Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



viernes, 1 de julio de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Hambre" de Knut Hamsun

“Eres demasiado pobre para sostener una conciencia”


Tenía curiosidad por esta primera novela del noruego Knut Hamsun (Premio Nobel de literatura en 1920), “Hambre” (Ediciones de la Torre, 2004), para que tanto influyera y se convirtiera en libro de cabecera de autores muy disímiles como Thomas Mann, Maxim Gorki, Paul Auster, Charles Bukowski, Henri Miller, Herman Hesse, Singer, Zweig… y últimamente he oído hablar maravillas de este a dos grandes representantes, salvando las distancias, del género negro, Jo Nesbø y César Pérez Gellida. Y no me ha defraudado. Un libro extraordinario. Un relato breve (188 páginas), muy descriptivo, donde el tema principal es uno de los límites de la persona: el hambre. Con cierta atmósfera kafkiana, pero con el realismo psicológico desasosegante de Dostoievski, un único narrador protagonista cuya identidad, solapada por nombres ficticios que éste mismo se impone según la circunstancia o el interlocutor, no se desvela, incluso se desconoce poco o nada de su pasado, ya que solo es importante el presente, su ejercicio introspectivo y exasperado, la decadencia de un hombre en permanente lucha por mantener su arte, su escritura, ante el hambre siempre acechante y cruda; y también con la aparición de la locura, que nace de un orgullo inadmisible contra sus condiciones de hambruna y desesperación, por su dolor, por su necesidad. La acción transcurre en una ciudad llamada Cristiania, antigua capital de Noruega, con un cúmulo de simbolismos sugerentes, y en situaciones incluso absurdas, delirantes, en una historia que se nutre de experiencias reales del propio autor en su vivencia precaria en Estados Unidos.

“El protagonista de Hambre no tiene nombre, no tiene edad, no sabemos nada de su origen o de su familia. Es un hombre sin pasado, arrancado, como una planta, de su contexto y lanzado al anonimato y la hostilidad de la gran ciudad. Una ciudad, una sociedad, éstas en las que nos movemos, donde el individuo siente con más fuerza su soledad en medio de la multitud, y donde, si queremos comprender a la persona, habremos de prestar atención, como el propio Hamsun decía, a los "secretos movimientos que se realizan inadvertidos en lugares apartados de la mente, de la anarquía imprevisible de las percepciones, de la sutil vida de la fantasía que se esconde bajo la lupa, de esos devaneos sin rumbo que emprenden el pensamiento y el sentimiento, viajes aún no hollados, que se realizan con la mente y el corazón, extrañas actividades nerviosas, murmullos de la sangre, plegarias de huesos, toda la vida interior del inconsciente”

Admirable que en una narración tan breve, el autor, de manera clara, sencilla y viva, sin alardes retóricos, despliegue una atroz semblanza de la mente humana sometida al sentido individual de la propia vida de su protagonista con la exigencia del hambre al que le conlleva una sociedad que no reconoce su valor de artista, y una actitud personal orgullosa por ser quien quiere ser y no de otra manera, y aunque todo lo aboque a la locura. Aunque empatizamos con el personaje, por su dramática situación y ese romanticismo entusiasta por ser y trabajar de escritor contra toda adversidad, su moralidad tan ejemplar que no se postra a carencias tan absolutas, en muchos momentos nos hace desesperar por su actitud; sin atender, quizás, a que su inflexibilidad por doblar sus convicciones sería un efecto más de su cambio mental y anímico provocado por la necesidad acuciante de mitigar su hambre, lo cual provoca escenas donde tanto es el desconcierto que incrementa sobremanera nuestra decepción. Y si bien, a pesar de situaciones tan límites, sobrevive página a página milagrosamente, tanto como para enamorarse de una joven igual de desconocida que todos los personajes que de una forma u otra interactúan con aquel, con el protagonista, y a la que llama con cierto nombre mítico en sus esquemas mentales por Ylayali.  

“…una imperiosa necesidad de ponerme a trabajar para desahogar la plenitud de mi cerebro”

“Hambre” o la lucha del hombre contra la realidad, contra el mundo. Una novela muy recomendable, aunque nos haga pasarlo mal.


“No sufría ningún dolor, el hambre había desaparecido, sin embargo, me sentía agradablemente vacío, intocable por lo que rodeaba y feliz de ser invisible por todos. Subí las piernas al banco y me incliné hacia atrás, la mejor forma de sentir el verdadero bienestar de la reclusión. No había ni una sola nube en mi mente ni me sentía mal de ningún modo, no tenía ningún deseo por cumplir ni ningún ansia en la que mi mente pudiera pensar. me tendí con los ojos abiertos en un estado de ausencia de mí mismo y me sentí deliciosamente fuera de él”

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