Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



martes, 28 de junio de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "El sabotaje amoroso" de Amélie Nothomb

“El regalo más hermoso que los adultos pueden hacer a sus hijos es olvidarse de ellos”



“El sabotaje amoroso” (Anagrama, 2003), segundo libro de Amélie Nothomb que leo tras el memorable “Higiene del asesino”; y a resultas es la segunda novela de la autora y la primera autobiográfica que escribió. En ambos y distintos registros, me gusta mucho la prosa, la manera de escribir de Nothomb. En primer lugar, admiro su enorme capacidad de sintetizar en pocas páginas (160 págs. aquí) historias o argumentos formidables, ficticios o autobiográficos, logrando grandes obras maestras; no exagero, o es mi opinión y de la que, no sé luego en otras lecturas suyas, por ahora no me arrepiento de expresarla. Estimable, del mismo modo, su habilidad, en este relato concreto, de hacer ver al lector desde los ojos de una niña pequeña especial, inteligente; aunque, evidentemente, el texto se haya escrito en edad adulta. La pericia de trasmitir, de hacernos paladear, sentir, ideas, actitudes, sueños y la imaginación de un niño, de una niña de 7 años. Una historia que transcurre en los tres años, desde los cinco a los ochos, que Amélie Nothomb (es ella la de la portada del libro) vivió en China, en la que el amor en sus diferentes dimensiones: bello, cruel, ingenuo, desgarrador… atrapa y absorbe al lector con una imaginería narrativa prodigiosa.

“El sabotaje amoroso fue la segunda novela de Amélie Nothomb, inmediatamente posterior a su sorprendente y recordado debut con Higiene del asesino. Con este libro volvió a demostrar por qué uno de los más sugestivos fenómenos literarios y editoriales europeos de los últimos años lleva el nombre de Amélie Nothomb. No es sólo el extraño caso de una escritora jovencísima que alcanza una enorme madurez expresiva y formal, sino que esa misma posición le permite conectar con las inquietudes propias de su tiempo y plasmarlas en ficciones contundentes, tan lejos de lo insustancial como de lo solemne, de la ingenuidad como del academicismo. Nothomb tiene dos vertientes esenciales en su obra: las ficciones puras, como Higiene del asesino y Cosmética del enemigo, recién publicada en esta colección, y las de tema autobiográfico, como su extraordinaria Estupor y temblores, de la que sólo en Francia vendió más de medio millón de ejemplares. Si en ésta Nothomb reconstruía su dura y fascinante experiencia en Japón durante su juventud, y en Metafísica de los tubos su singular autobiografía hasta los tres años en el mismo país, en El sabotaje amoroso recoge las no menos conmovedoras vivencias de su infancia posterior en China. En el gueto de los diplomáticos y sus familias del barrio de San Li Tun, en Pekín, la narradora, que entonces tenía siete años, se enamora de una bellísima niña italiana, Elena. Ella le enseñará, con la cruel ingenuidad que sólo un niño puede tener, todos los padecimientos del amor. Amélie Nothomb es magistral tejiendo los géneros -el lirismo de la prosa, el exotismo veraz del escenario, la voz profunda y tierna a la vez de quien aprende precozmente los laberintos de la pasión y se ve obligada a reflexionar sobre ellos- y eso hace de esta novela una aventura irresistible. En la senda de Lolita y de Ada o el ardor, transita aquí la mejor narrativa joven de la actualidad.”

Queda perfectamente ilustrado en la anterior sinopsis editorial este libro, “El sabotaje amoroso”, de Amélie Nothomb. Texto autobiográfico que narra los tres años que la autora vivió en Pekin, su padre fue diplomático, normal que ella viviera aquí y allá, en diversos países a los que la profesión del patriarca obligaba a la familia. No sería del todo correcto denominar a este periodo de su existencia como de experiencia en China en los años 70, durante el mandato de Mao Tse-Tung, que dicho sea de paso no era el momento idóneo para la comodidad extranjera en pleno apogeo del comunismo y la revolución cultural. Este periodo de Guerra Fría, presente en el relato, condicionó la actitud de los niños que veían en la guerra una forma imaginativa de vivir su niñez, primero contra los alemanes, en ingenuas guerras aunque con castigos crueles, y luego no importaba el enemigo sino por el hecho de tenerlo, “Sin enemigo, el ser humano no es nada. Su vida es un aburrimiento, un agobio de vacío y de aburrimiento”, de tener a alguien contra el que efectuar su juego de guerra y dar sentido a sus existencias. “Los amigos eran una especie de personas con las que uno se juntaba para entregarse, en su compañía, a comportamientos absurdos, incluso grotescos, o para librarse a actividades normales para las que no eran necesarios” Y decía que no es muy acertado definirlo como un periodo de experiencia en China ya que las familias diplomáticas permanecían, casi enclaustradas, en un gueto, alejadas y separadas del discurrir propio y de la convivencia con el pueblo chino.

“Hora de recreo. La palabra no deja lugar a dudas: se trata de crearse de nuevo”

Por encima de todo “El sabotaje amoroso” es una novela autobiográfica que habla del amor. Amélie se enamora de una hermosa niña italiana, Elena, que llega al gueto. Y con ella, siente y padece el primer amor, la esperanza y el rechazo, la ignorancia y la crueldad. “Describir a Elena reduciría el Cantar de los Cantares a la categoría de inventario de carnicería”. Un intenso recorrido por la belleza, con sentimiento; tanto que por el Amor, con mayúsculas, por ser amada, Amélie es capaz de morir, “sabotearse” a sí misma. Una pista del título. Amar con la pasión de Paris a una Helena de Troya insensible, comparación de la escritora y siquiera odiando ella misma las metáforas; si bien son a través de ellas, de las pocas que pespuntean sus letras, donde el lector se hace una idea de su portentosa narrativa, de este sorprendente lenguaje adulto en la narración en primera persona de la niña Amélie, en la fuerza de su declaración, el alarde de una imaginación desbordante (la bicicleta que es un caballo, los ventiladores chinos… “El ventilador es al comunismo lo que el epíteto es a Homero: Homero no es el único escritor del mundo que utiliza epítetos. Pero a través de su pluma es cuando los epítetos adquieren todo su sentido”); haciendo de un inocente amor infantil tal semblanza de profundidad extraordinaria, resucitada en una soberbia melancolía de su madurez, como si pretendiera desplegar la eternidad de la infancia, siempre, trascendiendo la belleza y fealdad, el principio que debió haber sido un final en todas las fases de la existencia: “Siempre fui consciente de que la edad adulta no contaba: a partir de la pubertad, la existencia es sólo un epílogo”.

“No tenía ninguna defensa inmunitaria contra la belleza”

No hace falta insistir en recomendaros el libro.  

“Más tarde, cuando me digne ser premio Nobel de Medicina o mártir, aceptaré sin demasiado despecho estos honores algo vulgares, recordando siempre que la parte más noble de mi existencia quedaba atrás, perdurando para la eternidad”








No hay comentarios:

Publicar un comentario