otras frases y el tono de la novela, tan ajena a cualquier concesión a lo convencional, evocan aquella Bonjour tristesse de Françoise Sagan, que encandiló a tantos (y escandalizó a no pocos) cuando se publicó en 1954. Todo ello en el transcurso de un verano en Cadaqués, con sus paisajes indómitos y su intensa luz mediterránea que lo baña todo.

Milena Busquets transforma en literatura vivencias personales y partiendo de lo íntimo logra una novela que rompe fronteras y se está traduciendo con inusitada rapidez a las principales lenguas, como el inglés, el francés, el alemán, el italiano y el portugués. Y lo logra porque a través de la historia de Blanca y la enfermedad y muerte de su madre, a través de las relaciones con sus amantes y sus amigas, combinando prodigiosamente hondura y ligereza, nos habla de temas universales: el dolor y el amor, el miedo y el deseo, la tristeza y la risa, la desolación y la belleza de un paisaje en el que fugazmente se entrevé a la madre muerta paseando junto al mar, porque aquellos a quienes hemos amado no pueden desaparecer sin más.

(“¿Sabes una de las cosas más duras de hacerse viejo?”, me dijo un día. “Darse cuenta de que lo que explicas ya no le interesa a nadie”)

Leí esta novela por recomendación de mi amiga Eva, y me ha parecido una historia hermosa, apacible, cálida, escrita con una prosa cuidada y aportándome un buen rato de compañía. Si tuviera que definir “También esto pasará” en una frase, diría que es una novela sobre la fuerza del amor entre madre e hija y de cómo solo el sexo, con su fuerza, es capaz de vencer a la muerte. Y si tuviera que definir su intención en otra frase no tendría dudas de que es una carta de amor y un homenaje de la autora a su madre. Tanto es así que la protagonista del relato, Blanca, es el “alter ego” de la propia Milena Busquets, y la madre difunta no es otra que Esther Tusquets, editora, escritora y ensayista, representante de aquella Gauche Divine barcelonesa, movimiento de intelectuales y artistas de izquierda, fallecida en 2012. Ella es esa mujer de la narración inteligente, egoísta, culta, educada, caprichosa, la bruja burlona y el hada patosa, de talante y actitud por una libertad ancha, de hacer siempre lo que dé la gana, en ella y en todos, de cargar las consecuencias, pero nunca culpabilizarse de nada. Y es la muerte de ésta la que asimismo arrastró con una parte fundamental de Milena Busquets que ahora, con sus particulares y no tan ostensibles ficciones, nos ha dejado el testimonio de su dolor y devastación en poco menos de 200 páginas, donde no sobra ni una palabra,  colmadas de una agridulce poesía, de sensibilidad, incluso bastante sexo y aunque no sea explícito. “…lo contrario de la muerte no es la vida, es el sexo”. La ausencia que gira en torno a los universales Eros y Thanatos, el Amor y la Muerte, que vertebra la historia y las emociones de Blanca y escritora, siquiera siendo las mismas, la que se empeña en la paradoja de que, siendo muerte, ausencia, con toda su carga de pena y nostalgia, con todo su quietismo y resignación, también es una forma, o la única manera, de continuar viviendo, y sea en ese paraíso del mediterráneo como es Cadaqués o en el recóndito interior, en el corazón de Blanca y Milena. En más de una ocasión, durante la lectura, me dije que sería un buen guión para una de las películas de Woody Allen. 

“Me duelen todos los caminos recorridos con mi madre; la muerte, tan cabrona, nos expulsa de todas partes”

Y sin embargo, dentro de este punto de fuga de la protagonista a partir de la ausencia de la madre, el argumento de la novela flaquea, pierde con el entorno de los otros personajes –hijos, exmaridos, (llega un momento donde es tan confuso el quién es quién o quién de aquellos es hijo de alguno de los otros) amigas…- todos ricos, guapos, sibaritas, excéntricos... y con seguridad muy lejanos de la situación que tenemos y padecemos la mayoría de los lectores y que, sea inconscientemente, causa cierto rechazo. En la descripción de este contexto es donde la prosa de Milena Busquets decae, se llena de convencionalismos, de tópicos manoseados, notorio este otro extremo de la frivolización de su vida que resuena banal y que hace echar de menos la parte reflexiva de la protagonista y donde la autora alcanza su brillantez comunicativa. 

“El mar está como un plato y brilla como si todas las estrellas de la noche anterior se hubiesen caído dentro”

Porque la magistral narrativa de Milena Busquets al abarcar esta frivolización, aquel otro extremo introspectivo, sobre su propia situación, sobre su estatus de niña pija y ligerita que jamás ha pisado un hospital público, sobre el cuidado de sus hijos, sobre su estrafalaria relación con sus exmaridos, amantes y amigos, sobre la ingente pasión por el sexo, cuanto de manera directa y sentimental, le permite incidir, interiorizar, profundizar, en la comprensión de su dolor, en asumir la muerte de su madre, para continuar con su vida; aunque, ya seguro, sepultando su juventud pero no dejando aún paso a la madurez, expectante a lo que brote de dentro, por muy inesperado que resulte, por muy lenitivo que sea, la caligrafía de los recuerdos con su madre que escribirán su presente, aquel donde Blanca, en la soledad de un alba junto al mar, “aunque tal vez los amaneceres, como muchas otras cosas, sólo adquieren su pleno sentido de triunfo y redención en silenciosa compañía”, se encuentre a sí misma. 

Un libro muy bien escrito, aunque su huella no será en mí duradera. 

“Creo que somos más las cosas que hemos perdido que las que tenemos”

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