Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



sábado, 20 de junio de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "El último paraíso" de Antonio Garrido


“La realidad no era exactamente como la habían soñado”

 


Antonio Garrido gana el Premio de Novela Fernando Lara 2015 con una obra que trata sobre un norteamericano que huye de los efectos del Crack económico de 1929 y busca una segunda oportunidad en la Unión Soviética, allá donde, según expresaba el New York Times de la época, estaba el “último paraíso”. Novela o historia con marcado tinte policial, plagada de intrigas empresariales y políticas, entretejidas a una historia de amor, y en torno a una documentada y amena base de hechos históricos. Al final de la narración en sí, Garrido nos deja una serie de adiciones con las que entenderla: curioso, en este aspecto, que la relación de amor entre el protagonista Jack Beilis y la doctora rusa Natasha, surgiera de unas vivencias reales en España, antes de la Guerra Civil, de la abuela del novelista con un hombre de la URSS; o mención necesaria a la enorme cantidad de fuentes, americanas y soviéticas, con la que documentó el relato, al igual que las numerosas consultas a expertos en distintas materias. Ello, indudablemente, concede credibilidad a esta novela, rigurosidad, tanto como en amenidad. Cierto, a mi gusto, que el autor debería haberse prodigado más en las descripciones, más que nada para ilustrar y comparar dos mundos tan diferentes como el norteamericano y el soviético. No obstante, se agradece y pondera la capacidad del escritor para introducirnos de forma suave, como algo consecuente, en los hechos históricos que sostienen el guion del relato, jugando con la intriga para hipnotizarnos desde el principio en una perfecta dosis de aventura, humor, drama y romanticismo. A falta, insisto que a mi juicio, de descripciones más extensas, me ha complacido su estilo directo en esta contraposición admirable de dos mundos y en unos momentos severos, terribles, aquellos de la gran crisis económica, y que nos hace volver los ojos hacia nuestros días e igualmente castigados por otra crisis infame.

 

“-No es triste. Es una canción de amor. Quizá melancólica, pero llena de esperanza.

-¿Eso dice la letra?

-No tiene letra. La esperanza se escucha con el corazón”

 

Tomo la sinopsis de la Editorial Planeta:

 

En 1929, el joven y avezado Jack Beilis conducía su propio automóvil, vestía trajes a medida y frecuentaba los mejores clubs de Detroit. Pero la brutal crisis que aquel año azotó América lo arrojó, junto a millones de compatriotas, al hambre y la desesperación. Desahuciado y perseguido por un oscuro crimen, embarcará junto a su amigo Andrew hacia la legendaria Unión Soviética, el idílico imperio en el que cualquier hombre tenía derecho a trabajar y ser feliz, sin sospechar los extraordinarios avatares que les tenía reservados el destino.

 

Inspirada en hechos reales, con El último paraíso Antonio Garrido funde magistralmente thriller, amor y novela histórica en la dramática epopeya de un superviviente en un mundo dividido. Un formidable fresco de una época convulsa que dio un nuevo rumbo a la historia.

 

Indudablemente, con independencia a que considere esta obra como un nuevo ensayo sobre el manido “sueño americano”, este en la Rusia bolchevique estremecida por los planes quinquenales de Stalin, la novela cautiva en su casi medio millar de páginas; y no es solo por el contexto histórico de la depresión del 29 que provocó la emigración de un contingente de americanos huyendo de la miseria y a la búsqueda de un futuro mejor. “La Gran Depresión del 29 sumió al mundo en una terrible pesadilla, de la que muy pocos lograron despertar” Un viaje, ciertamente una dramática empresa no hacia donde creían que estaba la solución a todos sus problemas, el último paraíso, sino hacia el infierno, a la perdición y a un nuevo descenso, tal vez el último, al fondo de sus existencias. Y es esto lo que Antonio Garrido desea que entendamos, “las consecuencias del fanatismo y la pobreza”, y de paso homenajear “al sacrificio y a la superación encarnados en un grupo de valientes que, pese a vivir en mundos enfrentados, lucharon por recuperar para siempre el destino de sus vidas”.

 

“Y porque si la razón es la que nos hace humanos, los sentimientos son los que nos convierten en personas”

 

De ahí que la trama de “El último paraíso” jamás decaiga, fascine, por la habilidad de Garrido al conjugar con habilidad, por un lado, el recorrido vital y porqué no histórico que hace su protagonista, el intrépido Jack Beilis; por otro, seguir a éste en su lucha por encontrar un futuro mejor y hacer realidad sus sueños, sin menoscabos a sus principios y dignidad; y además, la tensión y enredo por desenmascarar al saboteador de la fábrica de automóviles, Autozavod, en Gorki y en la que trabajan, asolados por el racionamiento y el miedo, los trabajadores americanos; al mismo tiempo que sacar a la luz los hilos que mueven estos sucesos, sea bajo la severa mirada de Stalin en un juicio apasionante. Todos, hago hincapié, alrededor del desesperado y tenaz arrojo por la supervivencia y la decencia de los emigrantes americanos. Los dos mundos enfrentados, el salvaje capitalismo americano y la violenta revolución proletaria soviética. El escenario idóneo para expresar la conjunción de los extremos del ser humano: el idealismo y el practicismo, la ideología y el sentido común, solidaridad y el egoísmo, la mentira y la verdad, temidas ambas, la bondad y la maldad, la esperanza y la desilusión, la pobreza y el derroche, el abuso de poder y la injusticia… Sobrevivir en dos mundos cruzados, ya da igual que por el dinero o el miedo, sobrevivir siempre.  

 

“Nadie les había advertido que el último paraíso sería también un infierno helado”

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