Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



viernes, 22 de julio de 2016

INESPERADA ALEGORÍA



Este es otro congelado instante de los que ocurren, inesperados y sorprendentes, contados o pródigos, a todos; y a través de los que, sea en forma de alegoría, abrimos los ojos con nítida claridad a la vida desde su principio hasta el final. Como ese recurrido o recurrente túnel o galería o pasillo de un claustro tan insondable como la noche, como el universo, franco en sus extremos, en una sucesión de vanos apuntados, de arcos, de puertas abiertas, en representación de las etapas o arquerías de la existencia, desnudas y ajenas a los miedos emboscados, a las actitudes impostadas; las que, no por la edad, nos marcan con su estigma o sinceridad. Tal vez eso me sucedió, o así lo sentí, con esta fotografía que debería poner legitimación a mi impresión durante la última y adjetivada “Noche en Blanco” de Ronda, al pie del Convento de Santo Domingo, envuelto en el fragor obscuro del Tajo al lado. No me importa la calidad de la instantánea, o su encuadre, o un alarde que no tuvo, solo su insólita mirada, la que a mí miraba; la que estuvo ahí, está aquí, para ahora intentar expresarles, y a su vez para asegurarme, de ese sentimiento o conmoción de ver por un instante el sentido de la realidad, el valor de la misma y no importa si con la intención de vivir, no sobrevivir, o asumir la muerte, la que también es luminosa, que ponga fin a todo. Una inquietud siempre bella.

F.J.CALVENTE

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