Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



domingo, 15 de noviembre de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Hombres desnudos" de Alicia Giménez Bartlett

“¡Pobres hombres desnudos de voluntad propia!, siempre embarcados en las gestas que el mundo ha creado para ellos”



Alicia Giménez Bartlett (Albacete, 1951), la dama de la literatura negra patria por la serie de la inspectora de policía Petra Delicado, más leída en Alemania e Italia que en España, ha ganado la 64ª edición del Premio Planeta 2015 con “Hombres desnudos”, la novela cimentada en un cruce de costumbrismo y thriller sexual, y la que, extrañamente, no es policíaca. Tampoco tendría que extrañar; de hecho, la autora obtuvo en 2011 el Premio Nadal por “Donde nadie te encuentre”, la historia real de una guerrillera del maquis.

“Nadie puede imaginar hasta qué punto los tiempos convulsos son capaces de convertirnos en quienes ni siquiera imaginamos que podríamos llegar a ser. Hombres desnudos es una novela sobre el presente que estamos viviendo, donde hombres treintañeros pierden su trabajo y pueden acabar haciendo estriptis en un club, y donde cada vez más mujeres priman su carrera profesional sobre cualquier compromiso sentimental o familiar. En esta historia, esos hombres y esas mujeres entran en contacto y en colisión, y lo harán con unas consecuencias imprevisibles.

Sexo, amistad, inocencia y maldad en una combinación tan armónica como desasosegante”

Esta es la sinopsis editorial de “Hombres desnudos”. Y ahora pongamos nombre a la dama y al stripper y esbocemos el contexto:

La dama, Irene, una mujer al frente de una empresa heredada de su padre que zozobra por los efectos de la crisis económica, es abandonada por su marido, abogado que trabajaba para ella, tras iniciar otra relación con una mujer más joven. Ella, en el intento de superar la situación, se deja llevar por la desenfrenada vida de una amiga, Genoveva. “Puede que las pijas sean patéticas, pero trágicas no”. De forma paralela el stripper, Javier, que se nos presenta al comienzo de la historia como profesor de Literatura de refuerzo en un colegio de monjas, pierde su empleo. “La literatura clásica ha dejado de interesarles… Las comedias de Lope no les parecen ingeniosas, ni divertido “El Buscón”, ni interesante Jorge Manrique. No ven ningún sentimiento trágico en la vida de Unamuno y tampoco la sonoridad cadenciosa de los poemas de Machado se acopla a su oído. “Mil veces ciento, cien mil. Mil veces mil, un millón”. No sienten su belleza melancólica”. La desesperante realidad del paro, tan difícil y humillante, va poco a poco degradando su existencia, en todos los ámbitos; tanto que su pareja, que mantiene su puesto laboral, se cuestiona la relación por el cambio afectado en él. Aparece Iván, un chico del extrarradio que trabaja como stripper y al que Javier acaba de conocer en el entierro de la abuela de aquel, el cual le propone trabajar en su club. Al principio Javier se niega a aceptar la proposición, pero las circunstancias hacen que reconsidere su decisión. El encuentro entre Irene y Javier tendrá consecuencias tan sorprendentes como trágicas.

Yo hubiera juzgado como natural otro tipo de reacción: celos por mostrarme desnudo ante otras mujeres, quejas por no pasar conmigo las noches de los viernes y sábados... Lo que no soporto es su censura moral, su miedo al qué dirán. Las ideas progresistas han volado. Lleva los prejuicios atados al cuello, como la pesada piedra de un suicida frente al río

Y a continuación mi opinión:

De un tiempo a esta parte, el Premio Planeta, el de mayor cuantía económica, ha sido muy criticado por las obras ganadoras, de un nivel más bien bajo a lo que podía esperarse; motivo que, dando la razón a críticos y lectores, comenzó a remontarse, a mejorarse, el año pasado con la excelente “Milena o el fémur más bello del mundo”, de Jorge Zepeda Patterson, y este 2015, salvando algún contra al que después referiré, no es desmerecedor del galardón. No conocía a Alicia Giménez Bartlett, pero seguiré leyendo títulos suyos gracias a este Premio.

“-… Somos amigos, ¿no?, pues hagamos ese trato: yo te ayudo en la vida y tú me ayudas con mis muertos. Haces un buen negocio, porque ya no me queda nadie más vivo; en el fondo, ganas tú”

Y dicho esto, la novela está muy bien construida, con una historia de peso sostenida por el monólogo continuo de sus protagonistas, en primera persona, los pensamientos escritos de Irene y Javier; aunque interrumpidos, o en los que se intercalan los de los protagonistas secundarios, Iván y Genoveva, de una manera tal vez brusca pero no por ello incómoda o que lastre el desarrollo y comprensión de la narración, más ante la diferente condición social de unos y otros, con sus identificativos lenguajes y maneras de entender la realidad. Genial la autora en su enorme capacidad de observación y porque el lector no se pierde en los monólogos sucesivos de uno u otro calibre. No obstante, en este análisis profundo de la crisis económica que afecta no solo a los más desfavorecidos, hurtándoles incluso la dignidad, sino también a los pudientes, todos, dentro de su propia personalidad, asisten a un derrumbe de concepciones y valores, impulsándolos a tomar decisiones tan extremas que nunca hubiera imaginado ni aceptado, cambiando aquellas concepciones y valores al contraerlas por otras, transformando idealismos en necesidades. En esta reflexión de una sociedad igual en crisis y transformación, decía, me ha resultado en ocasiones pesado, tedioso, el derroche en monólogos insistiendo en las mismas cuestiones o magnificando conjeturas y contextos baladíes, o racionalizando hasta el cansancio expresiones instintivas. Sí, hay tramos importantes de la novela en las que me he aburrido, molesto si no iba a ser esa la tónica hasta el final de sus páginas. Hasta que los personajes principales se encuentran y la acción, y los propios monólogos, se hacen más dinámicos, más flexibles, incentivados por la propia intriga de la historia y alentados por el misterio de cuál va a ser el final, entre giros firmes que hacen la lectura apasionante.

“Pensar que “los amigos me han fallado” comportaría que alguna vez tuve fe en ellos, y no es así”

En este mundo en cambio por la crisis, se acentúan sobremanera las sombras por el precio de la igualdad, que parece ésta superada, de acuerdo, pero que entra en una desorientación que no conoce géneros, ni economías, ni culturas. En esto reflexionan los personajes y reflexionamos nosotros en la lectura de la novela. En esto y, por los contextos en los que se desarrolla, en la desorientación sentimental, y sexual, de la sociedad y que tampoco conoce géneros, ni economías, ni culturas, solo de soledad, solo de redefinir la propia dignidad.

Sin duda alguna, una buena novela.


“Todo acto tiene consecuencias, y esas consecuencias generan nuevas consecuencias. Si optas por no actuar da lo mismo, las omisiones también generan consecuencias. Y así hasta que te mueres. El primer error que comete el ser humano es no suicidarse en cuanto alcanza un mínimo uso de razón”

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