Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



lunes, 18 de julio de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Déjame en paz" de Murong Xuecun

“La vida era como un gran banquete en un cementerio, con la muerte revoloteando sonriente entre nosotros”



Tenía mucha curiosidad por este “Déjame en paz” (Kailas, 2014) de Murong Xuecun. Curiosidad por la literatura china contemporánea y, contrariamente a lo que se espera de su economía tan poderosa y emergente, una nación todavía de acérrima represión general y, en concreto, contra la libertad de expresión. Luego, tras la lectura, la curiosidad ha persistido en el descaro y audacia del autor en su papel de disidente al realizar esta semblanza bizarra de la sociedad China, a pesar de la censura; pero cuya prosa olvidaré tras 272 páginas que no me han dejado ninguna emoción, por la forma de escribirla y por lo desmedido de su historia.

“Mi ventana daba a la calle, y cada mañana me despertaba el ruido de coches en el exterior. La gente de las afueras venía a Chengdú con sus esperanzas y sueños, mientras que yo, un nativo, vivía mis pesadillas al ritmo de sus pisadas”

“Un retrato salvaje sobre las presiones de la vida moderna en China, donde la riqueza y el sexo abundan... pero no para todos. "Déjame en paz" es una radiografía fiel y divertida sobre el amor y la vida en la China moderna. La novela narra la historia de tres jóvenes, Chen Zhong, Li Liang y Cabezón Wang, y sus tragicómicos intentos por prosperar en Chengdú la quinta ciudad más poblada de China. A pesar de sus aspiraciones en la nueva China capitalista, las vidas del trío están marcadas por trabajos sin futuro, deudas de juego, la bebida, las drogas y la prostitución. El protagonista, Chen Zhong, está casado con Zhao Yue. A pesar de que la ama le es infiel con otras mujeres. Pero no es hasta que Chen Zhong descubre que Zhao Yue está teniendo una aventura extramatrimonial cuando se da cuenta de lo mucho que puede llegar a perder.”

“El destino rara vez me escuchaba. En los momentos decisivos este escuchaba a Dios”

Insisto en que esta novela de Murong Xuecun guarda su significación, su estimación, por el retrato áspero y violento de la China de vertiginoso impulso económico, por la crítica de una sociedad carcomida por la corrupción, la competencia social, la coerción en todos sus ambientes, un “capitalismo” asombroso y un culto al sexo igual de pasmoso al que todos, da esa sensación, aspiran y no, precisamente, incitados por los valores ideológicos, o comunistas, o colectivos; aquellos que, supongo, en nuestra visión occidental, dábamos por hecho o de hecho. Tiene mérito el autor por lanzarse a la desconformidad a través de las redes sociales o internet, concretamente este “Déjame en paz” fue una novela por entregas en su blog que llegó a tener más de ocho millones de seguidores hasta que las fuerzas represoras lo cerraran.

“La política tiene como resultado la impotencia, mientras que la literatura cura la impotencia”

Por lo que respecta a su estilismo, da la impresión de que este se contagia del desparpajo, de la causticidad de su historia, de una incontinencia inmoral que, aunque cómica en ciertos aspectos, no llega o logra a que se estime su calidad literaria. Una historia que transcurre por escenarios sombríos, descritos de manera sucinta, con frases cortas, incisivas, sensoriales y por tanto confusas, desnudas pero no bellas, saltando del pasado al presente de manera descontrolada, provocando en el lector, en ocasiones, no saber dónde se encuentra, en cuál momento de su trama. Del mismo modo, el sexo y el vicio, omnipresente a lo largo de toda la novela, solo interesa por ser espejo de la prosperidad china, a lo que todos aspiran, y no como fundamento literario. Todo vale, la parodia, la caricatura, la risa amarga, hasta el propio disparate.

“Advertencias para la Vida: No entregues tu corazón a una prostituta. No entregues tu vida a un eslogan. Si conoces a un líder, has de obedecerle un tiempo. Si tienes problemas, pon primero el agua a hervir”

El disparate de una literatura que para nada justifica o se justifica en el disparate de lo que narra, o en la impunidad de atestiguar cuanto sucede, o aquello que debería suceder y no lo hace, en un país represor y sin vistas, llamémosle así, de incitar la conciencia personal y no la despótica suma de la conciencia colectiva; o de una nueva generación a la que nada importa aquello que sometió inflexiblemente a sus padres, que tampoco lucha contra eso, sino solo interesa la competitividad para alcanzar las satisfacciones personales, dinero, sexo, posición, evasión, por encima de los otros, en un nihilismo suspicaz, rotundo. “La vida era eso: solo necesitas la información básica, ver un par de cosas claras. No tienes por qué saber todos los detalles, porque si no la vida se vuelve aburrida y sin sentido” Una decadencia amarga de la conciencia, de la conciencia china, tan rígida como nos la imaginábamos, bajo un matiz divertido y de una crítica bastante corrosiva.  

“Puedes vivir por mucha gente, pero solo puedes morir por uno”. Pero esa noche ¿por quién estaba viviendo? ¿Por quién moriría?”


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