Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



lunes, 23 de mayo de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "La falsa sonrisa" de Mari Jungstedt

“¿Cuál es la razón de que ya no haya límites, de que los jóvenes piensen que la vida carece de valor? Que tienen derecho a matar a otra persona solo porque se sienten insultados y ofendidos. ¿Por qué nuestros hijos acumulan tanto odio? ¿De dónde proviene?”



Novela negra, tocaba. De fácil lectura, entretenida y sin grandes artificios. Sopesé varias alternativas y, al final, me decanté por la saga, un poco olvidada, del comisario Knutas y el periodista Berg. “La falsa sonrisa” (Editorial Maeva, 2012), sexta entrega de la serie de Mari Jungstedt. Bonita la portada en la que destaca un subtítulo que nada tiene que ver con la trama, caprichos editoriales al igual que la manía de cambiar el título original: “El comisario Knutas descubre que a veces no se puede confiar en quien más queremos” Y antes de dar paso, precisamente, a la sinopsis editorial, reconozco que a estas alturas, de entre las autoras nórdicas de género negro y a las que suelo etiquetar, con sus méritos, como guionistas de películas de suspense en las sobremesas televisivas de los fines de semana, Mari Jungstedt ha logrado, a mi juicio, superar ya no solo a paisanas como Åsa Larsson, incluso a la considerada gran dama de la novela policiaca sueca, Camilla Läckberg. La evolución de Jungstedt se nota novela tras novela, con su estilo sencillo, directo, visual, y en esta ofrece un incentivo más para continuar leyendo próximos capítulos: una mayor profundidad en la psicología de sus protagonistas, la forma o manera en la que se enfrentan o resignan a sus miedos, miserias, dudas…

“Te cruzas en medio del camino, como un demonio grande y malvado que llena sus pobres cuerpos del mismo odio que atesora. Y ellos repiten su conducta irracional”

“Los fuertes vientos de abril soplan sobre Visby, la capital de Gotland, cuando se inaugura el nuevo palacio de congresos con una glamurosa fiesta con más de quinientos invitados. Pero Viktor Algård, el organizador del evento, desaparece misteriosamente y, al día siguiente, encuentran su cadáver en el ascensor. Cuando la autopsia revela que fue envenenado con cianuro de potasio, el comisario Anders Knutas y su compañera Karin sospechan muy pronto de la amante de Viktor, la artista local Veronika Hammar. Mientras buscan más pistas sobre el caso, Knutas se verá confrontado con un drama personal que lo forzará a enfrentarse a sus demonios más íntimos. Por su parte, el periodista Johan Berg, siempre en busca de alguna exclusiva, también se verá inmerso en la trama, esta vez con graves consecuencias para él y su esposa Emma”

Antes de nada, insisto en que hay que leer la serie en su orden cronológico, que puede hacerse de manera independiente, de acuerdo, pero como he mencionado, además de evitarnos spoilers tan flagrantes como el que ejecuta la propia autora al destripar el anterior libro, podemos seguir la evolución de sus personajes, las pinceladas de su vida íntima ajena a la investigación del caso concreto; en este volumen, efectivamente, se dilucida parte del misterio que envolvía la vida de Karin Jacobsson, ayudante del comisario, y se hace más observable y presente el ambiente familiar de éste.

“En realidad yo he sido una sombra desde que nací. Alguien que no tiene derecho a vivir. Me pregunto por qué vine al mundo. Mamá nunca quiso tenerme, ella misma me lo contó”

Libro estructurado en capítulos cortos, en una alternancia pasado-presente y típica de las novelas policíacas nórdicas, dinámicos, de fácil lectura, con una trama perfectamente hilvanada y, aunque de predecible final, logra atrapar la atención a lo largo de las páginas con una intriga dosificada y directa. Esta alternancia temporal en la construcción del relato, gravita en torno a un pasado narrado en primera persona por un personaje que tuvo una infancia y adolescencia difícil, terrible, con una madre egocéntrica, desafecta y manipuladora, y un presente relatado en tercera persona y correspondiente a la investigación desplegada tras el asesinato de Viktor.

“Las piernas me temblaban mientras regresaba a casa en bicicleta. Contuve las lágrimas. No deseaba volver nunca más a la escuela. Quería quitarme la vida. Un camión se acercaba por la carretera. Durante unos segundos sopesé meter la bicicleta bajo sus ruedas. Cualquier cosa, lo que fuera con tal de no tener que regresar a la escuela. Huir de toda esa mierda. Huir de mi vida insignificante”

Al mismo tiempo de las pesquisas policiales, de los aciagos prolegómenos del pasado, de la intimidad familiar y personal de los personajes principales, encontramos una dura semblanza y crítica de temas actuales, en este caso sobre la violencia juvenil, el acoso escolar (mobbing) y el desabrigo de la familia en una sociedad que, a pesar de estar tan comunicada, hace de las personas un desierto de soledad. “Se habían celebrado unas cuantas manifestaciones en contra de la cada vez más brutal violencia juvenil y los periódicos se llenaron de indignadas cartas al director criticando la torpeza de los políticos, la falta de responsabilidad de los padres y el desmesurado consumo de violencia por parte de los jóvenes a través de internet, los videojuegos y la televisión”. De hecho, la paliza que un joven sufre a las puertas de una discoteca abre no solo la fractura de esta gratuita e inhumana violencia adolescente, sino la herida de la separación mayor y dolorosa entre la relación padres e hijos, la falta de confianza entre ellos, como es el caso del propio comisario Anders Knutas con su hijo Nils y otros aludidos en la novela.

“Para obtener confianza y respeto uno tiene que predicar con el ejemplo. Uno tiene con sus hijos la relación que se merece. Todo depende de cómo se ha comportado como padre. Esas palabras hicieron que Knutas pensara en sí mismo. Le asustó lo que vio”

No me ha decepcionado esta sexta entrega de la saga, “La falsa sonrisa”. Una novela amena, directa, visual. Y, ciertamente, seguiré con curiosidad lo que ocurra en la isla de Gotland de Suecia.

“Una persona no puede salvar a otra, pensó Knutas con amargura. Cada persona tiene que salvarse a sí misma”


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