Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



sábado, 8 de agosto de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "No está solo" de Sandrone Dazieri



“El mundo es una pared curvada de cemento gris. El mundo tiene sonidos amortiguados y ecos. El mundo es un círculo que de ancho mide dos veces sus brazos extendidos. Lo primero que el muchacho aprendió en este mundo circular fueron sus nuevos nombres. Tiene dos. Hijo es el nombre que prefiere. Tiene derecho al mismo cuando hace las cosas, cuando obedece, cuando sus pensamientos son límpidos y rápidos. En caso contrario su nombre es Bestia. Cuando se llama Bestia, el muchacho tiene hambre y frío. Cuando se llama Bestia, el mundo circular apesta.
Si Hijo no quiere convertirse en Bestia, tiene que recordar el lugar correcto de las cosas que le han sido encomendadas y cuidar de ellas.”

 


Interesante, ¿verdad? Y es el comienzo de la novela, adictiva hasta alcanzar su último párrafo. Es verano. Y así que, quizás por la lasitud de los días, por la búsqueda y complacencia de entornos relajados, por una intención de diversión sin honduras, ni pretensiones que hagan necesarios esfuerzos mayores, la lectura tiene que reunir estos propósitos, estas necesidades: atractiva, entretenida y fresca. Y el italiano Sandrone Dazieri nos lo ofrece con un poderoso thriller, “No está solo” (Ed. Alfaguara, 2015). Con esto bastaría para hacer mi reseña de este libro, que me lo he pasado muy bien resulta por tanto superfluo; sin respiro, una experiencia sofocante, atrapado por una trama turbadora y afinadamente tejida, y con unos personajes, atormentados por supuesto, definidos e inolvidables, han reunido mi satisfacción en las casi 600 páginas que leía ansioso y deslumbrado. De todas formas, entenderán, lo difícil que es detallar una novela de suspense, más para quienes no la han leído, un asunto del que no puedes desvelar nada, en la que cada pieza del rompecabezas, de la investigación criminal, es fundamental. Sin embargo, no peco de spoiler si considero que la novela está escrita con desenvoltura, ágil, absorbente, magistral en el tratamiento de los giros, de la tensión, en suma de los golpes de efecto. “No está solo” tiene varias cualidades a las que, si me permiten, no quiero dejar pasar sin comentarlas, con toda mi prevención en su argumento, y admirarlas.

 
En primer lugar, la historia:

 
“Un niño desaparece a las afueras de Roma. La madre es encontrada muerta y los investigadores creen responsable al marido de la mujer. Sin embargo, cuando Colomba Caselli llega a la escena del crimen se da cuenta de que algo no cuadra. Colomba tiene treinta años, es guapa, atlética y dura. Formó parte del Departamento de Homicidios de Roma, pero desde hace meses es incapaz de superar lo que llama «el Desastre», hasta que este caso vuelve a llevarla a la acción. Para resolverlo contará con un colaborador tan eficaz como peculiar: Dante Torre, un joven genio cuya capacidad de deducción solo es igualada por sus paranoias. Él también es un superviviente: fue secuestrado durante once años en un silo por un hombre que se hacía llamar «El Padre». Ahora tiene pánico a los espacios cerrados y ha hecho de su habilidad para encontrar a personas desaparecidas su trabajo. En la búsqueda de la verdad, Colomba y Dante deberán enfrentarse a su mayor pesadilla ante un caso de ramificaciones insospechadas”.

 
Trama sólida, perfectamente estructurada inclusive en su más mínimo detalle, sin que jamás decaiga su desarrollo; crece y crece y crece, dosificando sus tiempos de manera aguda, los descubrimientos, inteligente, sin pausas ni pajas, rellenos, y hasta la explosión del final. Nada detiene su avance, ni ninguno de sus personajes, “la verdad -según Dazieri- se revela poco a poco, como un juego de cajas chinas”, o de muñecas rusas. Solo es importante, solo es trascendente su historia. Una historia oscura, dura, asfixiante, que lo envuelve todo, sin concesiones de ningún tipo, ni al sentimentalismo que quizás quede para otra entrega, sensual y familiar, o recreaciones de una violencia gratuita, la justa, solo la emoción de su historia. Y ello bajo el latido de un ritmo firme, rotundo, tenaz, con el que se construye y mueve la acción, la intensidad, las indagaciones, con sus cuadros de deducciones, ataques de angustia, de recuerdos pavorosos, todo es importante, nada gratuito, todo guarda un sentido, hasta en sus sombríos y espectaculares, no son muchos, flashbacks. Insistente, opresiva trama. Por poner un pero, reconozco que en un primer momento, agradado por lo que entendía ser la búsqueda de un asesino en serie, me chirrió, asombrándome, manteniendo mi recelo, solo en unas páginas, el giro brusco del guion hacia un derrotero llamémosle conspiranoico. No obstante, las piezas seguían magistralmente encajando…

 
El dibujo que iba trazando era tan horrible que todo el mundo tenía la esperanza de que no fuera verdad. Era mucho más fácil convivir con la idea de un asesino en serie que con la de una parte podrida de su propio país, capaz de matar y de encarcelar a inocentes

 
Y luego los personajes:

 
Ella, Colomba Caselli, guapa, dura, atlética, de ojos como esmeraldas, una policía traumatizada y apartada del servicio por un suceso laboral escalofriante, “El Desastre”, que la hace sospechosa y confiada al mismo tiempo, luchadora, sincera, débil por unos ataques de pánico que la dejan sin respiración, que la acorralan, pero que no son óbices para arrojarse desprendidamente en una investigación donde está en juego la dignidad de la vida, los valores humanos.

 
Él, Dante Torre, el “niño del silo”, un treintañero que sufrió una terrible experiencia, marcándolo para siempre: siendo un niño muy pequeño fue secuestrado por un misterioso individuo, “El Padre”, que le mantuvo encerrado once años en un silo y del que pudo escapar, dejándole unas secuelas físicas y psicológicas terribles. Ello contribuyó, además, que desarrollara una personalidad obsesiva, paranoica, esperando el retorno ineludible del mal, “El Padre”. Con una capacidad extraordinaria para la deducción, experto en personas desaparecidas y abuso de menores, este joven aquejado de agorafobia, entre otros miedos y manías, es muy intuitivo y observador, inseguro pero brillante, insomne, desordenado, adicto al café y al tabaco. Un personaje afectuoso.
 

Ambos, Colomba y Dante, son dos supervivientes, dos “veteranos heridos por la vida”, en palabras de Caselli, unidos en la resolución de un enigma doble: la desaparición de un niño a las afueras de Roma y la muerte de su madre, y, sorprendentemente, un “termómetro” de sus existencias... Una hermosa lección de que, levantándose del fracaso gracias al apoyo mutuo, superan sus límites y cosen sus rotos para continuar viviendo.
 

El tiempo ha erosionado las diferencias y las aristas, los ha compenetrado y hecho dependientes el uno de la otra
 

Por mi parte no cuento más, solo que es una novela que merece la pena porque está muy bien escrita, atrapa y tiene una historia bastante consistente; sea novela negra o no, o de suspense, un thriller, me resbalan los encasillamientos, no importa; importa la inquietud y diversión de su lectura. Recomendable para este verano, ya saben: atractiva, entretenida y fresca
 

“Para ver algo es necesario mantener la distancia apropiada”

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