Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



martes, 26 de julio de 2016

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido" de Paloma Sánchez-Garnica

“—Han pasado demasiado tiempo y demasiadas cosas, tú y yo ya no somos los mismos. Cada uno cargamos con nuestro propio pasado, sin nada en común que nos una, ni tú conoces el mío ni yo he participado del tuyo.
—Entonces, tan sólo nos queda el futuro”



Muy buen libro este “Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido” (Planeta, 2016) de Paloma Sánchez-Garnica, ganadora de la XXI edición Novela Fernando Lara 2016, premio dotado con 120.000 euros. Una novela sobre “la liberación que produce el perdón”, “la frustración del desengaño”, que supondrá, en este rigor estival, un placer ameno y refrescante.

“Una mujer que guarda un secreto.
Un padre que lleva una doble vida.
Un misterioso asesinato.”

“Una brillante carrera como juez, el respeto de quienes la rodean, una vida independiente... Carlota lo tenía todo para ser feliz. Sin embargo, siempre le faltó una Navidad. Cuando a los doce años su madre le reveló el gran secreto, Carlota supo que ya nada volvería a ser igual. La palabra «bastarda» se convirtió en un estigma para ella. La palabra «familia» no volvió a significar lo mismo. La llamada de su padre moribundo muchas décadas después la obligará a debatirse entre el deseo de saber y la necesidad de huir.
Con la magnífica cadencia narrativa que caracteriza a Paloma Sánchez-Garnica, la autora de La sonata del silencio entreteje una novela emocional, capaz de generar una intriga permanente en el lector y cuyos personajes perfilan con maestría esta historia de secretos y mentiras.”

De un tiempo a esta parte, y creo haberlo mencionado por aquí, el premio Fernando Lara de Novela supera con creces al prestigioso, pero devaluado literariamente, Planeta. Y esta obra de Sánchez-Garnica no es, ni mucho menos, una excepción. Reconocida la cadencia narrativa de la autora, sus diálogos realistas, visuales, su casi disección psicológica de unos personajes perfectamente caracterizados, y de una intriga negra que más bien envuelve a la trama que absorberla o mediatizarla; aquí entreteje una historia intimista de amores y desamores, de infidelidad, de secretos familiares oscuros, turbios, y, primordialmente, de aquello que lo nutren, lo mantienen a lo largo del tiempo; asimismo de la ausencia de franqueza, de voluntad, de la cobardía por exigir explicación, por buscar la felicidad, por vaciar toda la carga de gravedad e impotencia de unas vidas infortunadas cuando la solución siempre ha estado al alcance de sus manos. Un sensacional cúmulo de emociones personales, resignadas y dañinas, que marcan la existencia de sus protagonistas. Una extraordinaria reflexión acerca del perdón como elemento de liberación. Y, además, un alegato contra la violencia de género, física y psicológica, que está por encima de convencionalismos sociales y clases, del poder adquisitivo y de la crueldad de lo habitual.

“En aquel tiempo, Carlota tenía el pleno convencimiento de que todos los padres se ausentaban de su casa reclamados por imperiosas obligaciones. Pensaba que todas las familias eran iguales, que los papás no solían dormir en casa y que las mamás siempre estaban solas al cuidado de los hijos”

Carlota es la protagonista de esta historia actual de secretos inconfesables, aunque su motivación haya que buscarla en circunstancias de los años 50, alguien a quien esos escenarios no la dejaron ser, mudándola en un ser desdichado, ceñido por la relación tóxica con su madre y con un padre que no actuaba como tal o existía un secreto infamante y terrible que le impedía hacerlo, de la frustración, de la infelicidad, de la hipocresía social, de tragedias silenciadas; elementos que condicionan su papel social, su vida adulta, frágil y vulnerable, la “bastarda” entre los compañeros de colegio, supurando un recelo doloroso, de una incomprensión fracasada o de abandono ante cualquier acercamiento que no sea consigo misma; y aún consiguiendo ser juez, una mujer seria y responsable, gran lectora, no la abandona aquel rencor hiriente, ese sinsabor existencial hacia su padre al que no ve desde hacía casi dos décadas y por esa familia, esa otra familia, que la despojó incluso de celebrar la navidad y una vida como la de los demás. Hasta que una llamada de su hermana de padre, Julia, la primera vez que hablan entre ellas, comunicándole que su padre, Clemente Balmaseda, se está muriendo y quiere verla, lo cambia todo o supone la coyuntura definitiva para poner luz a un secreto imponente, terrible, y, sobre todo, calma en sus vidas. “Por qué continuar una situación que no gusta, que ahoga, que paraliza o que simplemente se desliza sin voluntad, sin conciencia, dejando pasar los años hasta que un día uno se da cuenta de que se ha llegado al final y de que la vida que ha vivido no ha merecido la pena, que ha sido la vida de otro, desperdiciada la propia”. Y no voy a extenderme más en el argumento, este mundo coral de la familia Balmaseda (Carlos, Enrique, Maribel, Cayetano…), la infelicidad de Julia, la relación con sus hermanos, los reproches, enfrentamientos, el ser ésta invisible para todos… un ramillete de seres desdichados; no, solo quiero animar a que se introduzcan en esta espléndida historia y la disfruten.

