Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



jueves, 31 de diciembre de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Así empieza lo malo" de Javier Marías

“`Así empieza lo malo y lo peor queda atrás´, eso es lo que dice la cita de Shakespeare que Muriel había parafraseado para referirse al beneficio o la conveniencia, al perjuicio comparativamente menor, de renunciar a saber lo que no se puede saber... Sólo después de asentir y de encogernos de hombros, en verdad lo peor queda atrás, porque al menos ya es pasado. Y así empieza sólo lo malo, que es lo que aún no ha llegado”



“Así empieza lo malo” de Javier Marías (Alfaguara, 2014) ha sido mi última lectura de este año malo de 2015. No sé si en alguna de mis reseñas indiqué que son los propios libros y no yo quien decide el momento de su lectura; y no ha sido excepción esta obra de Marías y de quien, no voy a ocultar a estas alturas ser uno de mis autores predilectos, sigue siendo impecable en su creación, con independencia de que pueda gustarte o no, y que sin duda alguna será (es) un clásico de la literatura. “Así empieza lo malo” fue mi auto regalo por Navidad en el 2014, y ya entonces sabía que sería el último libro que leería en este año malo de 2015. Por otro lado, según altas instancias de la crítica literaria, esta novela se consideró la mejor de las publicadas en 2014, y de lo que ahora, en mi modesto juicio, entender o apreciación, tengo que afirmar la consideración. Y dicho esto, y porque tenía que decirlo, transcribo la sinopsis más formal que encuentro en la contraportada:

No hace demasiado tiempo que ocurrió aquella historia, y sin embargo hoy sería imposible. Me refiero a lo que les pasó a ellos, a Eduardo Muriel y a su mujer, Beatriz Noguera, cuando eran jóvenes, y no tanto a lo que me pasó a mí con ellos cuando yo era el joven y su matrimonio una larga e indisoluble desdicha”

Este es el arranque de Así empieza lo malo, “una historia tenue de la vida íntima, de las que no suelen contarse o sólo en susurros”, evocada por quien en su juventud fue testigo y partícipe, Juan de Vere, mientras estuvo al servicio de un antaño exitoso director de cine. Ese trabajo le permitió asistir al extraño, desequilibrado presente del matrimonio, así como asomarse a sus misteriosos agravios pretéritos.

En el Madrid excitado de 1980, Muriel encarga al joven de Vere que investigue y sonsaque a un amigo suyo de media vida, el Doctor Jorge Van Vechten, de cuyo indecente comportamiento en el pasado le han llegado rumores. Pero Juan no se limitará a eso y tomará dudosas iniciativas, porque, como él mismo reconoce desde su edad madura, “los jóvenes tienen el alma y la conciencia aplazadas”.

Así descubrirá que no hay justicia desinteresada, sino que está siempre contaminada por el rencor personal, y que todo perdón o castigo son arbitrarios, los individuales y los colectivos. Con su prosa inteligente y profunda, Javier Marías nos da también una novela sobre el deseo, que a menudo se impone a todo escrúpulo, lealtad o respeto, y sobre nuestra imperfecta contemplación de los hechos, siempre tuerta; a veces por fuerza, a veces por entera decisión nuestra”

A Javier Marías, haga lo que haga, no le va a faltar la crítica, buena o sobre todo mala, ya un tópico, una maldición o consagración y, por buscar cierto ramalazo de creatividad en la detracción contraria, un instrumento necesario con el que tomarse el tiempo y el intento de así plasmarla, otra grandeza del escritor. Indudablemente no soy yo quienes piensan que Marías, desde “Los enamoramientos”, entró en barrena, en desnivel, un descenso de su calidad literaria, y que ha continuado en caída libre con este “Así empieza lo malo” que, como en “Corazón tan blanco”, aprovecha una cita de Shakespeare de Hamlet: “Así empieza lo malo y lo peor queda atrás” No, Marías sigue siendo Marías, no aburre, ni cansa, ni es monótono o tedioso o reiterativo, por favor, que por el hecho de usar en este presente volumen una trama acaso vulgar, por cotidiana, la sublima en un gran artificio literario, tanto en la historia principal como en sus ramificaciones. Igual sucede con sus personajes, ahí sigue su ineludible y jamás manido Francisco Rico, totalmente creíbles, sugerentes, insólitos y de temperamento muy conseguido. Texto hipnótico, imposible no enamorarse de su prosa densa, la que te atrapa en su cadencia y no te deja salir; más con su tono enérgico, sí, también privado, ensoñado, susurrado; me llega en estos momentos la memorable la escena de ese encuentro del narrador con el cuerpo apetecible de la protagonista femenina, Beatriz. Esta novela de Marías probablemente cuente con la trama más compacta de su bibliografía, lo cual es destacable, tanto que incluso la remata con un epílogo que recapitula y remata la historia. Tampoco quiero que mi posicionamiento se entienda absoluto en su favor, no, pues entiendo que las críticas, las críticas desacordes, contienen alguna parte cierta, una parte de razón: De hecho hay momentos, pocos, en que se pierde el enlace entre el sentido y el ambiente o contexto, descubierto en la intensidad de su parrafeo que parece perderse en los giros propios, pocas las veces, o en algunos de los largos diálogos con todas sus rutinas y explicaciones; en la mediación de la novela, justo con el alarde cinéfilo del autor, el guión pierde, o más bien se resiente, entre lo que veníamos leyendo desde el principio con lo de después, en ese casi agobiante remolino sobre la verdad y lo justo, lo formal y necesario, el engaño y el deseo, aunque sea tras la reivindicación de un alivio, de un consuelo, entre tanto rencor, odio, menosprecio o disimulo de la verdad en la historia fracasada del matrimonio y de una sociedad empeñada en silenciar su pasado reciente. Minucias.

