Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



jueves, 11 de febrero de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Alex" de Pierre Lemaitre


Camille ha leído en algún sitio que la señal que puede salvarlo a uno llega en el momento en el que ya no se cree en nada”

 


Si en estos momentos alguien me preguntara, o al menos entre quienes tienen la deferencia de leer mis letras, no importa que sean amantes o no de novela negra, por un título del género, sin duda alguna que recomendaría el libro del que trata esta reseña, “Alex” (Alfaguara, 2015), de Pierre Lemaitre. Un thriller escalofriante, duro, inquietante, de vertiginosa trama, imprevisible, insólita, sorprendente, y me quedo corto aquí y allá con los adjetivos; con la prosa inconfundible, tosca y pulcra de Lemaitre, ganador del prestigioso premio Goncourt. Una obra maestra. De hecho, no me imaginaba que después de leer la magnífica “Irène”, primera parte de la saga del comandante Camille Verhoeven, su segundo capítulo, este, “Alex”, pudiera superarla y atrapar al lector con aquello que en la primera entrega definí como la locura del horror. Porque además de la típica, que no tópica, investigación policial, encontramos una intriga tensa, absorbente, en la que participamos con una incredulidad sin límites hasta el final de sus páginas, zarandeados como un muñeco por sus sorpresas sin cuartel, arrastrados por sus giros inesperados, intensos, y, particularmente, cautivados por el horror psicológico que marca toda la lectura con desasosiego, soberbio; y es que este segundo volumen sigue sin ser apto para lectores aprensivos o impresionables, los que puedan ver herida su sensibilidad. Sea como sea es una novela impresionante e imprescindible, que me ha gustado muchísimo, que me ha mantenido adherido a sus páginas y a su trama apremiante y en las que no se sabe qué va a pasar; que me ha horrorizado, inquietado, desconcertado, confundido, e incluso me ha hecho ser consciente que también en la oscuridad, en la atmósfera del crimen, entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, es posible reflexionar sobre el fin del ser humano con cierta melancolía negra. Agradezco a Lemaitre por despertarme tanto interés, tanta curiosidad, la ansiedad, por apabullarme con su lírico horror.

 

 “Premio de los lectores en Francia a la mejor novela de suspense. La policía solo tiene de ella la descripción. Joven, tal vez en la treintena y -en eso han coincidido todos los varones que han presenciado lo ocurrido-, muy atractiva, cautivadora, una de esas mujeres de las que no se puede apartar la mirada. ¿Quizá por eso ese hombre la ha raptado? Trabajando contrarreloj, los investigadores identifican al secuestrador y descubren dónde la tenía prisionera... pero ella ya ha huido. Extrañamente, el caso empieza cuando debería haberse cerrado. ¿Quién es Alex en realidad? Nadie lo sabe. Aunque la víctima frágil que se imaginaban... eso no. Ella es más inteligente que su verdugo. Ella no perdona. Ella no olvida nada ni a nadie. «Cincuenta por ciento suspense, cincuenta por ciento investigación, cien por cien magnífica.» Le Figaro «Una novela de una intriga diabólica.» L´Humanité”

 

La novela, dividida en tres partes claramente diferenciadas, magistralmente elaboradas (tranquilidad, no voy a caer en el espoiler), parte de una historia cien mil veces consumida por la literatura, muy trillada, como es el secuestro de una chica bonita e ingenua; luego la huida y el delirante desenredo final del relato deja la característica, inquieta sensación de que no es todo lo que parece, y cuya impresión, o perturbación, dura en el lector sus buenos días. La primera parte de la novela, correspondiente al secuestro, resulta bastante dura y aterradora; inmediatamente el autor agiliza y recrudece la tensión en torno a una trama llena de giros, adictiva para el leyente y por saber qué sucede justo al pasar de página. Grande. Esto, por supuesto, provoca tal grado de inquietud que no decrece y salvo los respiros, contados, dispersos, de las notas de humor del trío policial protagonista, mantiene en el desconsuelo de una ávida expectativa y que, singularidades del estilo Lemaitre, nutrida por la evidencia de que la policía no es tan infalible, la víctima no es tal víctima, y es inadmisible dejarse llevar por juicios simplistas, maniqueos, entre personajes buenos y personajes malos, porque quizás los malos no son malos y los buenos no tan buenos.  

 

“Camille conoce la música triste y lenta de las pistas, esa guerra de desgaste que lleva una eternidad y que destroza los nervios”

 

Asimismo, a esta triple estructura, hay que añadir la narración en dos tiempos que se alternan rigurosa y simultáneamente:
Alex, la joven secuestrada, fascinante, misteriosa hermosa y solitaria, un papel en blanco en el que se va escribiendo más datos biográficos y las propias piezas en el puzzle del relato, ella, la que dista mucho de ser una víctima; y por otro a la policía: el comandante Camille Verhoeven, de 1´45 de altura y de carácter complicado, marcado con el fantasma que arrastra de su mujer, también secuestrada, obsesionado con que no vuelva a repetirse el destino de esta, Irène, en aquella, y sus dos compañeros, Louis y Armand, tan desemejantes como complementarios para el buen rumbo de la investigación policial. Los capítulos son, al mismo tiempo, cortos, y en todos pasa algo, no hay rellenos o pajas, todo es importante, lo cual hace que la novela gane en dinamismo y provoque la urgencia, la exigencia por “querer avanzar un capítulo más”: este de Alex, no, el siguiente de Verhoeven, no el de Alex, venga el siguiente del comandante… uno más, y otro… consiguiendo así que se esfumen sus páginas en nada. A esto lo llamo yo adicción, y de la dura. Magnífico, pues, el crescendo de giros inesperados y de cambios de acción que traza Lemaitre, insisto, en el desarrollo de esta extraordinaria historia; para ocultar, confundir, enredar y velar las respuestas hasta el último momento; igual vale esta consideración con respecto a Alex, su protagonista. La omnipresente pregunta circunscrita en la primera línea y en todo el relato: ¿Por qué?, hasta su apoteósica explanación en la última parte y final.

 

¿Qué cuál novela negra puedo recomendarles? Este thriller duro, grandioso e impensado de Pierre Lemaitre, indudablemente, que tanto vale para amantes o no de la novela negra; por su insospechada trama, espeluznante, por sus personajes de carácter, definidos, sentidos, por el crimen, la muerte, la investigación, la enfermedad, la venganza, la justicia, los desconciertos, afanes, de superación o condenación, el dolor, el horror… No solo por ser una novela de inusitado interés, de entretenimiento asegurado, sino por sus emociones, aquellas que duran porque estremecen.

 

“La primera mirada es fundamental y debe ser panorámica, puesto que luego uno entra en los detalles, en los innumerables hechos, y se pierde la perspectiva”

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