“¿No aguantan ahora y tienen todo a su favor? Cuando a una mujer le suceden estas cosas es muy complicado reconocer que estás en el infierno, no te puedes creer que eso te esté sucediendo a ti, y mucho menos decirlo al mundo. Eso decía ella, pobrecita mía... Sentía tanta vergüenza de lo que le
estaba pasando...”

La narrativa de Paloma Sánchez-Garnica es poderosa, elegante, también sensible; aquella referida cadencia expresiva a la hora de contar las cosas, a través de sus vivos diálogos, el ritmo lánguido, riguroso, y no por ello monótono, consigue atrapar, envolver al lector en una trama intrigante, fascinante. Solo indicar, a lo mejor motivado por mis propias cuitas o manías, la reiteración de expresiones como “despedir o echar a uno con cajas destempladas” en la primera parte de la obra, tal vez de una lentitud innecesaria, y el “chasquido con la lengua” en la segunda parte, que tenía que haber cuidado más o evitado.

“—Para mujeres como tú y como yo, Maribel, sin otro oficio que asumir una vida regalada, esas cosas nunca salen bien. Solemos perder nosotras.
—Siempre será mejor ser consciente de lo que has perdido que de lo que nunca has tenido…”

Sea como fuere, me ha sorprendido la habilidad de la escritora a la hora de dotar a sus personajes, en especial Carlota, de esa profundidad de carácter; tanto que nos parece conocerlos de toda la vida, de formar parte de la nuestra, con enorme esmero en la descripción, en el relato de sus emociones, de sus miedos y sufrimientos, de quienes son y de lo que les gustaría haber sido. Seres infelices, insisto, reducidos por ese “guardar las apariencias”, los malditos convencionalismos sociales que anulan la personalidad, la idiosincrasia personal. Sentimientos magistralmente descritos desde contextos difíciles, complejos, para el escritor: el amor y el desamor en matrimonios de conveniencia, la infidelidad e infelicidad resultante, el desprecio, el insulto y otros tratos vejatorios y de maltrato a la pareja, la relación entre madres e hijas, de la maternidad…; y Paloma Sánchez-Garnica no solo lo consigue, sino lo eleva a una realidad literaria inigualable.

“Y fue entonces cuando se enteró de la enorme falacia en la que vivían, ella y su madre, una existencia paralela como actores secundarios de un esperpento, de una pantomima sostenida en el tiempo. Aquel día Carlota comprendió que toda su vida había sido un engaño y que su madre estaba tan enamorada de su padre que había sido incapaz de pensar con claridad sobre su futuro y sobre el de su hija, condicionando ambos a un destino incierto y cercenado”

Antes he comentado que la primera parte de la novela adquiere un innecesario aire tardo, lento, pero no mucho. De hecho, creo que, al fin y al cabo, esta minuciosidad pausada no tiene otro objetivo que plasmar todos los mimbres con los que teje el misterio alrededor de la familia Balmaseda, para, a continuación, en ritmo creciente y absorbente, llegar a un final de giros extraordinarios que dejan al lector asombrado, admirado por la dilucidación de los acontecimientos. Magistral la autora.

“Siempre has estado en mi vida como una sombra, sobre todo cuando comprendí tu existencia. De niña tenía miedo de que me quitases a mi padre, que no regresara a casa y se quedase contigo y con tu madre; era una sensación angustiosa que se mantuvo durante mucho tiempo. Sin embargo, con el paso de los años, tu sombra me la llegué a imaginar grata, un lugar donde tal vez podría llegar a protegerme”

En conclusión, una buena novela para este verano y para el otoño y… Una novela, de Paloma Sánchez-Garnica y a la que tendré muy en cuenta, entretenida, con sus secretos e intrigas que mantienen el interés a lo largo de sus casi 500 páginas, a través de una prosa diáfana, esmerada, directa, de personajes creíbles por su elaboración y con unos diálogos detallados, algunos memorables. Una novela como es debido.

“Comprendió de pronto que se pasaba la vida juzgando a los demás, declarando la inocencia o la culpabilidad de otros, esgrimiendo con naturalidad lo que era justo o injusto, lo legal y lo ilegal, lo legítimo e ilegítimo. Y, sin embargo, apenas había hecho examen de conciencia, creyéndose siempre víctima inmolada de todo y de todos. Cerró los ojos y tragó las lágrimas recordando, cuando ya su padre surcaba el vuelo hacia la muerte, aquella frase, la extraña frase que desgarró su conciencia: "El perdón es lo único que puede salvarte”




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