Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



sábado, 19 de diciembre de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "La isla de Alice" de Daniel Sánchez Arévalo

“Lo maravilloso de este planeta, de esta vida, es que hasta en el mayor de los horrores, en el infierno, siempre hay hueco para la belleza, siempre florece la esperanza”



“La isla de Alice”, finalista del Premio Planeta 2015, escrita por el director de cine y guionista Daniel Sánchez Arévalo, evidentemente de la Editorial Planeta, tocho de 624 páginas. He dicho tocho, sí, y he insistido en el número de páginas ¿Por qué? Para mí sobran 300 páginas al libro. Y con ello no quiero decir que sea una historia lenta y tediosa, no, es interesante y entretenida; pero es cierto que sin esos tres centenares de páginas hubiera estado mejor. De hecho, su trama, a caballo entre el thriller y un manual de superación, no exige tal dispendio en el autor y esfuerzo para el lector. Veámoslo: “Cuando Chris muere en un accidente de coche sospechosamente lejos de donde debía estar, la vida de su mujer, Alice, con una niña de seis años y otra en camino, se desmorona. Incapaz de asumir la pérdida y con el temor de que tal vez su relación perfecta haya sido una mentira, se obsesiona con descubrir de dónde venía Chris y qué secreto escondía. Reconstruye el último viaje de su marido con la ayuda de las cámaras de seguridad de los establecimientos por donde este había pasado, hasta llegar al epicentro del misterio: Robin Island, en Cape Cod, Massachusetts, una pequeña y, solo en apariencia, apacible isla que modificará profundamente a Alice mientras busca respuesta a la pregunta: ¿Qué hacía Chris en la isla?

¿Y entonces? Sánchez Arévalo, en aras de lograr una definición perfecta del personaje principal, Alice Dupont, a que el lector empatice con ella, por querer atar y a que no chirríe la historia principal con sus diversas sub tramas, estas o las que, al fin y al cabo, son un sin sentido para el sentido común normal, (algo del estilo de si tienes algo que preguntar, hazlo y no te enredes con corazonadas) para lograr la coherencia necesaria, a su juicio, y un interés que no decline, por aseverar la verosimilitud de lo narrado,… para esto construye un armatoste ingente con los habitantes de la isla a los que la protagonista espía como supuestos responsables o sospechosos del misterio de su marido, Chris-Christ; ellos, con sus propias vidas idílicas y sus miserias, con sus propios miedos y fantasías… junto con localizaciones, leyendas, colores, gustos, transportes, tecnología, vicios y pasiones…  y otros derroches detallistas, a manera de si el autor pecara de guionista riguroso o incumpliera cierto “abc” del novelista, o que no deslindara uno del otro, no escatime nada en el desarrollo del relato y, solo los planos de cámara duran un segundo, en literatura, no obstante, como hubiera sido posible, y deseable, se echa en falta un uso de las elipsis para hacer más escueta la historia y a que ese entramado erigido sin huecos ni tiempos, no desentone como lo hace en algunos de sus mismos detalles (tal es el hecho de retratar a la clase alta estadounidense y quede un panorama muy castizo, un relato español para españoles en una localización foránea); y que dicho edificio se convierta en algo tan suyo, tan emancipado, tan independiente al mismo escritor, y al que no le queda otra opción que buscarles un fin adecuado y sin importarle hacer más extensa la narración. En resumidas cuentas, si para Sánchez Arévalo esta novela es su mejor película, con un guion de 300 páginas hubiera sido suficiente y porque de hacer una película con estos mimbres tendría material para una serie o antología.

“Entonces me di cuenta de que no era cuestión de elegir entre terminar o continuar. Se trataba de terminar para poder continuar. Había que despedirse de ciertas cosas para seguir”

“La isla de Alice”, digamos, es un thriller y una historia de superación, un texto correcto, cargado de positividad, narrado en primera persona, no de una manera lineal y ya que existen “saltos en el tiempo” sin otro efecto que amplificar la intriga, y entre los que puede circunscribirse el sueño recurrente de la protagonista que se va repitiendo parte tras parte hasta que se dilucida al final; de acuerdo que quizás en algunos momentos se convierte en un libro demasiado minucioso y lento, ya lo hemos visto. Para Alice resulta ineludible conocer el secreto de su marido, las mentiras y verdades de su pasado, para poder seguir con su vida y la de su familia.
Me gustaría destacar el personaje de Olivia, la hija de seis años de Alice, que sufre la pérdida de su padre aferrándose a la obsesión por las cifras, a querer contarlo todo y a imponer un orden milimétrico en todo. Su manera de restaurar el orden tras la muerte del padre. Las cinco partes en las que se estructura “La isla de Alice” se intitulan y citan a conocidas novelas, con las que conecta: “Moby Dick” refiere la búsqueda perturbadora de Alice, decidida a descubrir si Chris le ocultaba algo, huir hacia adelante en su misterio. En “La isla del tesoro”, ya en la isla, en Robin Island, rastrea el tesoro/misterio/secreto de su marido. En “Robinson Crusoe”, Alice náufraga en el universo que ella misma crea con su espionaje a los habitantes, no sabe en quién confiar, desesperada en encontrar su Viernes para descargarse de tanta tensión y gravedad. En “El hombre invisible” resuelve el misterio de Chris. Y en “Alicia en el país de las maravillas”, logra el equilibrio, se encuentra a sí misma y su lugar en el mundo.

“Un amor perfecto solo puede ser un amor truncado”

“La isla de Alice” es una novela sencilla pero larga, simbólica pero intrigante, sobre el poder de los sentimientos, el dolor de la pérdida y la importancia de luchar siempre por conocer la verdad, en una historia donde superar los miedos y fijezas para propiciar el reencuentro.


“Nuestra vida era un puzle. No en el sentido de caos y confusión, sino en el sentido de armonía, de encajar. Un puzle que hicimos juntos, pieza a pieza”

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