Minucias, sí, porque leer a Javier Marías sigue siendo una experiencia muy gratificante, por la construcción de su trama envolvente, por su lenguaje preciso y elegante, rítmico y sonoro, por la dosificación del suspense con reflexiones tan diáfanas, por sus personajes llenos de sordideces y reivindicaciones. Sus magistrales suspensiones narrativas que dejan sin aliento, cuando nada sucede, pero todo está pasando. Además, Marías no abandona su dura denuncia, la reivindicación y legitimidad de los tiempos, contra quienes siguen disfrutando de sus prebendas de vencedores tras la fatídica dictadura franquista y ahora pasan por menesterosos defensores de la democracia y la libertad. Y, en definitiva, la construcción de una historia en torno a secretos inconfesables, aquellos que el narrador, el joven Juan de Vere, se empeñará en dilucidar.

Éste, Juan de Vere, de 23 años, encuentra en 1980 su primer empleo como secretario o asistente del otrora famoso director de cine Eduardo Muriel, y como narrador reflexivo, egoísta incluso, ya adulto porque la narración la efectúa mucho tiempo después y casado con…, entonces Muriel le encarga que se acerque a uno de sus amigos íntimos, el doctor Jorge Van Vechten, para confirmar o desmentir unos detestables rumores en torno a su persona cuya naturaleza no especifica. Pero hay más, más enigmas: el desdichado matrimonio de un rencoroso Muriel y su suplicante y desesperada esposa, Beatriz, empeñada en recuperarlo, y cuyo desencuentro descansa sobre un agravio desconocido del pasado. Estas incógnitas sostienen la tensión de un relato sujeto por la cinefilia del autor, nunca encubierta pero aquí con un derroche inesperado: referencias al fértil director Jesús Franco o en el libro Jess Frank, tío de Marías, o la presencia de algunos actores secundarios venidos a menos, Palance... Y sin olvidar otra de las filias del escritor: su abrumadora erudición bibliográfica. Todo ello en el encaje en una vida mediatizada por un engaño. La vida, la del matrimonio y la del propio narrador, que podría haber sido mejor si el secreto hubiera seguido siendo secreto y no desvelado. Todos estos misterios penden en torno a la cita de Shakespeare que da título a la novela: “Así empieza lo malo y lo peor queda atrás”, o el sacrificio necesario por los secretos para evitar males mayores con los desvelos.

“Roy debía de tener una vida tan vacía y era tan entusiasta que el maestro le permitía llenarla un poco con las sobras de la suya, recogidas por Roy con avaricia”

Nos encontramos ante otra exhibición magistral de observación y definición del alma humana, de las conductas y quietismos, pensamientos y vacíos, propósitos y despropósitos, pasiones y vicios, anhelos y resignaciones, esperanzas y miedos, pasiones abiertas y encubiertas, verdades francas y escondidas, de sus personajes, y en torno a una verdad que de la misma manera que puede abrir puentes o luz, también puede destruir sus vidas.

Antes he aludido someramente a lo que en estos momentos insisto en destacar de la novela, la crítica de Javier Marías, aprovechando la singular historia de desdicha del matrimonio de Muriel y Beatriz, en la extensión hacia lo colectivo de una España que, recién salida de la dictadura, 1980, existió un consenso general de tenerla muy lejana, y en el que se da el caso, y el silencio, por una serie de flamantes biografías, aceleradamente reconvertidas y reconvenidas, ligadas al franquismo y desligadas de este con un cinismo pasmoso. No se dan nombres, pero sí alusiones sobre médicos, abogados, profesores, escritores… Amparados en ese silencio tácito de lo pasado, las mentiras consentidas, y como fue el espíritu engañoso de la Transición. La novela no respalda este lamentable silencio, desentierra la esencia de aquel espíritu fraudulento, abre la verdad, abre los ojos, quizás imprime el recuerdo de aquello en la conciencia colectiva española; no juzga, solo despierta todos los prejuicios, los intereses adulterados. Luego, el lector, reflexionará y actuará.

“Haz lo que te vaya a causar menos tormento, aquello con lo que más puedas vivir. Pero entonces no nos recuerdes, a ti y a mí. Nunca nos recuerdes juntos si no quieres lamentarte día tras día y todavía más noche tras noche. Ni siquiera nos recuerdes separados, porque al final, al recordar siempre se junta”

Un disfrute “Así empieza lo malo”, un gustazo de prosa poderosa, cadenciosa, reflexiva, de uno de nuestros más grandes literatos, Javier Marías. Su novela, entiendo, más sintética, más directa, de estructura más definida, más definitiva, quizás más lineal, más provocadora y porque dejará en fuera de juego (o tal vez alivie) a sus empecinados detractores, y desafiará a sus más y empecinados afectos y los que hubieran (hubiéramos) preferido mayor e intensidad de sus decursos reflexivos en torno a una trama en la que el secreto, el rumor, el olvido y la verdad, altera la existencia de sus protagonistas y de nosotros mismos que nos miramos en ellos, en sus miradas y perspectivas más imprevistas e insólitas, valga de ejemplo la postura tendida de Muriel en sus cuitas con el joven de Vere.

Termino este año malo de 2015 con la mejor novela de 2014. Una historia seductora, hipnótica, adictiva, llena de hallazgos, de encuentros y desencuentros, de muchos y diáfanos visos, intrigante e inquieta, extraordinaria. Una novela de Javier Marías que algunos pondrán su congratulación y otros el reproche. Yo me inclino con los primeros.


“Cuando uno renuncia a eso, cuando uno renuncia a saber lo que no se puede saber, quizá entonces, parafraseando a Shakespeare, quizá entonces empieza lo malo, pero a cambio lo peor queda atrás”

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