Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



lunes, 22 de febrero de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Las tribulaciones del estudiante Törless" de Robert Musil


"... ese recuerdo plástico, no ya tan sólo propio de la memoria, sino corpóreo, de una persona amada que nos habla a todos los sentidos y que está presente en todos los sentidos, de suerte que no podemos hacer nada sin percibir a nuestro lado su presencia, muda e invisible"

 


Tibieza, ni frío ni calor, de esta manera tan sensitiva estimaría este libro de pasajes ligeros y otros agotadores, unos leíbles y otros pasables, sobrantes. Sopesando el peso del que ha sido considerado como un clásico literario del siglo XX, “Las tribulaciones del estudiante Törless” de Robert Musil (1906) (El País, 2003) no ha marcado mi interés ni lo hará en mi memoria literaria; me ha desilusionado más que entusiasmado, salvo por un uso de los adjetivos separados por unas audaces comas, muy poco de la parte llamémosle psicológica, de hecho ésta se enmarca entre las novelas de aprendizaje o de iniciación a la vida, y sin atractivo por la parte biográfica del propio Musil tras su paso por una academia militar en su juventud y que pudo inspirar el relato. Su peso contrario, su lastre, va a significar que esta reseña no sea benévola. Considerándome, en momentos, un lector atribulado por las escenas aceleradas de las tribulaciones del estudiante Törless, ignoraba dónde conducían, hasta que son matizadas con una pátina abstrusa de reflexión, de introspección, el esfuerzo de significar con palabras estados emocionales o existenciales de su protagonista y en la extrapolación en el devenir de su mundo. Hay esfuerzos inmerecidos por entender tantos matices. Y a esto se añadiría la prosa nada fácil de Musil, compleja y afectada.

 

“Los verdaderos hombres son únicamente aquellos que pueden penetrar en sí mismos, hombres cósmicos, que son capaces de sumergirse en el gran proceso del mundo”

 

Esta es la historia de Törless, joven sentimental y abstraído, en un centro de enseñanza para estudiantes adinerados. Esta es la historia de la huella en el estudiante de una hipersensibilidad, de un ramalazo filosófico, místico, o lo que sea y ajeno a la realidad, y que marca, y complica, su visión y relación con el resto de sus ociosos compañeros, más con los de su círculo íntimo. En este círculo íntimo surge el áspero acoso y abuso de dos compañeros, Beineberg y Reinting, sobre otro, Basini, a quien descubren robando y a través de quien aflora en Törless sus emociones reprimidas o inéditas. Entre estas emociones, la atracción por Basini que recorre un amplio espectro desde la ensimismamiento, pasando por una sensualidad cohibida, y hasta finalizar con cierto matiz intelectual, hace que Törless se sumerja en la perplejidad, en la turbación, en la exigencia de tomar un nuevo asiento en el mundo, en la realidad, reaccionando ante una madurez acelerada, también insólita, adolorida, y diferente. La madurez que despliega no un conocimiento sensato o ajustado o profundo a cuanto rodea al joven Törless, sino su incertidumbre absoluta, por todo.

 

“Sí, existen pensamientos muertos y pensamientos vivos. El pensamiento que se mueve en la superficie alumbrada por los rayos del sol, que siempre puede referirse al hilo de la causalidad, no tiene por qué estar vivo. […] Un pensamiento que quizá ya había atravesado nuestro cerebro hace mucho tiempo sólo cobra vida en el momento en que se le suma algo que ya no es pensamiento, que ya no es lógico, de modo que sentimos su verdad más allá de toda justificación […]. Un gran conocimiento sólo ocurre a medias en el círculo luminoso del cerebro y es, sobre todo, un estado anímico, en cuya punta más alta el pensamiento sólo está posado como una flor.

Törless únicamente había requerido una conmoción del alma para impulsar ese último brote a las alturas”

 

Musil recrea un escenario oscuro, insinuado tras ese lugar secreto, lúgubre y maloliente, bajo el tejado del instituto, y en donde se llevan a cabo las perversiones y fanfarronadas que hacen trastocar y cambiar la concepción psicológica de Törless; protagonizado por personajes desacostumbrados en estos ambientes, ajenos a estereotipos y conductas, tanto en la parte abstracta o metafísica o anímica o… como en el comportamiento brutal de los abusos físicos y morales hacia otro compañero; sin importarle al autor que la descripción del mismo resulte una tarea ardua para el lector, e importándole solo, a Musil, la interpretación de esta aridez reflexiva o sentimental, enrevesada, en boca del joven Törless, creando el desconcierto, la confusión, como esa indefinición sexual en los protagonistas, latente, o esa confusión de olores, ese aroma que desprende el corpiño de la madre con el hedor a establo de la prostituta de Bozena para refutar diferencias complicadas, y para lo que no sirve la excusa de la cita de Maeterlinck que encabeza el libro, la de permitirse ciertas licencias en la descripción o significado de aquello inefable, enigmático o inextricable. Decepcionado por esta lectura.

 

“Y entre la vida que se vive y la vida que se siente, que se presiente, que se ve desde lejos hay como una estrecha puerta que marca esa invisible frontera y en la cual se agolpan las imágenes de los hechos para penetrar en los hombres”

 

“En la soledad todo está permitido.

¿Hay una ley general según la cual en nosotros existe algo más fuerte, más grande, más hermoso, más apasionado, más oscuro que nosotros mismos?”

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario